Libros de texto de historia: ¿información verídica o retocada?

Libros de texto de historia: ¿información verídica o retocada?

Iralee Acosta- Hace apenas unas semanas celebrábamos en Estados Unidos el Columbus Day —el Día de Cristóbal Colón, o Día de la Raza en otros países—. Yo soy maestra de segundo grado en una escuela primaria de Houston, Texas, con mayoría de hijos de inmigrantes, por lo que trato de ser cuidadosa en cuanto a temas relacionados con la inmigración. Uno de mis estudiantes me preguntó: “Miss, ¿por qué celebramos a Cristóbal Colón?”. ¿Qué podía responder yo, si los últimos artículos que había leído en internet y las publicaciones virales en Facebook estaban llenos de cuestionamientos sobre el tema? “Porque fue quien descubrió América”, contestó otro de mis alumnos, recién llegado de México (tal y como se lo enseñaron en la escuela a él y me lo habían enseñado a mí). “No. Él no descubrió América, porque ya había personas viviendo aquí”, agregó otro de mis pupilos. En ese momento las diferentes opiniones no se hicieron esperar en clase. Entre los niños que solamente movían los ojos de un lado a otro, pues no estaban seguros de la respuesta, estaban también aquellos que defendían su punto de vista, ya sea que Colón descubrió el continente americano, o bien que simplemente llegó hasta aquí como llegaron muchos otros con él, e incluso siglos antes de que él llegara, como los vikingos liderados por Leif Ericson en el año 1000.

Y es que al decir que Cristóbal Colón descubrió América, lo que en realidad querían decir es que fue él quien lo mostró al mundo; es decir, a los demás continentes, que no sabían que existía. Recordemos que Colón lo que en realidad buscaba era la India, razón por la que llamó indios a quienes habitaban estas tierras, puesto que él murió sin siquiera haberse dado cuenta de su “descubrimiento”. Sin embargo, jamás se mencionan en los libros de texto las muchas atrocidades que cometieron Colón y sus acompañantes contra los nativos americanos (violaciones, robos, esclavitud, asesinatos, etc.).

Por las venas de la gran mayoría de los estadounidenses ya corre sangre europea... ¿Será por eso que es necesario ocultar cierta parte de la historia, para olvidar que muchos de nosotros también somos inmigrantes (como tantos otros que son humillados y echados de este país)?

Lo cierto es que los libros de texto han ido modificando la versión de los hechos ocurridos a través de los años y que la mayoría de las adaptaciones se han realizado a conveniencia del Gobierno estadounidense, que trata de minimizar o disimular muchos de sus actos, aunque estos pertenezcan al pasado.

A principios de octubre, la editorial de libros de texto McGraw-­Hill se vio envuelta en una controversia luego de que Roni Dean-­Burren, madre de un estudiante de una preparatoria en Houston, publicara una fotografía tomada a un libro de geografía, donde se señalaba a los inmigrantes afroamericanos traídos a Estados Unidos entre 1500 y 1800 como trabajadores y no como esclavos. Dicha fotografía fue enviada a Roni por su hijo, Coby Burren, a quien llamó la atención ese hecho, puesto que en otra página del mismo libro de texto se hace referencia a los europeos traídos a Estados Unidos como personas obligadas a trabajar un determinado periodo de tiempo (indentured servants); sin embargo, en ninguna parte se menciona que los afroamericanos fueron forzados de igual manera.

“Hablaban de Estados Unidos como un país de inmigración, pero el comercio de esclavos quedaba completamente fuera”, mencionó Roni, que está a punto de obtener su doctorado en Educación en la Universidad de Houston. Al mismo tiempo, agregó: “El comercio de esclavos del Atlántico trajo a millones de trabajadores... Noten el matiz del lenguaje ahí. Trabajadores implica salarios..., ¿cierto?”.

