El Estado Islámico siembra el terror

El Estado Islámico siembra el terror

Mario Vallejo­- El mundo ha vivido una semana de terror tras los recientes ataques en Líbano, Iraq y Francia por parte del Estado Islámico (EI), que ha demostrado hasta dónde llegan sus tentáculos y se ha convertido en el protagonista de un enfrentamiento que cada vez más voces califican como una verdadera guerra. Estado Islámico ataca Líbano

El jueves, en Beirut, Líbano, un atentado del Estado Islámico (EI) dejó un saldo de al menos 41 muertos y 200 heridos en ataques con bombas. Un comunicado del EI reconoció su autoría e identificó a dos de los atacantes como palestinos y al tercero como sirio. También detallaba el comunicado el modus operandi del ataque: "Los soldados del califato detonaron los explosivos que habían escondido en una moto".

El primero de los terroristas detonó su chaleco bomba dentro de una mezquita chií, el segundo, en una panadería, y el tercero falleció antes de que su artefacto hiciera explosión.

“Estas acciones solo servirán para reforzar nuestro compromiso con las instituciones del Estado libanés, incluidos los servicios de seguridad, para asegurar un Líbano estable, soberano y seguro", rezaba un comunicado oficial del Gobierno estadounidense en respuesta al ataque. Irán también ofreció su apoyo a Líbano; Hezbolá, por su parte, calificó el ataque de “satánico”, según Associated Press.

Este ataque terrorista ha sido el peor sufrido en Líbano en los últimos 25 años, tras el final de la guerra civil en 1990.

Ataque suicida en Iraq

En el barrio Al Amel de la capital iraquí, Bagdad, mientras se celebraba el funeral de uno de los jeques del clan chií Beni Kab, un miembro del EI detonó su cinturón explosivo entre la multitud, dejando un saldo de al menos 18 muertos. Este ataque seguía a otro muy semejante del 8 de noviembre, en el que siete personas perdieron la vida.

El principal blanco de los terroristas en Iraq son los chiíes, especialmente en Bagdad, donde estos ataques son recurrentes desde hace varios años.

La pesadilla francesa

La mañana del viernes, una alerta de bomba en el hotel donde se alojaba la selección de fútbol de Alemania rompió la tranquilidad en un día que debía ser de fiesta por el partido amistoso entre Francia y el equipo alemán. La policía tuvo que desalojar a 250 personas para registrar el inmueble. Lo que parecía un hecho aislado era nada más el comienzo de un día aterrador.

El partido arrancó en un ambiente de fiesta. Aún no había terminado el primer tiempo cuando se escuchó un fuerte estruendo que no pasó inadvertido ni siquiera para los propios jugadores. Fuera del Stade de France un terrorista suicida se había hecho estallar. En el descanso del partido, el presidente francés, François Hollande, fue evacuado del estadio.

Con el pasar de los minutos, se fueron reportando ataques en tres lugares diferentes, en los que había cantidades considerables de muertos, y se informó de que había personas retenidas en un club local, el Bataclan, en el que tenía lugar un concierto de rock. Este, el más grave de los ataques, fue cometido por varios individuos fuertemente armados que, según revelaron algunos sobrevivientes, eliminaron al personal de seguridad para tomar el lugar. Según informó un joven, los terroristas entraron gritando “Dios es grande” y durante 10 minutos dispararon sobre los asistentes. Finalmente la policía logró acceder al local y abatió a los cuatro atacantes en su interior. La escena era desgarradora; más de 80 personas habían sido asesinadas con balas y granadas.

Tres de los ataques, los de los restaurantes Le Carillon y Le Petit Cambodge y el del club Bataclan, se llevaron a cabo cerca de las instalaciones de la publicación satírica Charlie Hebdo, donde a principios de año otro ataque yihadista terminó con la muerte de 12 empleados de la revista.

Al finalizar el partido de fútbol, a nadie le importaba la victoria de Francia por 2-0. Futbolistas y aficionados escuchaban por megafonía lo que estaba sucediendo y miraban incrédulos las imágenes en las pantallas del estadio. El pánico se apoderó de los asistentes, que tuvieron que permanecer en el campo hasta altas horas de la madrugada, cuando fueron escoltados en su salida, una vez que se consideró que todo estaba bajo control.

