Óscar Romero y la eterna lucha por El Salvador

Óscar Romero y la eterna lucha por El Salvador

Mario Vallejo- El Salvador se llenó de alegría para celebrar la beatificación del Arzobispo Óscar Arnulfo Romero entre opiniones divididas. Lo cierto es que para los pobres es desde ya un santo y así como fue en vida su eterno defensor. Recientemente se cumplieron 35 años de su asesinato el 24 de marzo de 1980. El proceso de beatificación es una ceremonia que eleva a un nivel superior a los siervos de Dios que han practicado de una manera heroica las escrituras y, en algunas ocasiones, han dado su vida en el nombre de Dios, de su iglesia y de sus fieles. Es el paso anterior a elevar a una persona a la categoría de santo.

Para obtener semejante reconocimiento no es necesario, pero sí ideal, que se trate de una persona ligada a la iglesia. Lo que más influye son sus acciones con la comunidad y la rectitud de los pasos con los que atraviesa la vida, y puede ser un laico cumpliendo exactamente los mismos parámetros.

El beato Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios en el departamento salvadoreño de San Miguel, siendo el segundo de 8 hermanos. Desde muy joven comenzó a demostrar su carácter compasivo y solidario con el prójimo y practicaba fielmente sus actividades religiosas.

En 1930, con solo 13 años, ingresó al seminario de San Miguel, y posteriormente en 1937 ingresó al de San José de la Montaña. Ese mismo año estudió teología en Roma. Fue ordenado como sacerdote en 1942 y en 1977 como Arzobispo por el Papa Pablo IV.

Romero fue un permanente luchador contra la represión militar y oligarca en El Salvador. A través de la frecuencia radial de AM difundía su mensaje principalmente entre los más pobres, y denunciaba las atrocidades que se llevaban a cabo cada día. Guillermo Cuellar, quien dirige un programa de música en una estación religiosa, no tiembla en asegurar que el mensaje tuvo la influencia que vemos hoy en día gracias a los medios de comunicación.

El 24 de marzo de 1980, justo el día después de dar un sermón en el que pedía a los militares desobedecer a sus superiores en las órdenes para reprimir el pueblo fue asesinado de un disparo en el pecho frente a toda su congregación. Poco antes de su muerte había dado un discurso en el que daba indicios de su despedida y de que sabía lo que iba a suceder. Se presume que este hecho desencadenó la guerra civil que duró hasta 1992 y que cobró cerca de 75.000 vidas.

Miles de personas han esperado impacientes para rendir homenaje al ex arzobispo, y El Salvador ha recibido un inmenso número de visitantes que disfrutan de las bellezas del país y de los museos dedicados al ahora beato.

Así como cualquier cosa en esta vida existe otro lado de la moneda, y ese es que muchísimas personas se quejan por la preparación y el espectáculo montado en torno a Romero y lo poco que se hace para solucionar el agobiante y permanente peligro de las pandillas y el crimen organizado.

Han pasado más de 20 años de la paz declarada en el país; sin embargo, cada día crece la inseguridad y el clamor popular por una paz verdadera. Las maras o pandillas tienen en jaque a las autoridades y al pueblo que hoy más que nunca espera que se siga la lucha que inició Oscar Arnulfo Romero por la paz entre los salvadoreños y la igualdad de las personas.

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