Largo camino en Siria por la paz

Largo camino en Siria por la paz

Nuria García Murcia- Hablar de Oriente Medio es hablar de una zona acosada por fanáticos del islam, desconcertantes cambios políticos, inestabilidad en los precios de su materia más preciada (el petróleo) y tensiones sectarias que datan desde hace siglos. Esta descripción no parece un lugar seguro para los inversores y mucho menos pacífico para la mayoría de sus 410 millones de habitantes. Empeora la visión del escenario si atendemos a los conflictos religiosos que azotan a gran cantidad de países de la zona. Entre todos estos hechos, una de las ofensivas más significantes y que no parece tener final es la de Siria.

Los enfrentamientos comenzaron en la primavera del 2011, a raíz de las revueltas callejeras que solo obtuvieron una respuesta bélica por parte del presidente Bashar al Assad, un acto violento que ha precedido a todos los que se han consumado hasta hoy.

Según un informe de las Naciones Unidas elaborado en agosto de 2014, casi 200.000 personas habían perdido la vida y 6,5 millones habían desplazado a lo largo del país o hacia regiones colindantes debido al conflicto. Estas cifras aumentarían considerablemente un año después.

La guerra de Siria no es sencilla de interpretar puesto que no existe un grupo opuesto al Assad que unifique las mismas ideas por las que combaten. Por un lado, coexisten en el campo de guerra pequeñas bandas de lucha moderadas, algunas de ellas con el apoyo de la administración de Estados Unidos. Por otro, están los extremistas que cuentan con la suficiente fuerza para atraer a sus filas a nuevas personas, haciendo gala de líderes con gran carisma y ocupando territorios en medio del caos.

Uno de estos grupos extremistas es el Frente al‐Nusra. Se trata de una asociación terrorista afiliada a Al Qaeda que asegura contar con el apoyo de Washington. El Frente al‐Nusra está tomando el control de la zona noroeste de Siria.

El segundo grupo terrorista, y el más popular por sus actos despiadados, es el autodenominado Estado Islámico (EI) o ISIS, quien se dio a conocer en Irak hasta desplegar el terror en Siria. El EI ha establecido su campo de batalla en la ciudad siria de Al Raqa, donde gobierna aplicando una estricta interpretación de la Sharia. Mientras millones de sirios huyen, miles de yihadistas llegan al país para ser voluntarios en el Estado Islámico.

No obstante, incluso antes de que el EI llegara a Siria, los horrores que ocurren en el país fueron y son más que suficientes para atraer la atención mundial. Con un gran número de personas perecidas, el supuesto uso de armamento químico por las fuerzas de al Assad y la continua recepción en Turquía y Jordania de refugiados, es difícil mantenerse al margen y no ofrecer un punto de vista al respecto.

Los vecinos de Siria como Jordania, Israel y Turquía, este último miembro de la OTAN, se han convertido en aliados estadounidenses. Además, estos países acogen a refugiados, lo cual ha sido motivo de constantes amenazas de violencia que salpican las fronteras sirias.

Antes de que comenzara la guerra en 2011, Siria se autosuministraba de casi la totalidad de sus medicinas gracias a una desarrollada industria farmacéutica. Actualmente depende de la caridad internacional. Además, las Naciones Unidas han reducido el presupuesto para poder alimentar a todos los refugiados en el Líbano de 27 dólares mensuales a 13,50. El resultado son campos de refugiados y barrios de chabolas sumergidos en la pobreza.

Pero una guerra civil en esta parte del mundo no beneficia a nadie, Occidente incluido. Europa es la esperanza por la que muchos de los desplazados son capaces de pagar ingentes sumas de dinero a traficantes con el objetivo de una vida mejor. De las 137.000 personas que intentaron cruzar el Mediterráneo en el Oeste de Europa los seis primeros meses del año, 1/3 eran sirios, según reportan las Naciones Unidas. Tan grande es el deseo de salvarse que el que muchos mueran en el intento no desilusiona a los que no lo han intentado todavía. Puede que un intento de salvación de alto riesgo sea mejor que contemplar una muerte lenta.

Queda un largo e incierto camino para que se acabe el conflicto en Siria, pero aun así, no debemos permitir que se aparte la mirada.

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