Los ataques en París han dejado un total de 129 víctimas mortales y cerca de 352 heridos. Este fin de semana el pueblo francés se ha volcado a donar sangre para quienes están hospitalizados y para dejar flores a los fallecidos, cuyas identidades se han ido dando a conocer poco a poco. En internet se comenzó a usar el hashtag “#rechercheparis” (BusquedaParis) para dar con el paradero de quienes están desaparecidos. Mientras tanto, el Gobierno mantiene la alerta fronteriza y los operativos de búsqueda de amenazas dentro de la capital.

Reacciones

A la media noche del sábado el presidente François Hollande dijo en conferencia de prensa que este hecho terrorista tenía como propósito aterrorizar al pueblo francés y aseguró que la batalla contra los terroristas será sin piedad, al tiempo que pidió a los ciudadanos en toda Francia permanecer en sus casas y en calma.

Por su parte, el presidente estadounidense, Barack Obama, ofreció todo su apoyo a Francia en lo que él llamó no un ataque a Francia, sino un ataque a toda la humanidad. “Haremos todo lo que sea necesario para trabajar con la gente de Francia y con las naciones alrededor del mundo para llevar a los terroristas ante la justicia y para ir detrás de toda red terrorista que vaya tras nuestra gente”, dijo Obama.

El presidente de China, Xi Jinping, también hizo una declaración oficial: “En este momento de dolor para el pueblo francés, yo, en nombre del pueblo chino y personalmente condeno en los términos más contundentes estos actos bárbaros”.

El Papa Francisco ha asegurado que estas acciones son parte de la tercera guerra mundial y expresó su apoyo al pueblo francés. "Estoy conmovido y siento dolor. No entiendo estas cosas, son difíciles de entender, hechas por seres humanos. No hay justificación religiosa ni humana", dijo Francisco.

En redes sociales el apoyo a Francia ha sido masivo. Sin embargo, la cuenta de Twitter del Estado Islámico aplaudió el ataque, y se atribuyó la autoría del mismo.

Alerta por posible huida de terroristas

El Gobierno francés dio a conocer que existe la posibilidad de que algunos responsables hayan huido a otros países, especialmente luego de saberse que tres de los terroristas eran franceses.

Un joven de origen belga llamado Salah Abdeslam se encuentra prófugo de la justicia luego de ser identificado como la persona que alquiló el vehículo en el que los terroristas llegaron a los lugares de los ataques. Las policías belga y francesa han iniciado la caza de este individuo, el cual posiblemente haya huido a España, aunque no se descarta que aún permanezca en Francia. La policía ha hecho énfasis en la peligrosidad de Abdeslam, ya que seguramente esté armado, y pidió a la población no interferir en su camino y limitarse a alertar a las autoridades.

Contraataque galo

Aviones franceses lanzaron el domingo 20 bombas sobre la ciudad siria de Al Raqa, considerada la capital del Estado Islámico. El ataque se realizó en colaboración con Estados Unidos y tenía como objetivo destruir infraestructuras en ese centro de mando y de reclutamiento de los terroristas.

"El primer objetivo destruido [durante esta serie de ataques] ha sido un centro de reclutamiento yihadista y un depósito de armas y municiones. El otro objetivo alcanzado era un campo de entrenamiento terrorista", ha declarado el ministro de Defensa francés, Jean­-Yves Le Drian.

El mismo ministro ha asegurado que los ataques no serán espectaculares, pero sí cada vez más intensos. Esta semana se incorporará a la misión un portaaviones con 12 cazas, que también podrá ser usado por la aviación estadounidense.

Lo que sigue

Al final de esta negra jornada en París, miles de aficionados caminaban por las calles de Francia cantando con fervor La Marsellesa, mientras el panorama de la ciudad se pintaba de luto con la Torre Eiffel apagada. Alrededor del mundo, las muertes se siguen sumando en lo que se está convirtiendo en una de las luchas más amargas de nuestra época, que no parece cerca de terminar.

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