El olvido de los ancianos latinos en los Estados Unidos

El olvido de los ancianos latinos en los Estados Unidos

David Guzmán Fonseca- Constantemente se habla de los miles de latinos que aún no tienen acceso a la salud o que viven por debajo de la pobreza. Sin embargo, hay un grupo de ellos que sufre la falta de notoriedad en los medios: los ancianos y adultos mayores. De acuerdo con datos de la Oficina del Censo de los Estados Unidos, la población mayor de 65 años ha aumentado de 35,9 millones en 2003 a 46,2 millones en el 2014. Lo anterior representa un aumento del 29 por ciento en la última década. Se espera que esta población alcance los 98 millones de personas en el año 2060.

La población anciana hispana, aunque aún representa un grupo relativamente pequeño dentro de los mayores de 65 años, es el grupo que está creciendo con mayor rapidez dentro de los futuros retirados. Para el año 2050, los hispanos van a representar el 20 por ciento de la población anciana, muy por encima de los 7,5 por ciento que representaban en el 2014. Esto va a implicar múltiples problemas, no solo desde un punto de vista de salud pública, sino también de financiamiento y sostenimiento de los servicios para el adulto mayor.

En primera instancia, en un futuro cercano será la población hispana en los Estados Unidos la que se encargará de sostener a los adultos mayores dentro del país. Esto debido a que los jóvenes de ahora, que trabajan y aportan al sistema son en una gran parte latinos, los cuales están pagando por las pensiones y servicios sociales de los adultos mayores de otros grupos étnicos.

En segunda instancia, más de la mitad de la población hispana está empleada en los sectores de la agricultura, los servicios o la construcción. Estos sectores de trabajo no solamente son los que reciben menores remuneraciones, sino también en los que se presenta una menor disposición de los empleadores a colaborar en los aportes a pensiones y salud.

Por ejemplo, si se consideran a los trabajadores agrícolas en los Estados Unidos, es de esperarse que los jornaleros que trabajan en los campos de los Estados Unidos durante la época de cosecha no estén abonando dinero para un plan pensional. Estos hombres y mujeres al envejecer se convertirán en un grupo que al no haber trabajado dentro del sistema no podrán calificar para los beneficios de la Seguridad Social (Social Security) o del Medicare.

Si es un adulto mayor indocumentado los problemas son aun mayores. Estos segmentos de la población ante la incapacidad de acceder a trabajos en su avanzada edad y al estar legalmente imposibilitados a demandar algo por parte del gobierno, no pueden más que recaer en la ayuda de familia o la comunidad.

De acuerdo con un estudio publicado en el 2012 por Nari Rhee de la Universidad de Berkeley, 19 por ciento de los latinos mayores de 65 años tienen ingresos inferiores a la línea de pobreza, comparado con el promedio de 9,4 por ciento para el resto de la población mayor de 65 años (el porcentaje para los blancos no hispanos es de 7,4 por ciento). Este estudio también encontró que menos de una tercera parte de los hispanos con un trabajo a tiempo completo cuenta con un plan de retiro parcialmente financiado por su empleador.

En cierta medida existe un componente cultural, puesto que en muy contadas ocasiones los adultos mayores hispanos deciden depender de personas no relacionadas con la familia. Esto supone una nueva serie de políticas que consideren las necesidades de ancianos que no necesariamente desean ir a una casa de retiro, sino que por el contrario siguen teniendo fuertes lazos con su comunidad y familia.

Igualmente, el idioma se convierte en otra barrera. No todos los adultos mayores hablan inglés o entienden las terminologías médicas que se utilizan en los centros de hospicio o de retiro. Sin duda, esta inhabilidad para comunicarse y generar lazos de confianza va a ser una traba para ellos.

Con una población envejeciendo y con una mayor proporción de hispanos, los ancianos hispanos muy pronto se van a convertir en un grupo enorme en los Estados Unidos. Este grupo, que para muchos es invisible, debe comenzar a hacer parte de los cálculos del gobierno y este debe generar mecanismos que permitan que ellos tengan derecho a una vejez digna.

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