Las elecciones en Colombia y los retos para la paz

Las elecciones en Colombia y los retos para la paz

David Guzmán Fonseca- El pasado 25 de octubre se celebraron en Colombia elecciones para elegir a 32 gobernadores y 1,102 alcaldes, en las que muchos piensan que pueden ser las últimas elecciones antes del fin del conflicto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Los resultados muestran varias tendencias importantes, que sin lugar a dudas van a jugar un papel muy importante si se llega a firmar un acuerdo de paz con las FARC. Para empezar, se demostró que la popularidad del expresidente Álvaro Uribe no se ha trasladado todavía a los miembros de su partido, Centro Democrático. Creado para las elecciones presidenciales y legislativas del año pasado, Centro Democrático logró entonces conquistar cerca de 20 puestos en el Senado y 19 en la Cámara de Representantes, en gran parte como resultado del caudal electoral que consiguió movilizar la figura de Álvaro Uribe.

Sin embargo, en las elecciones del pasado domingo Uribe y su partido no lograron consolidarse como una fuerza opositora al Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y a los partidos de su bancada en las grandes ciudades. A pesar de que el expresidente Uribe fue gobernador del departamento de Antioquia y aún goza allí de una alta popularidad, los candidatos de su partido a la gobernación y a la alcaldía de Medellín (la capital del departamento) fueron derrotados. Lo mismo sucedió en la capital del país, Bogotá, donde su exvicepresidente Francisco Santos (primo del actual presidente) fue relegado a la cuarta posición en las votaciones, por detrás del ganador Enrique Peñalosa, del candidato de la coalición de gobierno Rafael Pardo y de Clara López, la candidata del partido de izquierda.

Pero esto no significa que el proyecto uribista haya muerto; por el contrario, el nuevo partido logró conquistar la alcaldía de San Vicente del Caguán, en el departamento del Casanare, un pueblo en el sur de Colombia que fue la sede de los diálogos de paz en el 2000, durante la presidencia de Andrés Pastrana. Luego de que dichos diálogos fracasaron, San Vicente del Caguán se convirtió en el centro de las operaciones delictivas de las FARC. El que el partido de uno de los mayores opositores del actual proceso de paz haya conseguido un triunfo en el municipio y en el departamento donde las FARC han tenido una presencia significativa simboliza que Uribe, su partido y sus políticas aún continúan interesando a una parte del electorado, al menos en esa zona.

Otra tendencia importante que se confirmó en las elecciones es que la izquierda política en Colombia ha perdido uno de sus bastiones más importantes. La capital de Colombia estuvo bajo el mando de partidos de izquierda durante los últimos 12 años, pero en las últimas elecciones la candidata del partido de izquierda Polo Democrático quedó en tercer puesto, con 500,000 votos menos que el ganador. El que el partido de izquierda más importante del país haya perdido a Bogotá no solo significa que los escándalos de corrupción y la polarización en la ciudad le pasaron una cuenta de cobro al partido, sino que también demuestra la fuerte presión sobre la izquierda democrática. Aún más si se tiene en cuenta el papel que esta debe jugar una vez se llegue a un posible acuerdo con la guerrilla izquierdista de las FARC.

Finalmente, aunque los partidos de la coalición de gobierno estuvieron detrás de 28 de los gobernadores ganadores, se pueden ver algunas fisuras dentro de la llamada Unidad Nacional. Aunque inicialmente habían acordado que la coalición iba a apoyar a ciertos candidatos de forma unánime, esto no sucedió en todos los casos. Por ejemplo, en Bogotá el candidato elegido fue apoyado por uno de los partidos de la coalición (el partido Cambio Radical, cuyo líder es el actual vicepresidente Germán Vargas Lleras), pero el resto de partidos apoyó a Rafael Pardo, quien quedó en la segunda posición. Esto demuestra que las uniones de los partidos de gobierno se encuentran apenas atadas por el actual presidente y dejan al descubierto que de cara a las elecciones presidenciales del 2018, los partidos de la Unidad Nacional probablemente buscarán sus propios caminos.

Las anteriores tendencias muestran un panorama lleno de dudas ante la posible firma del acuerdo de paz con las FARC, así como ante las próximas elecciones presidenciales. Para empezar, el que el recién creado partido político de Uribe no haya ganado en las grandes ciudades no significa que el presidente no tenga una importancia política dentro del país y que la paz no vaya a tener que incluirlo a él, a su partido y a los que aún creen en su proyecto político.

Igualmente, el que la izquierda democrática haya perdido su fortín en Bogotá puede ser materia de preocupación si las FARC deciden convertirse en un partido político, ya que pone en duda la viabilidad de un proyecto democrático de izquierda en una sociedad que ha perdido la confianza en la misma.

Finalmente, la estabilidad que ha generado la Unidad Nacional durante los gobiernos de Santos, que ha permitido que las negociaciones de paz continúen, puede estar cerca de su fin y eso puede tener implicaciones políticas importantes en un periodo posconflicto. El que el Gobierno de Santos y las FARC hayan acordado recientemente la búsqueda de miles de desaparecidos es un paso fundamental para la reparación de las víctimas y la consecución de la paz. Sin embargo, las pasadas elecciones regionales en Colombia dejan demostrado que aunque el Gobierno siga avanzando en el diálogo en La Habana, la realidad política en Colombia propone nuevos retos para la implementación de una posible paz.

Tras los pasos de Snowden

Tras los pasos de Snowden

¿“Superbono” para solucionar la deuda puertorriqueña?

¿“Superbono” para solucionar la deuda puertorriqueña?