Los intérpretes olvidados de Afganistán e Iraq

Los intérpretes olvidados de Afganistán e Iraq

David Guzmán Fonseca- Las invasiones de Afganistán e Iraq por parte de los Estados Unidos son sucesos que han marcado la historia contemporánea. Así mismo, los fracasos de dicha invasión y el consecuente retiro de las tropas de la coalición estadounidense se han convertido en otra muestra notoria de una política exterior militarizada. Sin embargo, los estragos que deja la invasión de un país van más allá de ciudades destruidas o cambios políticos; lleva consigo efectos sobre el tejido social de aquellos que han sido invadidos. Una muestra de esto son los efectos sobre las personas que colaboraron con el régimen invasor. En el caso de Afganistán e Iraq, algunos de los que colaboraron con los estadounidenses de forma activa y que ahora son vistos como enemigos son los intérpretes militares. De acuerdo con cifras no oficiales, el gobierno estadounidense hizo uso de cerca de 50.000 intérpretes afganos que colaboraron en la comunicación entre las tropas y la población local. Muchos de estos individuos no sólo se encargaban de interpretar y enseñar a los estadounidenses, sino que se movilizaban constantemente con ellos, convirtiéndose en casi un componente de las tropas.

En un documental publicado en línea por Vice, en el que su corresponsal Ben Anderson entrevista a más de dos docenas de intérpretes y a varios militares que prestaron servicio en Afganistán, se hace clara la cercanía que se formó entre los intérpretes y los estadounidenses. De acuerdo con las revelaciones de muchos de los estadounidenses entrevistados, en múltiples ocasiones los intérpretes también habían salvado la vida de militares.

Así mismo, muchos de estos afganos servían por periodos extendidos de tiempo, superando los dos años de servicio, muy por encima de los tiempos servidos por las fuerzas de ocupación. Estos periodos de tiempo tan extendidos han hecho que muchos aboguen para que estos ciudadanos sean reconocidos como veteranos de guerra.

El gobierno estadounidense en su esfuerzo inicial por derrocar al régimen talibán prometió a los ciudadanos interesados en colaborar con la causa facilidades migratorias al finalizar la ocupación. Entre estas medidas se encontraba el otorgar visas para que los intérpretes militares pudiesen ingresar a los Estados Unidos y eventualmente obtener la residencia legal en este país.

Como parte de este esfuerzo, el Congreso de los Estados Unidos aprobó en el 2008 las Visas de Inmigración Especial (Special Immigrant Visas o SIV), bajo las cuales se cobijaron las Leyes de Protección a los Aliados Afganos e Iraquíes (Afghan and Iraqi Allies Protection Act of 2009).

En el caso de los iraquíes se ofrecían 5.000 visas anuales para titulares que hubieran trabajado con el gobierno estadounidense (alrededor de 30.000 visas a 2015). Al final del 2013, solamente se habían aprobado 13.147 visas (incluyendo a las familias de los titulares).

Para el caso afgano, la ley establecía que se otorgarían 1.500 visas anuales a titulares que hubieran trabajado con el gobierno de los Estados Unidos (alrededor de unas 15.000 visas con modificaciones en la cuotas en los últimos años). Sin embargo, solamente se habían otorgado 2.719 visas al final del 2013 (incluyendo intérpretes y sus familias).

Los anteriores datos reflejan un desuso por parte de las autoridades estadounidenses de las oportunidades brindadas por el Congreso a aquellos que habían colaborado con los Estados Unidos. Lo más preocupante del caso, más allá de los incapacitantes niveles de burocracia, es que estos miles de intérpretes se encuentran bajo un constante peligro en sus países.

Ante la retirada de los Estados Unidos y sus aliados de Afganistán e Iraq, los miles de intérpretes militares no sólo se han quedado sin trabajo sino también sin protección. En el caso de Afganistán, los miembros del grupo Talibán que buscan retomar el poder se han enfocado en castigar a aquellos que traicionaron al régimen. Sin duda alguna, los intérpretes se han convertido en un objetivo militar para esta agrupación.

Y mientras miles intentan huir de la violencia y de la muerte, las trabas burocráticas impuestas por el gobierno estadounidense han obligado a afganos e iraquíes a recurrir a inmigrar ilegalmente a países europeos, abandonando todas sus pertenencias, arriesgando sus vidas, viviendo ilegalmente en un país foráneo y enfrentándose a una cultura que los juzga por ser diferentes. ¿Suena como un caso parecido al de los inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos?

Las condiciones que han llevado a ambos grupos a la movilización tienen raíces similares: violencia, pobreza y el sueño de una mejor vida —o tan solo una vida—. En ambos casos, han sido los gobiernos de origen y destino los que han causado que las personas tomen la decisión de emprender una movilización forzada. Lamentablemente en el caso de los intérpretes, las promesas de un mejor futuro están ahí, pero no han sido cumplidas. En el caso de los inmigrantes indocumentados, aún estamos a la espera de que estas oportunidades sean creadas.

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