Se reencuentra el Papa Francisco con su América Latina

Se reencuentra el Papa Francisco con su América Latina

Iralee Acosta- La semana pasada, Jorge Mario Bergoglio, “Francisco”, el primer Papa latinoamericano, realizó una visita de ocho días a Ecuador, Bolivia y Paraguay, tres países de América Latina con índices de pobreza elevados —tan elevados como su fe espiritual, según el pontífice—. “Mi deseo es estar con ustedes, compartir sus preocupaciones, manifestarles mi afecto y cercanía y alegrarme con ustedes también. Quiero ser testigo de esta alegría del Evangelio y llevarles la ternura y la caricia de Dios, nuestro Padre, especialmente a sus hijos más necesitados, a los ancianos, a los enfermos, a los encarcelados, a los pobres, a los que son víctimas de esta cultura del descarte”, anticipó el Papa días antes de su llegada a Latinoamérica y agregó con la humildad que lo caracteriza: “Muchas gracias, hasta prontito y, por favor, no se olviden de rezar por mí”.

Entre los diversos temas a tratar, el Pastor Universal hizo énfasis en la necesidad de ayudar a los más desamparados. “En el presente, también nosotros podemos encontrar en el Evangelio las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación, sin exclusiones, para que los logros y todo este progreso en desarrollo que se está consiguiendo se consolide y garantice un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables que son la deuda que todavía toda América Latina tiene. [...] Para esto, señor presidente, podrá contar siempre con el compromiso y la colaboración de la Iglesia”, señaló a Rafael Correa, presidente de Ecuador, en su visita a ese país.

“Que son la deuda que todavía toda América Latina tiene” fue una frase que, sin duda alguna, sacudió millones de mentes y corazones. Es un mensaje de unión que invita a los hombres a pensar en el prójimo, a ayudarlo a levantarse y a no desampararlo.

Cabe señalar que los gobiernos de Ecuador, Bolivia y Paraguay declararon feriado al menos un día de visita episcopal, para que todos los ciudadanos tuvieran la oportunidad de asistir. Niños indígenas regalaron artesanías al Papa, los feligreses le saludaban, le aplaudían y le tiraban pétalos y flores, al mismo tiempo que gritaban con fervor: “¡Bienvenido!”, “¡El Papa, el Papa!”, “¡Viva el Papa!”, “¡Viva Francisco!”. Como era de esperarse, el Pontífice dio varias muestras de su sencillez, como saludar de mano a los fieles que lograban acercarse a él, y una más que nadie se esperaba: salir a rezar por la noche a la calle con ellos para que su viaje valiera la pena y pudieran irse a descansar.

En Bolivia, Francisco declaró que “todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, razonables, equitativas y duraderas. Y, en todo caso, nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución”. Además, resaltó su simpatía por los logros de Evo Morales, el presidente de este país, pues asegura que éste valora las minorías. Por su parte, Morales obsequió al Papa un crucifijo en el que se representa a Cristo en el símbolo comunista de una hoz y un martillo, detalle que, sin duda alguna, lo desconcertó. Muchos calificaron al presidente de irrespetuoso e ignorante; sin embargo, éste defendió su acto señalando que dicha escultura tiene un significado histórico, pues fue diseñada una similar por el sacerdote jesuita Luis Espinal, quien fuera asesinado por ser un defensor de los derechos humanos y a quien Francisco rindió homenaje cerca del lugar donde fue encontrado su cadáver.

El Papa concluyó su gira latinoamericana el sábado en las afueras de Asunción, Paraguay con una misa asistida por más de un millón de personas. Bajo una llovizna en un campo lleno de lodo, Francisco imploró “vivir la hospitalidad” a los asistentes: “Cuánto bien podemos hacer si nos animamos a aprender el lenguaje de la hospitalidad… Cuántas heridas, cuánta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido. Hospitalidad con el hambriento, con el sediento, con el forastero, con el desnudo, con el enfermo, con el preso, con el leproso, con el paralítico. Hospitalidad con el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido. Hospitalidad con el perseguido, con el desempleado. Hospitalidad con las culturas diferentes, de las cuales esta tierra es tan rica. Hospitalidad con el pecador”, declaró, haciendo eco de las propias enseñanzas de Jesús.