Posteriormente, Roni publicó un video donde se muestra a sí misma leyendo un fragmento titulado “Patrones de la inmigración”, en el que se describe la llegada de varios grupos étnicos a América. “El comercio de esclavos del Atlántico entre los años 1500 y 1800 trajo a millones de trabajadores de África al sur de Estados Unidos para trabajar en las plantaciones agrícolas [...] Así que ahora se considera una ‘inmigración’”. “¡La corrección es real! ¡Enséñenles a sus hijos la verdad! #blacklivesmatter”, señaló la afroamericana en los medios sociales ante lo que denominó una “corrección” de la historia por parte de los editores.

Por su parte, y luego de que la publicación de Dean­-Burren se hiciera viral, McGraw-­Hill tomó cartas en el asunto. Después de revisar la sección, concluyó que la redacción no está a la altura de sus estándares y anunció que la misma será modificada. “Creemos que podemos hacerlo mejor," publicó la editorial en su página de Facebook. “A fin de comunicar estos hechos con mayor claridad, actualizaremos este título para describir la llegada de esclavos africanos a Estados Unidos como una migración forzada y haremos énfasis en que su trabajo fue hecho como trabajo de esclavos”.

No obstante, muchas personas se mostraron inconformes con la respuesta de McGraw-Hill, pues aseguran que los libros de texto existentes seguirán desinformando durante los próximos cinco a diez años a los niños de las escuelas que no puedan comprar nuevos libros. Por lo tanto, consideran que sería más pertinente que, aparte de publicar las nuevas ediciones con los cambios adecuados, aquellos ejemplares ya existentes fueran reemplazados.

Cabe mencionar que Texas siempre ha destacado por ser uno de los estados con más controversia en cuanto a las “modificaciones” hechas a sus libros de texto, principalmente en contenidos de ciencia, historia y política. Muchos consideran que dicho estado concede demasiada importancia a los puntos de vista conservadores en temas como la libertad religiosa y la esclavitud. “Que haya pasado en Texas no un es accidente”, mencionó Kathy Miller, presidenta de Texas Freedom Network, una organización que promueve las libertades religiosas e individuales. “Tenemos un proceso de adopción de libros de texto que está politizado y con tantos errores que se ha convertido casi en un punto clave para los comediantes”. Dicho grupo ha criticado anteriormente el contenido en los libros de texto aprobado por el estado, y, a su vez, ha derrotado ya iniciativas respaldadas por el Comité de Educación del Estado de Texas en cuanto a la censura de ciertos temas en libros de texto.

No es difícil para muchos concluir que el racismo sigue presente en Estados Unidos. Y no solo eso, sino que sigue tratando de ser ocultado o maquillado en los libros de texto de escuelas tanto públicas como privadas, donde la historia del país se inicia con los “peregrinos” que llegaron en busca de “libertad religiosa” a “tierras deshabitadas” o pobladas por “salvajes”, omitiendo casi por completo la historia de los nativos americanos, que es con la que debería empezar la primera lección. Por supuesto, esto no quiere decir que la historia transmitida a nuestros estudiantes sea del todo errónea, pero sí ajustada a la comodidad de quienes nos dirigen.

En mi caso, como en el de muchos otros maestros, un libro de texto no conduce el currículo, sino que es usado como una fuente de información. Por mi trabajo, trato de ser cuidadosa con la información que comparto con mis niños, así como de mantener un balance entre las diversas naciones, por eso les enseño a sentirse orgullosos no solo de este país al que han llegado, sino de aquel del que son originarios. Del mismo modo, es mi deber enseñarles sobre igualdad, y a respetar a cada uno de los seres humanos, independientemente de su raza o lugar de procedencia.

Por lo tanto, entiendo perfectamente que una de las preocupaciones de mucha gente como Roni Dean-­Burren es que, desgraciadamente, este libro, como tantos otros que contienen información desacertada, fue aprobado por profesionales como consultores académicos, maestros y miembros de comités educativos, los mismos que en su momento han servido como fuente directa de información para nuestros estudiantes. Como sociedad, no solo como

padres y maestros, debemos estar informados correctamente sobre nuestra historia y acontecimientos actuales, además de comprometernos con la educación de nuestras nuevas generaciones, que serán las que transmitan y escriban la historia mañana.

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