Tanto México como Estados Unidos aumentan la militarización de fronteras

Tanto México como Estados Unidos aumentan la militarización de fronteras

Iralee Acosta- Poco a poco, Estados Unidos ha ido incrementando su seguridad en cuestiones de inmigración ilegal. Dicha protección ha sobrepasado los límites del Río Bravo, extendiéndose más de 3,000 kilómetros al sur, hasta el río Suchiate. Hace poco más de un año, Estados Unidos sugirió a México la implementación del Programa Frontera Sur, que se resume en la militarización de la frontera que divide México y Guatemala. Esto tendría como fin la obstaculización de la entrada de inmigrantes centroamericanos al país estadounidense, comenzando desde su país vecino. Daniel Villafuerte, investigador del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, declaró que el Programa Frontera Sur es “una frontera vertical que va desde el sur hasta el norte. Se va filtrando la migración hasta que llegue lo mínimo”.

Muchos piensan que ningún país, llámese México o Estados Unidos, tiene por qué hacerse cargo de los extranjeros que llegan hasta él de manera ilegal. Respecto a eso, el secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), Emilio Álvarez Icaza, manifestó para el diario La Jornada: “No tiene sentido, política y jurídicamente, hablar de personas ilegales. No hay personas ilegales”.

Icaza agregó que las autoridades encargadas de las políticas migratorias deben tomar en cuenta que migrar es un derecho humano, así como que todos los migrantes tienen derecho a la justicia. Además, aseguró que reforzar la seguridad en la frontera sur no eliminará el problema de la inmigración ilegal. Por el contrario, “se están creando nuevas rutas que ponen en peligro la integridad de los inmigrantes”. Al parecer, ahora los centroamericanos se trasladan por mar hasta Oaxaca, y de ahí se dirigen a Guerrero y Michoacán.

En una conferencia ofrecida en el Museo Memoria y Tolerancia, organizada por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el secretario Icaza señaló que, debido a que a los indocumentados no se les permite subir al tren que puede transportarlos hasta el norte de México, estos caminan por las vías del ferrocarril, donde han sido asaltados y las mujeres abusadas sexualmente por diversos grupos delictivos.

Aun cuando este programa se había puesto en marcha con la promesa de “proteger a los migrantes que entran a México, y construir puertos de entrada en la frontera que promuevan la seguridad y la prosperidad en la región”, esto no ha sucedido.

Cabe mencionar que este tipo de programas, implementados con la colaboración de los Gobiernos estadounidense y mexicano, no es nuevo. En 2001, con la ayuda de Estados Unidos, Vicente Fox firmó el Plan Sur, mismo que obstruyó la ruta de los inmigrantes con retenes militares. Asimismo, Felipe Calderón aprobó la Iniciativa Mérida, que financió el refuerzo de protección al sur de México.

“Lo que estamos viendo en México es parte de una estrategia para expandir el régimen policial fronterizo de Estados Unidos a lugares muy lejanos al país”, asegura Miller, periodista y autor del libro Border Patrol Nation, sobre aspectos del programa de la Patrulla Fronteriza para el periodo 2015-­2016.

De acuerdo con Miller, un reporte de la Oficina de Washington en América Latina (WOLA), confirma la existencia en México de equipo de seguridad enviado desde Estados Unidos, así como la presencia de helicópteros y perros antinarcóticos patrullando la zona sur que abarca los estados de Chiapas, Campeche y Quintana Roo. “El proyecto señala explícitamente que realizará un ‘enfoque por capas’ en su vigilancia fronteriza, en la cual la división con el territorio mexicano no es la primera ni la última ‘línea de defensa”, destacó.

Otra de las preocupaciones más grandes en cuanto al tema de inmigración ilegal es el de miles de niños centroamericanos que cruzan diariamente las fronteras de México y Estados Unidos sin ser acompañados por un adulto. Estas criaturas huyen de la crisis de sus países, sin saber que se estarán enfrentando tal vez ante algo aún peor.

