La caza ilegal es el menor de los problemas en Zimbabue

La caza ilegal es el menor de los problemas en Zimbabue

Nuria García Murcia-­ El pasado 18 de abril, Zimbabue conmemoró el 35o aniversario de su independencia, pero su gente tiene poco que celebrar, puesto que millones de personas se encuentran sin trabajo y sumidas en la más absoluta pobreza. Zimbabue, que fue la colonia británica conocida como Rodesia hasta que declaró su independencia unilateral en 1965, estuvo en principio administrada por una minoría blanca. Tenía buenos cultivos, educación y recursos naturales. Cuando le fue reconocida internacionalmente su independencia, ya con su nombre actual de Zimbabue, esta se vio como una oportunidad para acabar con el apartheid. Así sucedió durante los primeros 10 años, periodo clave para el desarrollo del país africano, pero después comenzó la recesión y todos los problemas que conllevaba.

Algunas estadísticas que reflejan la situación del país son, por ejemplo, la esperanza de vida, que no supera los 52 años y es inferior a la de 1980, año de la independencia. O que en 2012 Zimbabue ocupaba el puesto 172 de 187 países en el informe de Índice de Desarrollo Humano elaborado por las Naciones Unidas, el cual toma en cuenta tres factores: una vida larga y sana, acceso al conocimiento y posibilidades de obtener unos estándares de vida decentes. Además, de acuerdo con la agencia de Coordinación de las Naciones Unidas que lucha en la erradicación del VIH/SIDA, aproximadamente 1.7 millones de personas en Zimbabue viven con esta enfermedad, de un total de 15 millones de habitantes. Son solo algunas de las cifras que aportan perspectiva de los problemas que tiene el país.

Sin embargo, la decadente situación de Zimbabue había tenido poca cobertura internacional hasta este verano, cuando el nombre de Cecil dio la vuelta al mundo. La historia de la caza ilegal del león devolvió el país a las portadas de los periódicos más importantes del planeta. El lucrativo negocio de la caza y los safaris se relacionó pronto con la precaria situación del país, que no tardó en salir a la luz. Aunque no fue la mejor manera de que Zimbabue consiguiera solidaridad, la muerte de Cecil le dio al país la oportunidad de exigir ayuda para proteger sus tierras, su herencia y su naturaleza salvaje.

Aun así, el problema de Zimbabue es mucho mayor que la muerte de Cecil. Quizá el león haya vivido con menos preocupaciones que la gente de Zimbabue, de quienes poco hemos sabido en los medios de comunicación.

Es curioso que el último presidente de Tanzania, Julius Mwalimu Nyere, una vez afirmara que Zimbabue era la joya de África. Con esta declaración, Julius expresaba su admiración por la economía del país; entonces Zimbabue tenía industrias remarcables, una seguridad envidiada a nivel internacional y abundantes recursos naturales que parecían ser bien explotados.

Ahora los zimbabuenses lamentan que la economía nacional, actualmente controlada por los mercados exteriores, haya degenerado hasta unos niveles sin precedentes debido a la precaria gestión del único presidente que ha guiado el país desde 1980: Robert Mugabe.

El Gobierno invirtió correctamente en salud y educación en la primera etapa de la independencia, pero no hizo mucho por el desarrollo en otros sectores. Tampoco ayudó su intervención en la guerra civil de la República Democrática del Congo en 1998. Además, se implementó un desafortunado Programa de Ajustes Estructurales que acabó devastando la economía, actualmente con una deuda que asciende a 9 billones de dólares. Para empeorar la situación, la administración también llevó a cabo una reforma agraria que potenció la caída de la economía. Zimbabue tuvo que abandonar la moneda nacional en 2009 después de la histórica hiperinflación que vivió el país, dando lugar a la mayor cantidad de billetes impresos registrados. Cientos de compañías cerraron sus puertas, con la falta de capital y la inestabilidad sociopolítica como factores principales.

En este contexto, Zimbabue es un lugar nada atractivo para los inversores. Los economistas aseguran que hacen falta drásticas medidas económicas para que la economía zimbabuense comience a resurgir. El Gobierno debería crear un espacio fiscal activando las inversiones para servicios sociales e infraestructuras, además de implementar una estrategia para promover la competitividad y la productividad.

Las posibilidades de que el país se convierta en un buen lugar para vivir son muy limitadas por el momento, aunque no serán estas limitaciones las que impidan a los cazadores seguir viendo Zimbabue como destino preferido.

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