Se estima que alrededor de 1.800 comunicadores de más de 350 medios estuvieron acreditados para participar en lo que ha sido denominado “un reencuentro histórico” entre el Papa y su natal Latinoamérica. Las cadenas televisivas hispanas han cubierto su visita para hacer llegar hasta las casas de todos los televidentes el mensaje tan esperado de unión, justicia, paz, esperanza y amor. Desde que fue designado Papa, en 2013, Bergoglio ha tocado millones de corazones con su humildad; corazones no solamente católicos, sino de otras religiones e incluso ateos, quienes aprecian todo lo que está haciendo para conectarse al mundo moderno y llamar la atención sobre problemas actuales.

Francisco ha sido el primer papa en valorar y respetar homosexuales, madres solteras, personas divorciadas y creyentes no católicos, entre otros. Todos los seres humanos significan lo mismo para él, y no solo de ahora que se convirtió en papa, sino desde siempre. Aun cuando la Iglesia sigue reprobando la homosexualidad y ha calificado la legalización del matrimonio gay como “una derrota para la humanidad”, en su visita a Brasil en el año 2013, el Papa dijo: “si una persona es gay, se acerca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?”, una clara muestra de su imparcialidad.

En los últimos tiempos, la Iglesia ha perdido una infinidad de creyentes debido a sus estrictos dogmas; sin embargo, la postura del Papa Francisco en oposición a varios de ellos, sobre todo en América Latina, donde viven dos de cada cinco católicos que hay en el mundo, ha mostrado cambios tanto sociales como religiosos rápidamente.

Del mismo modo, el Pontífice ha devuelto la participación política a la Iglesia en Latinoamérica, apoyando la pacificación entre Cuba y Estados Unidos (países que visitará en septiembre), por ejemplo, entre otros ‘milagros’, como los llaman los creyentes por ser eventos casi increíbles. Es por eso que las expectativas con su visita han sido altas.

En conjunto con lo anterior, como suele suceder en cada visita papal y como un “mensaje de reconciliación social”, ha logrado la liberación de varios reos de las distintas cárceles de Ecuador, Bolivia y Paraguay. Incluso, visitó Palmasola, el centro penitenciario más sobrepoblado de Bolivia, donde la violencia se ha hecho presente, dejando 38 muertos en agosto de 2013, luego de una riña que se originara ahí adentro. Miles de reos, la mayoría de los 5.000 con los que cuenta el penal, no han sido aún sentenciados; sin embargo, el gobierno de Evo Morales agilizaría los trámites de tal modo que se ejecutaron alrededor de 583 sentencias a raíz de la visita de Francisco.

Por otra parte, la visita del Papa influyó también en la infraestructura de las tres regiones. Por ejemplo, el gobierno de Horacio Cartes aceleró la reparación de importantes carreteras en Paraguay, entre ellas la ruta 9, que conecta a esta nación con su país vecino, Argentina. Dado que el Papa no visitaría su tierra natal, estaba previsto que cientos de miles de Argentinos viajarían hasta Paraguay para verlo.

Los gobiernos de cada país a ser visitado invirtieron millones de dólares para hacer las adecuaciones necesarias para recibirlo a él, junto con todos sus feligreses. Ecuador destinó cerca de $3 millones de dólares, Bolivia $1,7 millones aproximadamente, mientras que Paraguay alrededor de $2 millones. No obstante, las ganancias de cada país a raíz de la visita episcopal multiplicarían por mucho la inversión. Se estima que en Ecuador y Bolivia se rebasarían los $100 millones, mientras que en Paraguay se alcanzarían los $200 millones.

Finalmente, se puede apreciar que la visita del Pontífice a tierras latinoamericanas no solamente dejó cuantiosas ganancias económicas a los lugares por los que pasó. Más de un 80% de la población en América Latina es católica, pero la palabra de Francisco llega más allá. Muchos pensarán que cualquier hombre bajo ese cargo es un pastor universal de fe, de esperanza y de amor; no obstante, para millones más, este papa es especial, y su mensaje, que abre las puertas de la Iglesia a cualquier persona, sin excepciones, representa la promesa de un verdadero cambio no sólo dentro de la institución, sino del mundo entero. “Un mundo en el que, algún día, todos seremos iguales aquí en la tierra, tal y como lo somos ante los ojos de Dios”.

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