Al proceso de paz en Colombia le llueven obstáculos por doquier

Al proceso de paz en Colombia le llueven obstáculos por doquier

David Guzmán Fonseca- La llegada a una posible solución negociada al conflicto armado en Colombia puede estar más cerca que nunca, pero los obstáculos a esta volátil negociación parecen llover desde adentro y desde afuera de Colombia. La crisis diplomática que actualmente enfrenta Colombia con Venezuela, así como la baja favorabilidad tanto del Presidente Juan Manuel Santos como de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o las FARC, se convierten en algunos de los obstáculos inmediatos para el proceso de paz. Una vez el presidente Santos llegó al poder en 2010, hizo oficial su decisión de retomar las conversaciones con el grupo armado, lo que llevó a la promulgación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras en el año 2011. Con esta medida se hizo clara la intención del gobierno de reconocer a las víctimas del conflicto armado colombiano, creando un esquema para afrontar un escenario posconflicto, y así abriendo el camino para posibles discusiones de paz.

El inicio del proceso de paz se oficializó el 4 de septiembre de 2012 a través de una alocución presidencial de Santos, en la que confirmó que dicho proceso contaría con la facilitación de Cuba, Noruega, Venezuela y Chile. En su discurso el mandatario corroboró que las conversaciones habían iniciado desde el 23 de febrero de 2012 y habían concluido el 26 de agosto del mismo año con la firma del “Acuerdo General para la Terminación del Conflicto”. Este acuerdo comprendía cinco grandes puntos a discutir durante la negociación: Desarrollo rural, las garantías para la oposición política, el fin del conflicto, el negocio de las drogas ilícitas y los derechos de las víctimas del conflicto.

Al día de hoy y después de cerca de tres años de negociaciones entre las partes, se ha llegado a acuerdos parciales en tres de los temas, dejando de lado los temas correspondientes a la terminación del conflicto y la determinación de las víctimas del mismo. Sin embargo, y a pesar de los avances que se han tenido, la longevidad del proceso y la negociación en medio del conflicto han tenido un efecto sobre el apoyo de la opinión pública al mismo.

Uno de los factores que afecta con mayor importancia el apoyo al proceso de paz en Colombia es el que hasta hace poco se negociaba sin un cese de las acciones militares de ambas partes. Aunque en diciembre de 2014 la guerrilla de las FARC anunció un cese unilateral a sus acciones, de acuerdo con datos del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), durante los cinco meses que duró el supuesto cese se registraron 21 acciones que lo violaron. La más significativa fue la emboscada de las FARC al ejército el 14 de abril de 2015 en el municipio de Buenos Aires, en el departamento del Cauca (al suroriente del país). Esta emboscada llevó a la muerte de 11 miembros del ejército y a 20 heridos del mismo grupo, así como a la reanudación de los bombardeos aéreos por parte del gobierno a las FARC, provocando a su vez que las FARC declararan el fin del cese unilateral y el reinicio de sus actividades el 22 de mayo de 2015.

Durante los siguientes dos meses, las acciones de las FARC se recrudecieron e hicieron de junio de 2015 el mes más violento desde el inicio de los diálogos de paz (se registraron 83 acciones violentas). Aunque el grupo anunció un nuevo cese que inició el 20 de julio de este año, y pese a que en el pasado mes solo se han registrado dos acciones violentas, la favorabilidad hacia el proceso y hacia las FARC son negativas.

Muestra del pesimismo es que, de acuerdo con una encuesta de Ipsos revelada a finales del mes de julio pasado, el 91 por ciento de los encuestados tiene una imagen negativa de las FARC. Igualmente, el 81 por ciento de las personas entrevistadas no les cree a las FARC y el 80 por ciento no creía que este grupo fuera a cumplir la tregua unilateral que anunció en julio. Aún más preocupante para el proceso es que el 67 por ciento de los encuestados dijo sentirse pesimista con respecto al proceso de paz.

Así mismo y como muestra de uno de los futuros obstáculos para el proceso es el que el 74 por ciento de los encuestados se opone a que, ante un eventual tratado de paz, los miembros de las FARC participen en política. Además, un contundente 90 por ciento afirma que no se puede negociar una amnistía con las FARC, considerando que estos deben ir a la cárcel por sus delitos. En este aspecto el papel que el ex presidente Álvaro Uribe y los sectores de oposición, en especial en la derecha, han jugado y jugarán sobre la opinión pública para la aceptación de los acuerdos entre el gobierno y las FARC serán de suma importancia.

Finalmente, la actual situación diplomática que enfrenta a los gobiernos de Colombia y Venezuela en la zona de frontera ha puesto una presión adicional sobre las negociaciones. Puede llevar a que el papel de Venezuela en las negociaciones provoque una disminución del apoyo de la población colombiana al proceso. La crisis surgió ante la decisión del gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, de deportar a miles de colombianos residentes en Venezuela, debido a que considera que son culpables de la violencia y el desabastecimiento de comida que afectan a su país. Esta posición y los comentarios que han seguido por parte del mandatario venezolano tienen el potencial de disminuir la credibilidad de un proceso en el que Venezuela es un país facilitador. Lo anterior se refuerza aún más considerando la cercanía programática que tiene el gobierno venezolano y las FARC.

De todo lo anterior solamente se puede ver que el fin de las negociaciones de paz está más cerca, pero la aprobación de lo negociado aún está lejos. El pueblo colombiano será el que finalmente decidirá si todo lo acordado en La Habana es el costo necesario para conseguir la paz. Mientras que esto sucede, al proceso de paz no parecen dejar de caerle obstáculos desde dentro y fuera del país.

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