Pobreza infantil hispana: una crisis presente y futura

Pobreza infantil hispana: una crisis presente y futura

David Guzmán Fonseca- En momentos en que los políticos estadounidenses vuelven a hablar del tema migratorio, de lo que aún muy pocos hablan es qué hacer para mejorar las condiciones de los millones de inmigrantes legales e ilegales que ya viven en los Estados Unidos. Un alarmante caso de esto es la falta de atención que se presta al tema de la pobreza infantil dentro de los hispanos. Mientras los políticos se concentran en conseguir los votos en las próximas elecciones, parecen olvidar el que será el futuro de los Estados Unidos. De acuerdo con el censo de los Estados Unidos de 2013, uno de los grupos que obtuvo una de las mejorías más sustanciales en su situación de pobreza fue el de los hispanos. El censo encontró que entre el 2012 y el 2013 cerca de un millón de hispanos salieron de la pobreza (pasando del 25,6 por ciento al 23,5 por ciento en el 2013). Esto puede mostrar un escenario alentador, pero la realidad es que a pesar de las mejorías, aún quedaban 12,7 millones de hispanos viviendo en la pobreza.

La situación no solamente es preocupante al analizar la totalidad de la población, sino que toma un matiz mucho más estremecedor al ver las cifras correspondientes a los niños hispanos. En el año 2010, según el Centro de Investigaciones Pew, los niños hispanos eran los que vivían en la peor situación económica (un ingreso anual inferior a 23.000 dólares para una familia de cuatro), superando a los afroamericanos y los blancos.

Además, a pesar de la mejoría en la economía, la reducción en el desempleo y los incrementos en los ingresos desde la crisis del 2008, las posibilidades para los niños hispanos no parecen mejorar. Para empezar, una publicación del Centro Nacional de Niños en Pobreza (NCCP, por sus siglas en inglés) reveló que en 2013 cerca de 15,8 millones de niños en los Estados Unidos vivía en la pobreza. De estos, 5,6 millones de niños eran hispanos (35 por ciento del total), por encima de los 5,1 millones de niños blancos (32 por ciento del total) y de los 3,84 millones de niños afroamericanos en la pobreza (24 por ciento del total).

Si se analiza aún más a fondo para ver qué proporción de los niños hispanos son pobres, todo se pone aún más desalentador. Según un estudio publicado recientemente por La Fundación Annie E. Casey, en el 2013 cerca de un tercio (o un 33 por ciento) de los niños latinos vive en la pobreza. Esta cifra es superior al promedio nacional (22 por ciento), así como a la de los blancos (14 por ciento), y muy cercana a los grupos afroamericanos (39 por ciento), quienes tienen los mayores niveles de pobreza infantil.

Entre los años 2010 y 2013, a pesar de las mejoras en la economía, sólo alrededor de 500.000 niños hispanos salieron de la pobreza (de 6 millones a 5,6 millones según las cifras del Centro de Investigaciones Pew y el NCCP). Y lamentablemente, los niños de esta comunidad siguen representando no solamente los más numerosos dentro del total de pobreza infantil, sino que siguen ocupando un segundo puesto dentro de los grupos étnicos con mayor cantidad de niños necesitados.

La pregunta entonces es qué se esta haciendo y qué se puede hacer para superar esta problemática.

Sin lugar a dudas uno de los mecanismos principales que los estados han utilizado para solucionar la situación es proveer acceso a una cobertura en salud gratuita a través de Medicaid. Sin embargo, aún queda mucho por resolver ya que los hispanos son el grupo con menor nivel de afiliación a dicho servicio. Es posible que el estatus legal de los padres de niños hispanos tenga que ver con la falta de afiliación de estos a la salud.

Por otro lado, algunos estados han hecho esfuerzos por incrementar la educación temprana gratuita a los niños, así como por proveer estampillas de alimentos y créditos tributarios por ingreso laboral (earned income tax credits en inglés). No obstante, dichos programas también siguen siendo limitados por los problemas relacionados con la falta de acceso e información de los hispanos. Es probable que también en este caso, el estatus migratorio de los padres juegue un papel fundamental en las decisiones de no acceder a dichos servicios.

En otro estudio publicado en el 2015, La Fundación Annie E. Casey mostró que a pesar de que los programas de atención al menor en los Estados Unidos tienen muchos problemas de acceso a grupos minoritarios, estos ayudan a reducir la tasa de pobreza infantil de un 33 por ciento a un 18 por ciento. De acuerdo con el análisis de esta fundación, las estampillas de alimentos y los créditos tributarios por ingreso laboral permiten que se logre sacar a cerca de 11 millones de niños de la pobreza. El efecto de estas políticas es mayor en estados como Kentucky, Mississippi y Washington, D.C., donde disminuyen la pobreza en cerca de 20 puntos porcentuales.

Como se ha visto, el crecimiento económico por sí solo no se transmite a la infancia hispana en los Estados Unidos, mientras que las políticas estatales y federales siguen teniendo dificultades para involucrar a los hispanos. Estas dificultades para acceder a educación, salud, alimentación y condiciones de vida decentes pueden convertirse en un problema aún mayor a futuro, cuando estos millones de niños hispanos, los cuales son mayoritariamente estadounidenses por nacimiento, entren al mercado laboral. Entre tanto, la incertidumbre y falta de acción en lo que concierne a los millones de inmigrantes indocumentados no solamente genera consecuencias en el presente, sino que afecta a millones de niños que serán el futuro del país.

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