Alud en El Cambray II llama la atención sobre la vulnerabilidad de la zona

Alud en El Cambray II llama la atención sobre la vulnerabilidad de la zona

Mario Vallejo­- El deslave de la colonia El Cambray II en Guatemala ha puesto de nuevo sobre la mesa la vulnerabilidad histórica de Centroamérica ante los desastres naturales. El panorama desde el pasado 1 de octubre es desolador. El número de muertos en la comunidad, a 15 kilómetros de la capital, a llegado a los 280, y aún hay aproximadamente 300 desaparecidos luego de que el alud de tierra cayera sobre un centenar de casas, al no resistir la saturación de agua por las fuertes y constantes lluvias que afectan a toda la región.

El mundo se ha solidarizado con El Cambray II, desde artistas hasta mandatarios e incluso el papa. Por su parte, México brindó su apoyo al país vecino con 80 rescatistas profesionales que colaboran con las autoridades chapinas en el rescate de cadáveres, entrega de víveres y otras funciones.

En diversos albergues del país se ofrece refugio, comida y asistencia psicológica a las víctimas de uno de los peores desastres en la historia del país centroamericano, algunas aún con esperanzas de encontrar vivos a sus familiares. Sin embargo, las posibilidades de hallar personas con vida fueron descartadas casi de inmediato por los expertos. El trabajo ahora es evitar mayores pérdidas humanas mientras las labores de rescate continúan.

El problema no termina aquí: el riesgo de una catástrofe similar es inminente. Por eso a Guatemala le conviene estudiar los efectos de otros desastres ocurridos en la región.

En Honduras, tras el huracán Mitch, que en 1998 destruyó una considerable parte del país, se comenzó a trabajar para evitar algo de tal magnitud en el futuro. Aún existen cicatrices dolorosas y cada lluvia trae recuerdos de la vulnerabilidad, pero las pérdidas humanas por desastres naturales se han ido reduciendo.

En 2011, los presidentes de Honduras, Guatemala y El Salvador, así como representantes del resto de países centroamericanos, hicieron un llamado a la comunidad internacional, buscando solidaridad ante el desastre provocado por las lluvias en ese tiempo. “Estamos padeciendo el mayor desastre natural de nuestra historia reciente en materia de infraestructura dañada y de pérdidas de la producción”, dijo el presidente de El Salvador en aquel entonces, Mauricio Funes.

Centroamérica no solo pedía colaboración económica, sino además asistencia para evitar que este tipo de catástrofes sucediera de nuevo. “Necesitamos construir una estrategia de carácter regional y también llevar a cabo un proceso de rehabilitación y de reconstrucción, pero sobre todo este último con nuevos parámetros, de tal manera que lo que hoy reconstruimos no resulte después dañado o botado por un nuevo fenómeno climático”, dijo Funes. A partir de ahí, estos países han logrado aminorar los efectos de los desastres gracias a la colaboración de gobiernos extranjeros en las labores de mitigación.

América Central cuenta ahora con el Sistema de Alerta Temprana para Centroamérica (SATCA), una red de monitoreo que tiene como objetivo alertar sobre las amenazas naturales que se puedan formar cerca del área. Esta iniciativa busca recopilar toda la información y ponerla al alcance de la población y, sobre todo, de las instituciones, para que comiencen las labores de prevención y se reduzca el impacto de los fenómenos naturales. SATCA nació tras una iniciativa del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que alertaba sobre los tiempos de sequía, inundaciones, huracanes, etc., para reducir la escasez de comida.

Si bien estas medidas no erradican los problemas como la tragedia ocurrida en El Cambray II, ayudan en gran manera a reducirlos. Si Guatemala aprovecha la solidaridad que le está brindando la comunidad internacional en este momento, con suerte evitará repetir esta triste historia.

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