Intervenciones militares de Estados Unidos: ¿Altruismo o egoísmo?

Intervenciones militares de Estados Unidos: ¿Altruismo o egoísmo?

David Guzmán Fonseca- Hoy en día mucho es lo que se debate con respecto a la invasión a Iraq e Afganistán. Existe la idea de que los Estados Unidos intervienen en conflictos o confrontaciones internacionales en defensa de países que son aliados de la nación. Otros piensan que los gobiernos estadounidenses al intervenir en estos conflictos sólo buscan promover sus propios intereses. Por un lado, muchos sostienen que la política internacional del gobierno estadounidense se basa en el ideal de defender a sus aliados y seguir lo firmado en diferentes tratados de cooperación, lo cual puede llevar a intervenciones militares en otros países.

Es decir que muchos asumen que las alianzas de los Estados Unidos con múltiples países alrededor del mundo han generado obligaciones para que este país se involucre en conflictos que no son de su interés. Lo anterior quiere decir que la capacidad del gobierno estadounidense para decidir en su política internacional está limitada por sus alianzas internacionales. Tales han sido los casos bajo los cuales el gobierno ha apoyado de forma enfática la defensa de países como Corea del Sur, Japón o Israel.

Si consideramos este punto de vista, se podría pensar en un Estados Unidos altruista y que actúa e interviene conforme a sus obligaciones jurídicas internacionales.

Sin embargo, otros (incluyendo varios mandatarios latinoamericanos) consideran que las acciones en materia de política internacional de los Estados Unidos responden a sus propios intereses y que los tratados internacionales bajo los cuales cobijan sus decisiones sólo son una fachada intervencionista.

Si se observa la historia de América Latina se puede ver que esta posición podría tener cabida dentro de los sucesos políticos de la región desde la segunda mitad del siglo XX.

Por ejemplo, el apoyo del gobierno estadounidense a dictaduras militares de derecha en el Cono Sur durante los años sesenta y setenta son una muestra de esto. En países como Chile, documentos de inteligencia revelados en la última década demuestran que los gobiernos norteamericanos dieron apoyo militar y económico para el derrocamiento de gobiernos de izquierda, como fue el del presidente Salvador Allende en 1973.

Igualmente las invasiones en Guatemala en 1954 y Panamá en 1989 no parecen obedecer a la defensa de aliados o tratados, sino a la defensa de intereses políticos del gigante del Norte en Centroamérica.

Cabe entonces preguntarse si la participación de los Estados Unidos en múltiples conflictos alrededor del mundo son el resultado de obligaciones adquiridas o por el contrario obedecen a decisiones deliberadas del gobierno estadounidense.

Un estudio publicado en la revista International Security de la Universidad de Harvard en los Estados Unidos por el profesor Michael Beckley da un primer paso para responder estas inquietudes. El autor estudia todas las confrontaciones militares en las que los Estados Unidos se ha involucrado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En especial hace un énfasis en las disputas que incluyen varios Estados y cómo los estadounidenses pudieron haberse involucrado por defender a sus aliados.

Los resultados de dicho estudio revelan que en un lapso de 62 años, los Estados Unidos sostuvieron más de 60 alianzas, pero sólo en cinco casos el gobierno se vio forzado a actuar como resultado de sostener dichas coaliciones. Así mismo, en todos estos casos existieron otros factores que promovieron la participación de este país y así mismo los miembros del gobierno estadounidense contaron con libertad para decir hasta qué punto involucrarse en dichos conflictos. Lo anterior quiere decir que en gran parte de los sucesos analizados, las obligaciones impuestas por los tratados internacionales de defensa no determinaron que los Estados Unidos se involucraran en un conflicto interestatal.

Por el contrario, se encuentra que en las confrontaciones estudiadas las acciones de los Estados Unidos fueron impulsadas por una alineación de sus propios intereses con la de sus aliados. En gran parte de los casos incluso fueron los miembros del gobierno norteamericano los que abogaron por actuar militarmente y movilizaron a sus aliados para unirse a la lucha.

Así, parece entonces que la política internacional de los Estados Unidos no obedece a su interés por defender a sus aliados o los tratados que firman con estos, sino que obedece a sus propios intereses. Por lo menos en los casos analizados por el profesor Beckley, la participación de los Estados Unidos en conflictos militares obedece más al egoísmo que al altruismo. Esto abre una puerta más para discutir la participación e intervención de los Estados Unidos en países de América Latina, en especial si el gigante quiere conseguir una mejor imagen en su vecindario.

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