Frustración ante ambos partidos políticos en los Estados Unidos

Frustración ante ambos partidos políticos en los Estados Unidos

Iralee Acosta- Hasta hace algunas décadas, los partidos políticos contaban con simpatizantes constantes, por lo que los aspirantes a la presidencia no tenían que preocuparse tanto por un diálogo que convenciera a sus seguidores, sino que atrajera a aquellos afiliados del partido opositor. Hoy en día, esto ha cambiado. Cada día, tanto los partidos políticos como sus candidatos tienen que preocuparse y esforzarse más por crear campañas atractivas para todos y cada uno de los ciudadanos estadounidenses. Los discursos se vuelven más elaborados, de modo que puedan lograr captar, aunque sea por un instante, la atención de cada habitante del país. De lo contrario, no solamente se corre el riesgo de que cierto candidato pierda simpatizantes, sino de que todo un partido quede estigmatizado o hasta vetado por innumerables votantes. Estas elecciones han acelerado de manera increíble, si no es que histórica, esta situación y para muestra, basta un botón. En el año 2000, apenas 7% de los residentes estadounidenses expresaban opiniones negativas sobre ambos partidos políticos, según un estudio del Centro de Investigaciones Pew. Cuatro años más tarde, en 2004, este porcentaje incrementó a 10% y en 2008 pasaría a ser un 12%. Sin embargo, de enero a julio de este año dicho porcentaje ascendería radicalmente de 19% a 24%, un cambio nunca antes visto en un lapso de solo 6 meses.

En los últimos meses, la balanza de comentarios negativos se ha inclinado hacia el lado republicano, incluso por parte de sus mismos seguidores. La opinión negativa de los conservadores hacia ambos partidos, de enero a julio, ha aumentado más del doble (de 9% a 22%), mientras que la opinión negativa de los demócratas hacia ambos partidos se mantuvo relativamente fija (de 8% a 9%).

El problema que ataca a los republicanos es la lucha por su identidad. Algunos optan por aceptar la realidad del país, en la que las minorías (especialmente la latina) cada vez ganan más peso no solo demográfico, sino electoral. Sin embargo, parece que otros prefieren ser parte de un partido de blancos, mismos que suelen pertenecer a la clase alta y que, pese a provenir de ascendencia europea, se niegan a simpatizar con los inmigrantes.

“Para los republicanos, lo estadounidense está definido como la cultura blanca republicana y de ascendencia europea, mientras que para los demócratas, EEUU es un país étnicamente diverso, políticamente plural y electoralmente complejo”, expone Carlos Heredia, investigador de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) de México, así como miembro del Consejo Consultivo del Instituto de México en el Centro Woodrow Wilson de Washington.

Mucho ha influido en todo esto el tan sonado candidato, Donald Trump, quien ha conseguido dividir la ideología de los de su partido con sus propuestas y declaraciones extremistas en contra de los inmigrantes, principalmente mexicanos y latinos, que pasan a ser, además, los más desprotegidos. De acuerdo con el mismo estudio del Centro de Investigaciones Pew, a principios de este año, 59% de los simpatizantes republicanos tenían una opinión favorable de este partido, mientras que el 37% tenía una opinión negativa. Hoy, luego de las declaraciones del magnate, estas cifras dieron un giro relevante: mientras un 44% de los republicanos conserva una opinión positiva sobre su partido, un 50% está en desacuerdo con su ideología. En contraste, alrededor de 66% de los simpatizantes demócratas (dos tercios) conservan una opinión favorable sobre el partido liberal y solamente un 27% difiere con ellos.

Aunque Trump sigue al frente de su partido en las encuestas hasta ahora, esto pasará a ser historia en el momento de la verdad, predice Heredia, pues la silla presidencial se la disputarán la demócrata, Hillary Clinton, y Jeb Bush. Cabe recordar que este último, además de ser esposo de una mexicana, proviene de la dinastía Bush, en la que tanto su padre como su hermano lograron conquistar el voto latino y, de este modo, llegar a la Casa Blanca.

No obstante, es importante mencionar que no solamente los candidatos republicanos han obtenido el rechazo de los latinos ante la oposición de muchos de ellos a las reformas migratorias. Los demócratas también están bajo la lupa en este momento, y Hillary Clinton ha podido constatarlo luego de que activistas y líderes de organizaciones inmigrantes hayan comenzado a manifestarse en contra de lo que ellos llaman “la máquina de deportación del presidente Barack Obama”. Estos grupos aseguran que son cientos los padres y madres que han sido deportados en el mandato del presidente actual y que no han podido ver a sus hijos en meses, o incluso años.

Dicho así, queda claro que para ambos partidos ha sido y seguirá siendo una tarea difícil el lograr llenar las expectativas de la mayoría de los electores; sin embargo, no pueden pasar por alto que el voto de las minorías, principalmente asiáticos, afroamericanos y latinos (un 40% de estos últimos), es indispensable para poder llegar a la silla presidencial. Cabe recordar que lo que en los años setenta equivalía a un voto latino por cada 25, hoy pasó a ser uno de cada seis y, como puntualizó Heredia, “la tendencia se irá incrementando: en 2030 habrá un latino por cada cinco ciudadanos estadounidenses; en 2050 ya serán la cuarta parte; y en 2070 los latinos serán la tercera parte del electorado en EEUU”, todo un poder acumulado demográfica, política, cultural, social y, por ende, económicamente.

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