Putin, Obama y el retorno a la Guerra Fría

Putin, Obama y el retorno a la Guerra Fría

David Guzmán Fonseca- La 70.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que se llevó a cabo en Nueva York del 15 de septiembre al 3 de octubre de este año, se caracterizó por discursos memorables, como el del Papa Francisco. También sirvió de marco para la discusión de temas tan importantes como el calentamiento global, la lucha contra el terrorismo, los conflictos en Oriente Medio y la crisis humanitaria en Siria. Es en torno a estos temas que se orientaron los discursos de dos de las potencias mundiales: Rusia y Estados Unidos. Los presidentes de estos dos países trataron en sus discursos casi exactamente los mismos temas, pero enfocados hacia sus propios intereses. Ambos hablaron sobre la preservación y respeto de la ONU y del Consejo General, la necesidad de actuar en Siria y la existencia de países que se saltan las resoluciones de la ONU para imponer sus visiones del mundo. Sin embargo, lo que buscaron con sus intervenciones fue únicamente fortalecer sus propias visiones geopolíticas y al mismo tiempo atacar al país contrario.

Por su parte, Obama habló, sin referirse directamente a Putin, de cómo ciertos países han invadido o se han apropiado de territorios sin ningún respeto por el derecho internacional (en el caso ruso: Crimea y ciertas regiones de Ucrania). No obstante, dentro de las discusiones de la mayor parte de la comunidad internacional durante la asamblea, Ucrania quedó relegada a un segundo lugar, debido a la grave crisis humanitaria que se vive en Siria.

Así mismo, el presidente Obama habló sobre cómo Rusia apoya al Gobierno del presidente sirio Bashar Al‐Asad, quien, de acuerdo con el Gobierno estadounidense, debe abandonar el poder para que se pueda solucionar el conflicto que ha llevado a la movilización forzosa de millones de sirios.

Por su parte, Putin atacó el que ciertas naciones traten de imponer sus soluciones y puntos de vista en otros países del mundo. En este caso, parece referirse a Estados Unidos y las invasiones a Afganistán e Iraq. Así mismo, sostuvo que no se debía reformar el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas, en donde Rusia cuenta con una silla permanente que le da el poder de vetar decisiones. Esa posición le ha permitido frenar y vetar múltiples sanciones al régimen del presidente sirio Al‐Asad.

El presidente ruso y el estadounidense, al finalizar su reunión privada y luego de dirigirse por separado a la Asamblea General de la ONU, solo llegaron a un acuerdo mínimo acerca de la necesidad de solucionar la situación en Siria, sin políticas concretas sobre cómo abordar el problema.

El presidente Putin, por su parte, defendió una política de apoyo al Gobierno de Al‐Asad, considerando la posibilidad de intervenir en el conflicto sirio con la única finalidad de atacar a miembros del Estado Islámico (EI, en inglés ISIS). Sin embargo, una vez comenzaron los bombardeos rusos en Siria el pasado miércoles 30 de septiembre, quedó claro que el foco de los ataques no era únicamente el Estado Islámico. Ese mismo día, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, declaró que los ataques llevados a cabo por Rusia no afectaron solamente a miembros de EI, sino que se dirigieron a zonas en las que este grupo no tiene presencia.

El presidente Obama, por su parte, llamó a actuar de forma coordinada a varias potencias occidentales en la lucha contra el Gobierno sirio y contra el Estado Islámico. Estados Unidos considera que para poder solucionar el conflicto que actualmente afecta a Siria es necesario empezar por el cambio de lo que ve como una dictadura. Igualmente, considera que al actuar Rusia en este país, lo único que logra es recrudecer el conflicto sin soluciones a corto plazo, ya que aleja la posibilidad de llegar a una salida negociada del poder por parte de Bashar Al‐Asad, quien cada vez encontraba menos apoyo en la comunidad internacional.

Las diferencias en las políticas que Rusia y Estados Unidos han tomado con respecto al problema en Siria, así como en la visión que ambos países tienen sobre la ocupación de otros territorios, solo son una muestra de la polarización que caracteriza la arena política internacional. En los juegos de poder en los que Estados Unidos y Rusia están sumergidos, Siria y los millones de desplazados por la violencia parecen seguir siendo, lamentablemente, daños colaterales.

Da la impresión de que estamos de vuelta en las décadas de los 50 y 60, los años de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos, cuando ambas potencias se disputaban la hegemonía por el poder mundial. Aunque la disputa no se dirimió en los territorios de ninguno de estos países, la guerra no fue tan "fría" en el Tercer Mundo, donde se vivió la violencia causada por el conflicto y donde se lloró a los desaparecidos. Desgraciadamente, con Siria y Ucrania parece que estamos ante nuevos casos en los que las potencias mundiales discuten y los países menos poderosos ponen los muertos.

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