Ayotzinapa: pasa el tiempo, crece el misterio

Ayotzinapa: pasa el tiempo, crece el misterio

Mario Vallejo- Casi diez meses han pasado desde la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, México, y durante todo ese tiempo 43 familias angustiadas con un país respaldándolas han protestado para que se haga justicia por el grotesco acontecimiento que puso a México en la mira de todo el mundo de una forma muy lamentable. Pese a que se señaló a la policía municipal y a dos personas —el alcalde de Iguala, Luis Abarca, y su esposa, María de los Ángeles Pineda— como los responsables, la investigación no ha avanzado, aun con los testimonios de sobrevivientes de aquella escalofriante noche en la que aseguran que fueron ejecutados a sangre fría.

Con el tiempo crece la molestia colectiva por los dudosos testimonios y las pruebas forenses con resultados que dejan mucho que desear. El padre de uno de estos estudiantes dijo a los medios que “en este momento toda su investigación se está cayendo a pedazos...vamos a buscar la verdad hasta que encontremos a nuestros hijos”; esto porque cada vez la versión del gobierno es más difícil de sostener.

Los angustiados padres sostienen que todo el asunto está oculto por voluntad del gobierno mexicano, dado que fueron elementos de seguridad los involucrados, y cuando se presentaron los resultados de la mano de 10 forenses argentinos se cuestionó mucho el manejo de los elementos por parte de los investigadores locales.

En el mes de enero el gobierno mexicano dio a conocer en un comunicado que las pruebas estaban agotándose y que el caso estaba próximo a ser cerrado. Ante la lucha de los familiares se accedió a que se tuviera ingreso a las bases militares para descartar secuestros, pero hasta el sol de hoy eso no ha sucedido.

En la última década en México han desaparecido más de 22.000 personas en circunstancias similares; esto es solo la gota que derramó el vaso. La violencia relacionada al narcotráfico se ha salido de control y el pueblo lo sabe y reclama que se haga justicia. Señalan a las autoridades como responsables no solo por la impunidad, sino por los actos en sí.

Varias personas han formado un grupo y buscan en las afueras de la ciudad por fosas clandestinas, esperando encontrar por cuenta propia un poco de paz dentro de esta pesadilla. Puesto que aún no se han encontrado los cadáveres de los jóvenes, esto a su vez enciende una pequeña luz de esperanza por encontrarlos con vida.

Cada día son más voluntarios en las búsquedas y aportando ADN para corroborar algunos datos. Se realiza esta obra con la esperanza intacta, ya sea para llevar paz a las familias o —como aseguran ellos mismos— para resolver este misterio. Aun sin el apoyo del gobierno mexicano, cuentan con el respaldo de millones de personas alrededor del mundo.

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