Educación superior en Estados Unidos: ¿Cuál es el precio?

Educación superior en Estados Unidos: ¿Cuál es el precio?

Iralee Acosta- Asistir a la universidad resulta una necesidad hoy en día; sin embargo, en Estados Unidos se ha convertido en un lujo más que en una exigencia. Si bien es cierto que este país cuenta con varias de las mejores universidades del mundo, también lo es el hecho de que el costo de la colegiatura es extremo. Por supuesto, esto no representa problema alguno para la clase alta; sin embargo, para los que pertenecen a las clases media y baja, hace que sea cada vez más difícil poder costearla. ¿Cuál es el resultado? Una deuda nacional que asciende a 1,2 billones de dólares en préstamos universitarios, mismos a los que se ven obligados los estudiantes y/o sus familias a recurrir para que puedan acceder a la educación superior. Aunque existen excelentes institutos públicos con precios más asequibles, estos van desde los 12.000 hasta los 30.000 dólares por semestre, sin incluir gastos como hospedaje, manutención, libros y distintos materiales, entre otros extras. Pero ¿qué sucede si algún alumno de escasos recursos pretende asistir a una de las mejores universidades? Lamentablemente, en muchos casos es endeudarse de por vida, a menos de que este cuente con una magnífica beca. El semestre en universidades como Harvard, Princeton y Columbia cuesta alrededor de 65.000 dólares, suma que alcanzaría los 100.000 dólares si se toman en cuenta los demás gastos. Esto quiere decir que adquirir una licenciatura de cuatro años podría llegar a costar más de 400.000 dólares, una cantidad que resulta sumamente difícil (si no es que imposible) de reunir para una gran mayoría de los habitantes del país, aun ahorrando desde el nacimiento del hijo, y si contáramos solamente uno por familia.

¿Desde cuándo sucede esto? A finales de la década de los años ochenta, una crisis presupuestaria afectó alrededor de 40 estados norteamericanos. Como suele pasar, el gobierno decidió recortar gastos, y uno de ellos fue el dinero que aportaban a la educación superior. Como resultado, las universidades remediaron dicha descompensación económica aumentando el costo de sus matrículas, situación que permaneció durante los próximos años. Entre 2007 y 2012, la colegiatura incrementó un 15%, nuevamente, en 40 de los estados (más del 25% en dieciocho de ellos y del 50% en ocho más). Asimismo, en estados como California y Arizona, donde el déficit fue mayor, las matrículas universitarias aumentaron hasta un 70%. Otros institutos, como la universidad pública de Washington, incrementaron su costo hasta un 150% en un lapso de diez años (de 2003 a 2013). Cabe destacar que, a partir de la crisis del 2008, no solo las colegiaturas de la educación superior se inflaron, sino que sus préstamos aumentaron cerca de un 84%, una cifra realmente descomunal.

Son millones de estudiantes los que, incluso antes de graduarse, ya tienen cuantiosas deudas, mismas que no les permiten avanzar en la universidad. Además, luego de pagar la mensualidad de su crédito, hasta los que logran graduar frecuentemente ganan un sueldo menor que el de muchos individuos que no contaron con una formación académica. Un informe del Banco Federal de Reserva de St. Louis muestra que, entre 2007 y 2013, un 71,9% de los graduados universitarios latinos experimentaron una notable caída en sus ingresos reales netos, mientras que aquellos que no cuentan con un título universitario notaron un ligero incremento del 15,6%, siendo la deuda estudiantil una de las principales fuentes de este discrepancia.

Por tal motivo, desde hace tiempo el gobierno ha venido implementando diferentes programas en los que, a través de la consolidación de dichos préstamos, brinda a los ahora profesionales oportunidades para liquidar su deuda de una manera que resulte para ellos menos agotadora. No obstante, ni las extensiones de tiempo para liquidar su deuda (y, por ende, dar un pago más pequeño mientras esto sucede), ni la ventaja de saldar parte de ella luego de trabajar varios años para diversas instituciones gubernamentales, ha sido suficiente para aliviar un poco la carga de estas personas. Cabe recordar que, al completar sus estudios, muchos de estos profesionales no solamente cuentan con la deuda estudiantil, sino que siguen adquiriendo nuevos compromisos financieros, necesarios para subsistir. Por otro lado, se encuentran también aquellos que se quedan a mitad del camino: sin haber concluido sus estudios y con una deuda que tardarán años para poder saldar.

Este es un tema sumamente polémico desde hace años, que al parecer no cesará pronto. Sin embargo, cada vez son más los interesados en encontrar una manera conveniente y justa para solucionarlo. Por su parte, la Universidad de Maryland está poniendo su granito de arena; aunque no planea reducir sus costos, dejará de requerir libros de texto a sus estudiantes, mismos que pagan alrededor de $1.200 anuales por éstos. De ahora en adelante, sus fuentes de información serán libros y artículos en línea para, de este modo, contribuir con la economía de sus estudiantes. Asimismo, la universidad prestigiosa Stanford empezó en abril a ofrecer una educación gratuita a aquellos estudiantes cuyas familias ganaran menos de 125.000 dólares al año, aunque se ha argumentado que pocos estudiantes de bajos recursos logran ingresar en Stanford.

Por otro lado, algunos de los aspirantes a la silla presidencial han incluido ya algunas propuestas en sus campañas. Hillary Clinton, quien se postula como la candidata favorita del partido demócrata, planea implementar un programa federal que ayude a los estudiantes a pagar sus matrículas, de modo que no tengan necesidad de recurrir a un préstamo. “Quiero que la universidad sea asequible. La educación superior debería ser un derecho, no un privilegio para aquellos que pueden pagarla”, asegura. Del mismo modo, propone una inversión de 350.000 millones de dólares en el lapso de una década, para cubrir el coste de la educación superior en instituciones públicas.

Sin embargo, el candidato republicano Marco Rubio afirma que el problema no es solamente el precio de las colegiaturas, sino que el sistema educativo ya no funciona. “Este plan encarece la actividad empresarial al aumentar los impuestos para después arrojar ese dinero en un sistema educativo caducado”, declaró. Por su parte, este senador propone que inversores privados financien la educación de los universitarios, a cambio de obtener un porcentaje de su sueldo una vez que estos se hayan graduado. Para muchos, esto resulta una forma de esclavitud; para otros, sería una manera justa de retribuir una buena acción o, bien, una forma de intercambio de servicios pues, afirman, también esclaviza el hecho de estar atados durante años al gobierno y otras organizaciones debido a dicha deuda financiera.

Lo que sí es un hecho es que se debe encontrar una solución no sólo para los nuevos universitarios, sino para todos aquellos que llevan años encadenados a este problema. Cada vez se critica más el hecho de que hay quienes, aun hoy en día, optan por no estudiar una carrera, a pesar de contar con tantas oportunidades u ofertas financieras que les permiten hacerlo. Sin embargo, omitimos que el factor en el que un gran número de ellos basa su decisión es el pavor que les causa la sola idea de pensar en todo lo que tendrán que pagar el día de mañana y los años de atadura que sufrirán (mismos que, en ocasiones, se resumen a prácticamente toda una vida).

Probablemente, si en lugar de establecer programas que les permitan a los estudiantes pagar de algún modo tan desmesurada deuda y, por ende, adquirirla, se crearan aquellos que redujeran el costo de la educación, el rumbo de la nación sería mucho más prometedor.

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