Como frenar a los “NARCOS” en México

Como frenar a los “NARCOS” en México

Luis Germán Sánchez- El vecino sureño de los Estados Unidos atraviesa desde el siglo pasado una de las peores crisis de su historia, una que impacta y afecta a todos los estamentos de su sociedad. ¿Su origen? El narcotráfico. El narcotráfico inicia en México como negocio (tal y como se observa hoy) porque se vio la oportunidad de aprovechar el creciente número de consumidores de marihuana en los Estados Unidos y porque el gobierno mexicano en esos años no tuvo el liderazgo, la fuerza, ni la pulcritud necesarias para evitar su crecimiento. Así las cosas, la frontera se convirtió en el corredor perfecto para el contrabando no solo de la hierba hacia los EE.UU, sino también del dinero sucio, producto de la venta, que debía retornar al país. Esta semilla del mal se fue arraigando hasta transformar al país azteca en uno de los lugares más afectados por la delincuencia organizada en el mundo.

Pero, ¿puede un país como México frenar la acción de los narcos? Aunque parezca imposible, yo diría que sí.

Así como en el pasado los elementos criminales en México se aprovecharon para mal su vecindad con los Estados Unidos, hoy el gobierno debe catalizarla hacia lo bueno con tratados bilaterales benéficos y efectivos. Puede también tomar el ejemplo de países con situaciones similares que, aunque no erradican sus problemas del todo aún, sí han hecho significativos avances y han recuperado la institucionalidad de antaño. Casos como los de Italia o Colombia son dignos de imitar puesto que, aunque el sacrificio ha sido alto especialmente en vidas humanas, hoy regresan con paso firme hacia la reconciliación y la restauración política, jurídica y social.

Italia es un buen ejemplo de lo que se puede hacer. Pese a que el origen de la mafia italiana se remonta al año de 1860 aproximadamente, pese a que trascendió las fronteras hasta llegar a las calles de los Estados Unidos (Nueva York, Chicago), pese a que gracias a las enormes ganancias económicas logró permear y corromper no solo a las estructuras políticas y jurídicas, sino que también extendió sus tentáculos a ámbitos como el artístico y el deportivo... pese a esto y más, la mafia italiana ha sido acorralada, neutralizada, y su radio de acción reducido a actividades de bajo perfil y ganancia.

¿Cómo pudo Italia alcanzar este propósito? Es indudable que la cohesión de la sociedad y sus instituciones en torno a la solución de un problema que afecta a todos es el camino más efectivo que existe y esto fue lo que se dio allí.

Gracias a que la estructura jerárquica de la mafia italiana es más o menos directa, se pudo infiltrar a cada uno de sus niveles, aprender y reconocer su “modus operandi” y medir sus alcances de corrupción a nivel político, judicial y policial; luego se emprendió la arremetida desde sus bases (asociados) y así sucesivamente hasta alcanzar al mando superior conocido como “el Don”. Fue (y tal vez sigue siendo) un trabajo arduo, bien pensado, costoso económicamente e invaluable en vidas sacrificadas, pero gracias a ello podemos decir que la mafia italiana tanto en su país como en los Estados Unidos es un capítulo negro que debe ser archivado.

Un caso más cercano a México es el de Colombia, quien, en la década de 1980 especialmente, se vio sacudida por el crimen basado en las drogas. No hubo en Colombia ningún ente que no fuera permeado por los dineros sucios del infame negocio -desde equipos deportivos hasta concursos de belleza se manipularon por orden de los “patrones”-. Poco faltó para que Colombia se convirtiera en un “narco estado”, o peor aún, en un estado fallido.

En 1986 se firmó la ley 30 de estupefacientes, una ley cien por ciento incluyente con la que se trató de crear una base reglamentaria que hablara un lenguaje común en todo el orden nacional, desde la definición de Droga, pasando por la normativa comercial para la importación de precursores, hasta campañas de educación y prevención.

En 1991 se reformó la constitución, entró en vigencia la justicia “sin rostro” para la protección de los jueces, se aprobaron tratados de extradición y el país se adhirió a foros multilaterales, como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC por sus siglas en inglés).

Sin embargo, con la llegada del siglo XXI el narcotráfico evidenció su alianza macabra con las guerrillas (aparentemente comunistas), el secuestro político y extorsivo se volvieron cotidianos y la desconfianza del pueblo colombiano en sus líderes llegó a niveles insospechados. Como bien reza el refrán: “si ya estás en el fondo, no hay más remedio que subir de nuevo”, y a Colombia no le quedaba otra alternativa, así que era el tiempo de realizar cambios radicales que reencauzaran al país.

Especialmente durante los años 2002 a 2010, Colombia hizo reformas en lo social para reducir la brecha entre ricos y pobres, en lo agrario para el fomento de la agricultura y la sustitución de cultivos ilícitos, en lo financiero para evitar el lavado de activos y la evasión de impuestos y en lo jurídico para endurecer las penas a los delitos de narcotráfico y conexos. En lo militar se debilitó a las guerrillas y se dieron de baja a sus principales cabecillas, y en lo político se instituyeron leyes para combatir la tramito­manía y promover la meritocracia. En una palabra Colombia encontró el camino, y hoy por hoy, aunque falta bastante para eliminarlo por completo, el narcotráfico ya no es la gran prioridad que era dentro de las políticas de desarrollo y de Estado en Colombia.

Ahora bien, con estos ejemplos, se pone de manifiesto que sí es posible derrotar al narcotráfico, que se puede mirar hacia adentro del presente para detectar las debilidades y corregirlas, que se puede generar más conciencia cívica, que se pueden fortalecer las instituciones, que el pueblo en general es más grande y fuerte que un puñado de delincuentes, que si se crean, desarrollan y fortalecen políticas sensatas coherentes guiadas con liderazgo, compromiso y honestidad no queda otro camino que el progreso, la igualdad y el bienestar.

México tiene la fuerza para cambiar su historia y derrotar este mal. Aunque no pretendemos ser facilistas, la fórmula sería algo así:

  • Cerco a la fuerza económica de los narcos a través de una política fiscal efectiva.
  • Fortalecimiento del todo el aparato judicial y endurecimiento de penas.
  • Apertura política y de participación (una real democracia).
  • Desarrollo de infraestructura y tecnología (genera empleo y desarrollo).
  • Ampliación de cobertura y modernización a los sectores de Salud y Educación. ­
  • Creación y aplicación de una política anticorrupción de múltiple alcance y a todo nivel.

Todo lo demás esta dado para que México cierre filas en contra del narcotráfico y sea el dueño de su destino hacia un futuro de desarrollo y paz.

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