Grupos de odio en los Estados Unidos: ¿Estamos seguros?

Grupos de odio en los Estados Unidos: ¿Estamos seguros?

Iralee Acosta- Durante las últimas décadas, Estados Unidos ha venido experimentando una serie de agresiones por parte de los diversos grupos de odio que se han ido alojando poco a poco a lo largo del país, actos que surgen del fanatismo religioso, político, racial, de género y/o preferencia sexual, etc. Son innumerables los ejemplos que podríamos mencionar de ataques de violencia perpetuados hacia latinos, afrodescendientes, universitarios, homosexuales, personas pertenecientes a diferentes religiones, entre muchos otros, llevados a cabo en tiendas, cines, iglesias e incluso escuelas, debido a la falta de tolerancia que sigue existiendo en esta nación. El último más sonado fue el ataque racista de Charleston, Carolina del Sur, en el que un joven blanco, Dylann Roof, asesinara a tiros a varias personas dentro de una iglesia destinada a la comunidad afroamericana.

Luego de este suceso y de la aparición de varias fotografías donde Roof apareciera sosteniendo la bandera confederada, esta última ha sido motivo de controversia. El pasado 10 de julio, la gobernadora del estado sureño, Nikky Haley, aprobó que dicha bandera fuera removida del recinto legislativo estatal. Aunque reconoce que la bandera es un “símbolo del sureste”, Haley afirma también que ofende a otros residentes, pues representa para ellos un “símbolo de opresión”.

Debido a esto, el pasado 18 de julio miembros de los “Caballeros Leales Blancos”, pertenecientes al Ku Klux Klan (KKK), marcharon a las afueras del Capitolio de Columbia, capital de Carolina del Sur, en protesta. Pese a que algunos miembros han declarado que su célula no es un grupo de odio sino de defensa de la raza blanca, su queja no procedió.

Desafortunadamente, en ningún lugar se puede estar completamente a salvo del tipo de violencia que sucedió en Charleston. “Las fuerzas de seguridad de todo el país nos han dicho que la amenaza de los extremistas musulmanes no es tan grande como la amenaza de los extremistas de derecha”, declaró el doctor Charles Kurzman, de la Universidad de Carolina del Norte.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el número de crímenes llevados a cabo por motivos discriminatorios dobla aquellos perpetuados por extremistas islámicos. Tan solo en 2013, la Oficina Federal de Investigación (FBI) registró más de 6.900 crímenes de odio, de los cuales un 49,2% fue de carácter racista y un 20,3% de carácter homofóbico. De los aproximadamente 3.400 actos racistas, alrededor del 66,4% fue contra afrodescendientes.

En su reporte Homegrown Extremism 2001-­2015, New America señala que los crímenes perpetuados desde el ataque a las Torres Gemelas ascienden a 48 en manos de extremistas de derecha y a 26 en manos de terroristas, de los cuales el 44% de los casos ha sido por motivos de raza. En sus declaraciones, los asesinos han confesado haber llevado a cabo dichos actos debido a que no toleraban la presencia de personas con distintas características a las suyas (color de piel, etnia, afiliación política, etc.).

No obstante, y pese a estas cifras, la Oficina de Estadísticas de Justicia en Estados Unidos asegura que la cantidad de crímenes de odio en el país es superior a la proporcionada por el FBI y tiene un rango de entre 6.000 y 10.000 ataques; sin embargo, la policía no siempre los califica como tal.

En 2012, el Centro Legal para la Pobreza Sureña (Southern Poverty Law Center o SPLC en inglés), una organización defensora de los derechos humanos y que colabora con el FBI, informó de 1.007 grupos extremistas activos en Estados Unidos:

  • 186 grupos distintos del Ku Klux Klan (KKK), con 52 páginas web;
  • 196 grupos neonazis, con 89 páginas web;
  • 111 grupos nacionalistas blancos, con 190 páginas web;
  • 98 grupos “skinhead”, con 25 páginas web;
  • 39 grupos Identidad Cristiana, con 37 páginas web;
  • 93 grupos neoconfederados, con 25 páginas web;
  • 113 grupos separatistas negros, con 40 páginas web;
  • 90 grupos adicionales divididos por el SPLC en categorías tales como anti­gay, negacionismo del Holocausto, música racista, tradicionalistas radicales católicos, entre otras categorías designadas para grupos de odio, que mantienen otras 172 páginas de Internet.

