Cuando los dictadores se van, pero las dictaduras prevalecen: los casos latinoamericanos

Cuando los dictadores se van, pero las dictaduras prevalecen: los casos latinoamericanos

David Guzmán Fonseca­- En América Latina hemos visto el surgir de regímenes autoritarios en las últimas décadas, así como la reducción en las libertades individuales y colectivas que llevan. Aunque muchos esperamos que el cambio de régimen político se dé por vía democrática, es cierto que en casos en los que gobiernos dictatoriales han retenido el poder por largos periodos, más de uno espera que la muerte de un dictador lleve al cambio político que no se logró democráticamente. Desde las dictaduras militares en el Cono Sur y el Gobierno comunista en Cuba durante los años sesenta hasta el chavismo a finales de los años noventa en Venezuela, la región se ha visto plagada históricamente por la existencia de gobiernos autoritarios. El problema es que estos gobiernos parecen no querer dejar el poder. Clara muestra de ello es que presidentes como Rafael Correa, en Ecuador, o Evo Morales, en Bolivia, han hecho todo lo posible para modificar la constitución de sus países con el fin de permitir reelecciones ilimitadas.

Dos de los casos más exitosos en los que se han creado mecanismos para que ciertos políticos y sus partidos se perpetúen en el poder se pueden ver en la figuras del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, y del líder de la Revolución bolivariana, Hugo Chávez. Aunque en ambos casos, si bien la consideración de la existencia de una verdadera “revolución” es debatible, la permanencia de estos líderes o sus ideales en el poder después de abandonar sus cargos es algo que no puede negarse. Ambos han dejado el poder, ya sea debido a una sucesión voluntaria, en el caso de Castro en el 2008, o al fallecimiento de Chávez en el 2013, pero en el mando aún persisten gobernantes que preservan sus ideales y formas de hacer política.

Sin embargo, en el caso de Cuba, aunque el régimen comunista no ha dejado de existir, se han dado cambios importantes desde que Fidel decidió dejar el poder de forma definitiva en el 2008 y ceder su cargo a su hermano Raúl. Sería ilusorio pensar que estos cambios hacen de Cuba una democracia, pero sin duda permiten al menos unos mayores niveles de libertad. En un principio el régimen siguió conservando los ideales de Fidel, apegándose a los principios de la Revolución comunista cubana. Pero más adelante permitió el acercamiento al Gobierno estadounidense, lo cual lleva a pensar que al menos existe una mayor apertura a considerar la necesidad de relacionarse con otros países no alineados con sus ideales.

En el caso de Venezuela, Hugo Chávez dejó el poder después de sufrir una penosa enfermedad que llevó a su muerte en el 2013. Aunque fueron convocadas elecciones presidenciales para este mismo año, el actual presidente, Nicolás Maduro, asumió el poder de forma interina el mismo día en que murió Chávez. Desde ese mismo instante, el único cambio que se ha observado en el panorama político venezolano es el recrudecimiento de la polarización de la ciudadanía y la opresión de los partidos de oposición.

Contrario al caso cubano, en el que aunque no se han dado los pasos necesarios para garantizar la existencia de una democracia, sí se han dado pasos hacia la libertad, el venezolano parece estar conduciendo a una intensificación del autoritarismo inherente a la Revolución bolivariana. Así, la ausencia del arquitecto de la Revolución, quien se caracterizaba por su capacidad para mover masas y complacer las necesidades de una porción de la población, se ha encontrado con un nuevo líder que carece de muchas de estas características y que, aún más importante, carece de los recursos fiscales provenientes del petróleo para manejar una economía en la quiebra y que sufre escasez.

De acuerdo con un estudio publicado recientemente en la revista Foreign Policy, después de analizar los casos de los 79 dictadores que murieron entre 1946 y 2014, se encontró que en casi ninguno de los casos la muerte de un dictador lleva a un cambio que promueve la democracia. Igualmente se concluyó que en el 92% de los casos, el régimen autoritario persiste a pesar de la muerte de un dictador. Lo anterior, sin lugar a dudas, se acomoda al caso venezolano.

Pero antes de darnos por vencidos, es meritorio pensar en el caso cubano como una posibilidad de futuro. Cuba demuestra el agotamiento de políticas económicas que no consideran la sostenibilidad de un país; lamentablemente Venezuela parece ir por esta misma senda. Hasta hace poco Venezuela contaba con los recursos provenientes del petróleo para poder sostener su proyecto político y el de Cuba, pero con la disminución de los precios del crudo eso será casi imposible. Estas dificultades posiblemente han llevado a que Cuba considere la posibilidad de abrirse a generar pequeños cambios al régimen. Solo podemos esperar que, de la misma forma, Maduro se vea forzado a dejar sus tintes autoritarios y comience a aceptar la necesidad de volver a la democracia.

En estos casos y en el de otros cuantos alrededor del mundo, más que la necesidad de que un dictador muera o deje el poder, lo que es necesario es que el régimen autoritario y las políticas que lo acompañan perezcan.

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