Crisis de refugiados en Europa: entre lo nacionalista y lo humanitario

Crisis de refugiados en Europa: entre lo nacionalista y lo humanitario

David Guzmán Fonseca-­ La crisis de refugiados por la que pasa Europa en la actualidad no tiene comparación, a menos que retrocedamos al tiempo del Holocausto nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. En esa época era Europa la que buscaba refugio y era el mundo el que intentaba darlo. Nos encontramos en un momento en el que es Europa la que debe decidir cuál va a ser la forma de devolverle al mundo lo que una vez se hizo por ella. Lamentablemente, tanto en Europa como en los Estados Unidos existen muchos que no entienden los peligros del nacionalismo y de la importancia de una política migratoria más humana. La forma en que Europa está respondiendo a la crisis no ha sido uniforme. Por una parte, ciertos países han afrontado el reto que significa recibir a millones de personas que huyen de la guerra, mientras que otros han decidido construir barreras para mantenerlos fuera de sus territorios. Igualmente, los sentimientos antimusulmanes y antimigratorios han resurgido en una región que trataba de caracterizarse por su diversidad.

La división con respecto al recibimiento de refugiados está generando aún más confrontaciones dentro de la Unión Europea. Por un lado, se encuentran los países con mayores niveles de ingreso y desarrollo económico, y por el otro, los países más pequeños y que se han incorporado recientemente a la Unión.

Alemania ha surgido como uno de los países con un mayor nivel de acción con respecto a la crisis de los refugiados. A pesar de que la canciller alemana Angela Merkel ha sido criticada por la extrema derecha de su país e incluso por algunos sectores de su propio partido, su Gobierno ha prometido procesar 800,000 aplicaciones de asilo en el presente año. Igualmente, los Gobiernos de países como Francia, Italia y Suecia se muestran mucho más favorables a aceptar refugiados. Por su parte, el Reino Unido ha decidido recibir 20,000 refugiados de aquí al 2020, lo cual significaría unos 4,000 por año.

Sin embargo, el entusiasmo de este par de países no parece ser suficiente para sopesar los cerca de cuatro millones de refugiados que se encuentran en los países vecinos a Siria y que están buscando asilo, y otros países de Europa central y oriental no se muestran muy dispuestos a compartir la carga. Es entendible el argumento con respecto a la ausencia de infraestructura y recursos que países como Hungría, Rumania, Eslovaquia y la República Checa han reclamado. Sin embargo, en estos países y en otros, como Bulgaria y Polonia, ha habido un resurgimiento del nacionalismo de ultraderecha que no contempla la presencia de inmigrantes, mucho menos musulmanes. Para estos grupos, los refugiados están invadiendo sus países, quitándoles oportunidades a sus nacionales y atacando sus creencias y culturas.

A pesar del acuerdo al que se llegó en septiembre de 2015, disponiendo la repartición de 120,000 refugiados entre los países de la Unión Europa, aquellos que se oponen a dichas cuotas repartidoras amenazan con no respetar o demandar la decisión. El pasado 7 de octubre, Angela Merkel declaró ante el Parlamento Europeo: “No debemos caer presa de sentimientos nacionalistas en este momento. Es precisamente ahora cuando necesitamos más Europa, no menos. Necesitamos más que nunca la cohesión y el valor que Europa ha mostrado en el pasado cuando realmente importaba”.

En septiembre pasado, los Estados Unidos decidieron aceptar 10,000 nuevos refugiados este año y 20,000 a partir del próximo año. Adicionalmente, su secretario de Estado, John Kerry, anunció que en el año fiscal del 2016, el número de refugiados recibidos a nivel mundial subiría a 85,000, de los 70,000 recibidos anteriormente, y que en el 2017 la cifra ascendería a 100,000. Sin embargo, es necesario aclarar que, aunque una gran parte de estos nuevos cupos de refugiados posiblemente se destinen a sirios, esta cifra también incluye poblaciones de otras regiones del mundo.

Los Estados Unidos tienen una larga historia de recibir miles de refugiados. En 1979, el Gobierno le ofreció refugio a cerca de 111,000 vietnamitas, y en 1980 a 207,000 vietnamitas más. La Ley de los Refugiados de 1980 (Refugee Act of 1980) permitió flexibilizar el concepto de ‘refugiado’, uniéndolo a la definición de las Naciones Unidas: para ser un refugiado, ya no se debía proceder solamente de un país ‘comunista’ o del Medio Oriente. Igualmente, incrementó el número de refugiados de 17,400 a 50,000 por año, creando una mayor flexibilidad, legalidad y equidad en el proceso de adjudicación de asilo en los Estados Unidos. Muestra de estos nuevos esfuerzos es que en la década de los ochenta, se recibirían 120,000 refugiados cubanos, después de que el Gobierno de Fidel Castro abriera el puerto de Mariel para aquellos que desearan salir del país.

Pero tal como sucede en el caso europeo, en el estadounidense existen detractores a las medidas del Gobierno. Uno de los más públicos es el candidato republicano Donald Trump, quien considera que los sirios aceptados pueden ser potencialmente terroristas. Ha asegurado, igualmente, que si llega a la presidencia devolvería a todos los sirios que fueran aceptados bajo las medidas tomadas por el Gobierno de Obama.

En Europa se está comenzando a vivir una situación similar a la que viven miles de inmigrantes en los Estados Unidos, a los cuales se les acusa de acabar con el tejido social del país, de atiborrar los sistemas de educación y salud y de poner en riesgo las culturales tradicionales. Es así como en Europa también han surgido partidos y grupos de extrema derecha que consideran que los migrantes, en este caso refugiados que huyen de la guerra, no deben ser recibidos en sus territorios y que, por el contrario, deben de ser devueltos a sus países de origen, sin importar las condiciones que puedan encontrar en dicho caso.

No existe mucha diferencia entre el discurso antinmigrante promovido por el candidato republicano Donald Trump en los Estados Unidos y el discurso del presidente eslovaco Robert Fico, quien sostiene que solo recibirá refugiados bajo la condición de que estos fueran cristianos. Parece entonces que los recuerdos sobre la migración forzada y los millones de muertos del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial han creado solamente en ciertos países una memoria histórica que promueve el apoyo a aquellos que buscan huir de la guerra. El pasado 7 de octubre, la canciller Merkel mencionó una frase que aplica para los refugiados de todo el mundo: “Necesitamos verlos como personas, no como una masa anónima, independientemente de si tienen el derecho a quedarse o no”.

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