No obstante, el SPLC señaló que el número de grupos activos había descendido a 784 solamente en el año 2014. Por otra parte, J.M. Berger afirmó en la revista Foreign Policy que, luego de juntar grupos separados con nombres similares, el número de grupos desciende a 358.

Sus practicantes profesan ideas extremistas antiinmigrantes, raciales, gubernamentales, religiosas y de orientación sexual; mientras que sus actividades pueden incluir conferencias, manifestaciones, publicaciones, folletos y actos de violencia. Sin embargo, no todos los grupos listados por el SPLC realizan actividades criminales.

Mientras que algunos están de acuerdo con las cifras presentadas por el SPLC, otros tantos las rechazan. Un claro ejemplo de esto es, nuevamente, J.M. Berger, quien refuta el análisis del SPLC en sus informes Year in Hate and Extremism e Intelligence Report, cuestionando las metodologías usadas para dichos reportes y sugiriendo que SPLC exagera la presencia de extremistas en Estados Unidos. Asimismo, Jesse Walker, escritora de la revista libertaria Reason, acusa a la organización de infundir miedo a la población con sus abultadas cifras.

Cabe resaltar que los grupos de odio racistas no solamente han atacado a latinos y afrodescendientes, sino personas de raza blanca victimizadas en manos de los primeros. Tal es el caso de la masacre de Wichita, Kansas, ocurrida en el año 2000, en la que dos hermanos afroamericanos atacaron a un grupo de amigos blancos mientras estos celebraban el compromiso matrimonial de dos de ellos. Algo similar ocurrió en enero de 2007 con el conocido como “Horror de Knoxville”, un crimen de odio en el que un grupo de afroamericanos violó, torturó, mutiló y asesinó a una joven pareja de novios de raza blanca.

Por otra parte, en la lucha anti­gay no solamente han sido atacadas personas que pertenecen al grupo LGBT (Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales), sino aquellos que están en contra de estos últimos. En Seattle, en julio de 2013 y después del festival para celebrar el orgullo gay, un grupo de activistas pro­-LGBT golpeó brutalmente a dos pastores que se encontraban en un parque predicando mensajes de salvación e invitaban a las personas a arrepentirse de la homosexualidad. Irónicamente, la policía aseguró que uno de los activistas pertenecía a un grupo llamado NOH8, que significa “sin odio”. Asimismo, a finales de 2014, un grupo llamado “Angry Queers” había destruido una iglesia perteneciente al Ministerio de Mars Hill, en Portland, Oregon, causando daños valorados en miles de dólares.

Con estos ejemplos podemos darnos cuenta de que los grupos de odio no pertenecen exclusivamente a aquellos que se creen superiores, sino a quienes se han sentido discriminados en algún momento y toman represalias.

Finalmente, surge una pregunta: ¿Qué hace el gobierno respecto a este tema? De acuerdo con el FBI y otras agencias policiacas, es imposible prevenir los delitos cometidos por los grupos de odio que existen en el país, pues nos encontramos sobre la pequeña línea entre los denominados “grupos de odio” y lo que llamamos “libertad de expresión”. Sin embargo, para muchos está claro que el gobierno invierte más tiempo y esfuerzo persiguiendo a inmigrantes ilegales, la mayoría de los cuales vienen en busca de trabajo y aportan algo positivo para el país, que a estas personas que cometen actos tan reprobables. Para algunos, un tema no tiene nada que ver con el otro. Para otros, esto es una clara muestra de la desorganización del gobierno y de los asuntos a los que da prioridad.

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