“Democracia” en línea: Presidentes Twitteros

“Democracia” en línea: Presidentes Twitteros

David Guzmán Fonseca- Hace un par de semanas el presidente estadounidense Barack Obama abrió su cuenta de Twitter y en cuestión de minutos alcanzó los varios millones de seguidores. Sin embargo, en América Latina la presencia de los mandatarios en las diferentes plataformas virtuales es algo común a la forma de hacer política en la actualidad. Plataformas como Twitter han permitido que los presidentes respondan, informen y se comuniquen con sus constituyentes de forma más directa. A pesar de que no debería ser una sorpresa encontrar a los gobernantes en línea, la forma en que cada uno de estos interactúa con sus seguidores es bastante particular en el caso latinoamericano. Por ejemplo, en el caso norteamericano es bastante claro que el presidente Obama cuenta con un grupo de asesores que redactan y revisan sus trinos. En América Latina, hay bastantes casos en los que es claro que a los políticos les hizo falta un poco de asesoría.

No es de más recordar los casos bochornosos en los que varios mandatarios o ex mandatarios no se comportaron a la altura de sus cargos. Por ejemplo, un caso bastante peculiar fue el de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner en su visita a China en febrero de 2015. Durante su viaje, la mandataria publicó un trino en el que hablaba sobre una reunión con varios ciudadanos chinos y se burlaba sobre su acento al escribir que posiblemente estos dirían “aloz” y “petlóleo” en vez de arroz y petróleo. El chiste que cayó muy poco bien entre argentinos y foráneos muestra que plataformas como Twitter pueden debilitar la imagen de un político, tanto como la pueden fortalecer. Sin lugar a dudas el que un ciudadano cualquiera pueda reclamarle o hacerle una pregunta a un mandatario genera una relación más directa entre gobernantes y gobernados. Esto posibilita que uno de los objetivos de la democracia sea conseguido de una forma mucho más fácil. Este es el que las demandas y necesidades de aquellos que otorgan el poder a un político sean escuchadas e incluidas dentro de las decisiones del que gobierna.

Por ejemplo, el presidente ecuatoriano Rafael Correa responde a reclamos de ciudadanos de diferentes partes del país a través de su cuenta de Twitter. Muchos de los trinos que recibe son sobre la falta de prestación de ciertos servicios o sobre casos de corrupción. Es normal que el presidente responda a estos correos con la frase “Por favor atender”, incluyendo al encargado o político de la zona en la cual se genere el reclamo ciudadano. Esto hace pensar que el caso al haber sido conocido por el mandatario de la nación llevará a que se genera una mayor presión sobre los dirigentes locales para que hagan algo.

Pero de lo anterior cabe preguntarse hasta qué punto lo que se avisa y se promete por Twitter lleva realmente a que el problema sea solucionado. Hay un gran espacio entre mencionar a alguien por Twitter y conseguir que una carretera sea pavimentada en un rincón del Ecuador. Por otro lado el que un mandatario sea tan público y responda a muchos de sus menciones en Twitter hace pensar que se está cayendo en un gobierno que gira alrededor de una sola persona o mejor aún, en una sola cuenta de Twitter. Como raro, se puede terminar cayendo en un gobierno personalista y centrado en una sola persona, una monarquía democrática de las que tanto se dan en América Latina.

Lamentablemente en el caso ecuatoriano, aunque el presidente aboga por una democracia en línea, al mismo tiempo limita los derechos a la libre expresión por parte de diarios e individuos, como lo demostró la limitante Ley de Comunicaciones aprobada el año pasado por la Asamblea Nacional. Esta permite que el gobierno controle lo que se publica en línea, así como posibilita que se consiga información de las personas que la publican.

La tecnología puede ayudar y facilitar que los gobernados y gobernantes se comuniquen de una forma más directa, pero esto puede venir a un alto precio. Cabe preguntarnos hasta qué punto, en una región donde abunda el personalismo y la aglomeración del poder en unos pocos, gobernar a trino realmente ayuda a profundizar la democracia.

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