Tras los pasos de Snowden

Tras los pasos de Snowden

Nuria García Murcia- El caso de Edward Snowden nos hizo pensar a todos que un correo electrónico era menos privado que una postal. A ojos de la justicia estadounidense, Snowden es un delator, después de que en 2013 afirmara que el Gobierno federal espía a los ciudadanos. El programador informático de 30 años era un empleado de Booz Allen, una subcontrata de la Agencia Nacional de Seguridad Americana (NSA) ubicada en Oahu (Hawái), cuando descubrió la supuesta monitorización de llamadas y conexiones a Internet por parte de la administración.

En mayo de 2013 comenzó a guardar documentos de alto secreto en los que se detallaban prácticas que él describió más tarde como “invasivas y perturbadoras”. Entre los documentos más importantes estaba la autorización del Tribunal de Justicia de Estados Unidos que permitía a la NSA grabar las conversaciones telefónicas de los ciudadanos.

El mismo mes, Snowden se marchó a Hong Kong con toda la información confidencial que pudo recopilar, asegurando que no permitiría al Gobierno de Estados Unidos “destruir la privacidad y la libertad esencial de las personas”. Poco después de que su entrevista con el periodista Glenn Greenwald de The Guardian se desatara en los medios, pidió refugio en Rusia, desde donde todavía hace campaña, sabiendo que en Estados Unidos se enfrenta a múltiples delitos que le supondrían décadas de cárcel.

El abogado de Snowden dice que su cliente no podría ser juzgado justamente en Estados Unidos, ya que lo haría bajo leyes de espionaje arcaicas, como es el Acta de Espionaje. Esta ley se promulgó en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, y básicamente encuentra culpable a todo aquel que provea información oficial al público, sin importar si favorece o no a la sociedad.

Para el presidente Obama, Snowden hizo un flaco favor a los estadounidenses; Obama alegó que él mismo pidió una revisión de las operaciones de espionaje “antes de que el señor Snowden hiciera las filtraciones”. La administración norteamericana, que fue la que presentó los cargos contra Snowden, ha perseguido más de una vez a delatores aplicando el Acta de Espionaje. Solamente 10 personas en la historia de Estados Unidos han sido acusadas de filtrar material clasificado, siete de ellas durante el mandato del actual presidente.

Snowden ha afirmado en repetidas ocasiones que está dispuesto a regresar a Estados Unidos para ingresar en prisión, pero a lo que no está dispuesto es a “impedir que la gente trate de hacer lo correcto en una situación difícil”. Como parte de su lucha por salvarse y proteger la privacidad global, Edward Snowden se unió a Twitter hace poco más de un mes y no tardó en promover el Tor Project, un servicio anónimo que apoya a los principales activistas en favor de la privacidad. En su Twitter solo sigue una cuenta, la de la NSA —señal, tal vez, de su ligero sentido del humor ante la situación—.

Estados Unidos no es el único Gobierno declarado no fan de Snowden. Países europeos también trabajaron juntos para obligar al avión presidencial boliviano a aterrizar cuando se rumoreó que Snowden podría ir a bordo. Pero ninguna de estas presiones ha impedido a Snowden continuar ofreciendo entrevistas en las que detalla los programas de la NSA para espiar.

En febrero de 2015, Snowden se dirigió por teleconferencia a un grupo de estudiantes de Toronto, afirmando que el problema de recopilar información sobre el espionaje colectivo es que cuanto más indagas menos entiendes por qué se practica. En su opinión, son realmente los ciudadanos quienes deben decidir si este es el tipo de sociedad en el que desean vivir.

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