En julio de 2014, Thomas A. Shannon, consejero del Departamento de Estado, mostró su preocupación al Senado estadounidense, pidiéndole hacerse cargo de la situación. Shannon aseguró que el problema disminuiría en Estados Unidos si se frenaba el cruce de infantes desde México y Guatemala. En aquel entonces, a finales de 2013 y principios de 2014, alrededor de 60,000 niños y niñas centroamericanos habían cruzado a Estados Unidos en un periodo de apenas seis meses. Sin embargo, queda claro que esta crisis no ha mejorado, puesto que desde octubre de este año (apenas el mes pasado), cerca de 63 mil menores han llegado a este país sin ser acompañados.

Ante esto, se han incrementado las fuerzas de seguridad en las fronteras norte y sur de México. No obstante, WOLA asegura que, aunque entre 2014 y 2015 se ha detenido a un 70% de inmigrantes centroamericanos, la violencia hacia ellos por parte de los grupos delictivos, así como de las propias fuerzas de seguridad, también se ha incrementado.

Robo, secuestro, abuso sexual, asesinato y trata de personas son tan solo algunas de las violaciones de los derechos humanos de los inmigrantes y crímenes que se han reportado. Lo que genera realmente tristeza e infunde terror en la población en general es darse cuenta de que un gran número de los delitos cometidos hacia los inmigrantes por parte de los grupos criminales va acompañado de la ayuda de la Policía Federal. Genera inseguridad saber que quienes, se supone, deberían hacer justicia y defender a quienes lo necesiten, son los mismos que cometen actos atroces y/o contribuyen para que estos se lleven a cabo.

No obstante, esto es algo a lo que Estados Unidos tal vez no es ajeno. Mucho se ha señalado que al Gobierno mexicano le queda un largo camino por recorrer en cuanto a la creación de reformas migratorias más humanas y efectivas. No obstante, al país norteamericano también le falta mucho por hacer no solo respecto a las políticas migratorias que implementa, sino al momento de elegir a sus funcionarios.

El mes pasado, en Halloween, una fotografía en Facebook causó revuelo. Un agente de la Patrulla Fronteriza de Presidio, Texas, un pueblo fronterizo, habría colocado un letrero en la puerta de su hogar que decía “solo las familias americanas recibirán dulces”. Esto causó la indignación no solo de los ciudadanos, sino de otros oficiales y del alcalde del lugar, en el que más de un 90% de su población es mexicana.

Respecto a esto, por supuesto, no son unos dulces lo que preocupan y generan el descontento del pueblo, sino que el agente que colocó dicho letrero labora para un grupo que trabaja precisamente con inmigrantes. Comentarios como “¿qué puede esperar un inmigrante que caiga en manos de este tipo?”, “¿cómo tratará a los pobres ilegales que caen en sus garras?”, “la patrulla fronteriza debería elegir empleados con un perfil más humanitario”, entre muchos otros no se hicieron esperar.

Sin embargo, Bill Brooks, portavoz de la agencia de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos —CBP, por sus siglas en inglés— declaró: “El cartel no refleja la opinión de esta agencia. Respetamos a todas las personas, independientemente de su cultura, nacionalidad o país de origen. Nos disculpamos por cualquier daño que este incidente haya podido causar en nuestra relación con la comunidad”.

Por su parte, John Ferguson, alcalde de Presidio, haciendo referencia a que tanto esta localidad como Ojinaga, Chihuahua, su ciudad fronteriza mexicana, se han acogido mutuamente en diversas celebraciones, señaló: “Nadie me ha dicho nunca en México que no puedo ser parte de esta celebración porque soy ciudadano de Estados Unidos. Por la misma razón, quiero animar a todos en nuestra comunidad a seguir tratando a los visitantes con el corazón y los brazos abiertos, así como esperaríamos que ellos hicieran con nosotros en sus casas”.

En resumen, para que tanto Estados Unidos como México puedan implementar reformas migratorias eficaces y de calidad, estas deben ser humanitarias. Por lo tanto, se debe tomar en cuenta no solamente el plan a ser desarrollado, sino los individuos que trabajarán en él. Hace falta gente realmente capacitada, y esa preparación abarca el desempeñar su trabajo con respeto por el prójimo, independientemente de su lugar de procedencia y sin aprovecharse de su vulnerabilidad para acogerlos aquí o devolverlos a su país en peores condiciones de las que están.

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