Egipto: la democracia y los juegos políticos

Egipto: la democracia y los juegos políticos

David Guzmán Fonseca- Mucho se habla de Egipto y sus pirámides, pero tal vez muy poco se sabe de su turbulenta y complicada historia política. En años recientes se ha hablado de las protestas en varias ciudades egipcias, en especial en la capital El Cairo, buscando un cambio en el régimen político. Lo que se ha llegado a conocer en el mundo occidental como la “Primavera Árabe” consistió en una serie de protestas populares en varios países árabes y del Sahara Occidental que comenzaron en el 2010. Estas protestas populares buscaban en su mayoría un cambio a los regímenes políticos existentes, principalmente la inclusión de principios democráticos en sistemas mayoritariamente autoritarios.

En el caso egipcio se buscó la apertura del sistema democrático, principalmente al imposibilitarse la elección de candidatos de oposición al gobierno del ex presidente Hosni Mubarak, quien ostentaba el poder desde 1981. Sin embargo, el sistema político egipcio se ha caracterizado por sus turbulencias y características antidemocráticas durante muchas décadas antes de la llegada al poder de Mubarak, y lo ha seguido haciendo después.

Antes de 1952, Egipto era un régimen monárquico altamente dependiente de la corona Británica. Solamente sería hasta un golpe de Estado a principios de los cincuentas que los militares egipcios buscarían la implementación de un régimen político con participación y elección popular. En 1953, el general Muhammad Naguib se declaró presidente, sólo para ser derrocado por el vicepresidente Gamal Abdel Nasser en el siguiente año.

El presidente Nasser instauró un gobierno de corte socialista, con lazos cercanos a la Unión Soviética, hasta su muerte en 1970, cuando el entonces vicepresidente Anwar el‐Sadat asumió el poder y aprobó una nueva constitución en 1971. Tomó una posición más cercana a los Estados Unidos e intentó remediar los conflictos existentes con Israel. Este acercamiento con Occidente e Israel llevó a un debilitamiento de las relaciones con los países árabes y a que algunos sintieran que el gobierno de Sadat estaba traicionando los principios de la nación árabe, por lo cual fue asesinado en 1981 por grupos ultranacionalistas árabes, llevando al poder al entonces vicepresidente Mubarak.

A pesar del carácter dictatorial que caracterizó al gobierno Mubarak y que llevaría a su derrocamiento en el 2011, este presidente contó con el apoyo de los Estados Unidos durante más de tres décadas. Desde el comienzo de su presidencia, Mubarak declaró el “Estado de Emergencia”, y con este restringió la participación política, además de la libertad de expresión y prensa. Sin embargo, el apoyo del gobierno de Mubarak en 1991 a los aliados occidentales, quienes buscaban la expulsión de las tropas iraquíes de Kuwait, selló que Estados Unidos y otras potencias occidentales se convirtieran en aliados del Egipto de Mubarak. Durante décadas de represión por parte de las fuerzas en el poder, el gobierno estadounidense continuó beneficiando de forma continua al gobierno egipcio, principalmente a través de ayuda militar.

Después de tomar el poder las fuerzas militares egipcias en el 2011, ante la dimisión del presidente Mubarak, sólo se llevarían a cabo elecciones presidenciales hasta junio de 2012. En estas elecciones llegaría al poder el candidato Mohammed Morsi, quien representaba al hasta entonces partido opositor “Hermandad Musulmana”. Con el nuevo gobierno llega una nueva Constitución con un fuerte contenido islámico que restringe aún más la libertad de expresión. Esta Constitución, a pesar de ser aprobada por una gran porción de la población, es criticado por otro amplio sector de la sociedad. Esto lleva a nuevas protestas, tensión y a que los militares actuaran en julio de 2013, llevando a expulsar al gobierno islamista de Morsi.

En diciembre de 2013, el partido de la “Hermandad Musulmana” es declarado un grupo terrorista y la nueva Constitución prohíbe la existencia de partidos políticos basados en religión. En mayo de 2014, el antiguo ministro de Defensa del gobierno Morsi es elegido como nuevo presidente de Egipto ante las críticas del sector musulmán que había visto a gran parte de los miembros de la Hermandad Musulmana ser encarcelados y condenados a muerte, entre ellos el ex presidente Morsi.

La elección del nuevo presidente egipcio fue encontrada por un apoyo generalizado en la comunidad internacional, especialmente en países cercanos a Occidente, como lo son Egipto y los Emiratos Árabes. Por su parte, aunque en un principio los Estados Unidos mostró un poco de descontento ante la forma en que Morsi había salido del poder y criticó la captura de varios periodistas de Al‐Jazeera, la BBC ha revelado que en el 2014 éste había descongelado la ayuda militar a Egipto en una cuantía cercana a los 500 millones de dólares.

Como bien se puede ver la situación en Egipto después de la “Primavera Árabe” está lejos de estar resuelta. Por el contrario, la participación política de ciertos grupos parece sólo conseguirse a través de la exclusión de otros. Por su parte, los Estados Unidos parece apoyar a aquellos gobiernos que vayan acorde a sus intereses nacionales o que apoyen a sus aliados en la región, fundamentalmente a Israel. Lamentablemente, en el medio de estos juegos políticos nacionales e internacionales quedan millones de egipcios que solo buscan que después de décadas de inestabilidad y exclusión política, sus voces puedan ser escuchadas.

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