La lucha por poseer África

La lucha por poseer África

Nuria García Murcia- No queda duda que las empresas chinas están construyendo un nuevo imperio en África. Basta con desplazarse por las calles del continente africano para observar como el gigante asiático tiene el control de muchos cambios que están aconteciendo. Angola, Nigeria, Kenia o Etiopía, entre muchos otros países, son testigos de cómo las compañías chinas están construyendo calles y edificios como nunca lo ha hecho ningún otro país. En la última década, China ha doblado el nivel de inversión comercial entre África y Estados Unidos. La razón por la que China ha aterrizado en África se debe principalmente al estrepitoso crecimiento de su propia economía y al aumento de la clase media, cambios que han acelerado las necesidades de nuevos recursos. Uno de los objetivos de la economía china es proveer energías a largo plazo que sustenten la rápida industrialización. Esto ha llevado al país a invertir una importante suma de dinero en política, seguridad y comercio nuevo. Y para que su presencia en África sea bienvenida, el gobierno chino ha donado 200 billones de dólares a la Unión Africana y espera duplicar esta cantidad para el 2020.

Sin embargo, China se acerca de un modo diferente al desarrollo de África que al suyo. Su gestión cuestionable de algunos negocios está siendo objeto de duras críticas. En un continente en el que cada 10 segundos muere un niño por falta de agua, China no destaca por promover el desarrollo social y democrático, ni la defensa de los derechos humanos. Al contrario, su inversión ha ido a parar directamente a gobiernos corruptos y políticos que se quejan de los múltiples obstáculos que establecen los inversores occidentales. Asimismo, según un informe de la ONU, las grandes empresas chinas con base en África llevan a cabo importantes estafas para no pagar los impuestos. Entre tanto, se van abriendo delegaciones de las principales empresas chinas en las capitales africanas, realizando proyectos de infraestructuras, mineros y acuerdos de explotación de petróleo y gas que han situado a África en el mapa de la globalización.

Durante años, esta globalización olvidó a África por razones obvias. Sus pobres infraestructuras, los bajos ingresos de la mayoría de sus habitantes y la inestabilidad política no atraían a los inversores —hasta que llegó China, hambriento de nuevos recursos para alimentar su creciente manufacturación, y expandió en África un largo número de empresas ansiosas de conquistar el mundo—.

China no solo deja infraestructuras a su paso. En algunos países africanos se han establecido acuerdos con instituciones asiáticas para enseñar el idioma chino también. Además, millones de africanos ya pueden disfrutar de la CCTV, un canal de televisión manejado por el gobierno chino que ya compite con la BBC y Al Jazeera y que tiene sede en Nairobi.

La creciente expansión de China por el continente africano también ha llamado la atención de Washington. Allá donde esté China, Estados Unidos estará también. La reciente visita de Barack Obama a Kenia y Etiopía no fue casualidad. Además de ser la tierra donde el presidente norteamericano tiene sus raíces, Kenia es hogar de muchas agencias de las Naciones Unidas y destino turístico por excelencia. Es la economía más potente de la región este, y proporciona la mayor cobertura de internet de toda la zona. Por otra parte, Kenia es uno de los aliados estratégicos de Washington, junto a Uganda y Etiopía.

Durante su visita, Obama se acercó a los africanos de un modo más sutil que los chinos. Habló de corrupción, democracia y terrorismo. Para recalcar la necesidad de acercamiento comercial, Obama mostró énfasis en la creación de alianzas estratégicas que permitan a África explotar su propia capacidad de desarrollo. Para conseguirlo, el presidente afirmó que Estados Unidos es el socio económico real que África precisa para crear empleo e impulsar el continente.

La conclusión que obtenemos es que el crecimiento de África está fascinando al mundo de un modo sin precedentes. Las grandes potencias mundiales saben que el potencial del continente africano es enorme, pero la duda es cómo van a canalizar toda esa euforia en proyectos concretos de desarrollo social y sostenible. Es un tema que, lamentablemente, ha quedado muy desatendido.

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