Los rancheros armados de Oregón y el sesgo racial en los medios estadounidenses

Los rancheros armados de Oregón y el sesgo racial en los medios estadounidenses

David Guzmán Fonseca­- El pasado 2 de enero de 2016, un grupo de rancheros procedentes de Arizona decidió tomar por las armas un edificio aislado del Gobierno federal en el estado de Oregón, al noroccidente de los Estados Unidos. El Malheur National Wildlife Refuge, un edificio del Gobierno federal para la preservación de la vida salvaje, fue ocupado para protestar por el arresto y condena de dos granjeros a cinco años de prisión. Los granjeros Dwight y Steve Hammond iniciaron fuegos en sus tierras entre 2001 y 2006; dichos fuegos se salieron de control y pasaron a tierras que eran propiedad del Gobierno federal. Debido a que los incendios provocados cuentan con tipificación en la Ley de Antiterrorismo y Pena de Muerte de 1996 —AEDPA, por sus siglas en inglés—, estas acciones tienen una pena mínima de cinco años de cárcel.

Sin embargo, el juez de Distrito Michael Robert Hogan determinó que tales condenas eran demasiado largas y violaban la Constitución de los Estados Unidos, por lo que dictó tres meses de cárcel para Dwight Hammond, y un año y un día de prisión para Steve Hammond.

La fiscal general de Oregón, Amanda Marshall, impugnó la decisión ante la Corte de Apelaciones del Distrito Noveno, al considerar que cinco años de cárcel no eran desproporcionados ante el delito cometido, y reclamó que se cumplieran los tiempos mínimos estipulados por la ley. Los Hammond rechazaron la decisión ante la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, pero esta se abstuvo de tomar el caso. Debido a que los Hammond ya habían cumplido su sentencia inicial al momento de la decisión de las altas cortes, se les pidió que volvieran a presentarse ante las autoridades el 4 de enero de 2016 para poner término a sus sentencias.

El escándalo y la toma del edificio federal tuvo lugar justo cuando se dejó en firme la sentencia en contra de los Hammond. Así, un grupo de rancheros del estado de Arizona, liderado por Ammon Bundy, Ryan Bundy y Jon Ritzheimer, decidió rechazar lo que calificaron como “la tiranía del Gobierno federal” en contra de la familia Hammond. Como parte de su estrategia, el grupo ocupó este alejado y pequeño edificio en el estado de Oregón. Sin embargo, una vez comenzada la invasión de ese patrimonio público, la propia familia Hammond no demoró en condenar y reprochar dichas acciones.

Hasta el momento, la toma del edificio se ha hecho sin derramar una sola gota de sangre o disparar una sola bala, pero los miembros del grupo militante han reiterado que en caso de ser forzados no dudarán en sacrificar sus vidas y disparar sus armas para defender la ocupación de la sede gubernamental. Todo esto como muestra clara de su descontento con la decisión tomada.

Sin considerar qué tan exitosa resulte esta toma, lo que ha sido interesante es la forma como los medios estadounidenses se han referido a este grupo de personas armadas que ha ocupado un edificio federal. En otras circunstancias no se ha dudado en usar palabras como terrorista o criminal para categorizar este tipo de acciones; pero en este caso, los medios de comunicación se han abstenido de utilizar tales calificativos. Por ejemplo, durante las protestas del último año en las ciudades de Chicago y Baltimore, como resultado de la muerte de varios afroamericanos a manos de la policía, los medios no demoraron en calificar esas protestas como “actos de criminalidad” o como “acciones llevadas a cabo por matones”.

El modo en que los medios están tratando a este grupo armado puede obedecer a múltiples factores, pero todos parecen estar conectados con las desigualdades raciales, económicas y políticas que imperan en la sociedad estadounidense. El hecho de que el grupo que ha tomado el Malheur National Wildlife Refuge está compuesto por blancos, conservadores y republicanos, lleva a dar por sentado que esas personas están defendiendo sus derechos y la Constitución de los Estados Unidos, suposición que no se aplica cuando un afroamericano o un hispano demanda la misma protección de sus derechos como estadounidense.

Asimismo, detrás de esta protesta y el trato que le han dado los medios, se vislumbra la polarización ideológica en la política estadounidense. En un periodo en el que los discursos en contra de inmigrantes y refugiados se vuelven mucho más insistentes, y en el que el sentimiento antimusulmán parece enardecerse, es difícil para la derecha conservadora estadounidense criticar a su propio electorado —principalmente blanco, rural y con armas—. Muestra de ello es que hasta ahora solo el canal CNN —que tiende a ser liberal— ha sido capaz de calificar a la agrupación ocupante como un grupo terrorista nacional.

Se espera que la Oficina Federal de Investigaciones —FBI por sus siglas en inglés— imponga cargos federales una vez que la toma del edificio llegue a su fin. Es lo mínimo que se puede esperar de un caso en que un grupo, sea cual sea su origen racial o afiliación política, decide tomar por las armas un edificio, más aún tratándose de propiedad federal. Igualmente, también es necesario que los medios de comunicación, ya sean conservadores o liberales, condenen estas acciones de la misma forma en que categorizan las acciones de grupos minoritarios. Si lo que el grupo de rancheros desea reclamar es la protección de sus derechos y la Constitución, por el mismo camino se debe también exigir la protección y trato igualitario ante la ley para otros grupos. Finalmente, si lo que desató la rabia de muchos fue la condena excesiva a los Hammond, también debería provocar el mismo reproche saber que miles de afroamericanos e hispanos se encuentren en cárceles estadounidenses como resultado de ofensas menores no violentas, especialmente relacionadas con posesión de dosis mínimas de marihuana. Lamentablemente, el caso de Oregón es una muestra más del sesgo racial que plaga los medios de comunicación y que es un prueba de las desigualdades imperantes en la sociedad estadounidense.

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