¿Se está convirtiendo el sueño americano en una larga pesadilla?

¿Se está convirtiendo el sueño americano en una larga pesadilla?

Zandra Beaumont- Los Estados Unidos de América siempre ha hecho alarde de ser la primera potencia económica mundial, el país del sueño americano, la tierra de lo posible. Con una estructura basada en la educación, el trabajo y la disciplina, se puede lograr cualquier objetivo. En tal sentido, a lo largo de su historia, los inmigrantes han buscado en suelo estadounidense esa utopía social en la que se ha establecido la clase media, y la cual ahora parece desvanecerse. La clase media ha sido la protagonista principal de una filosofía capitalista, individualista e innovadora, que la convirtió en el núcleo fundamental de la sociedad estadounidense, impulsora de su economía y el cimiento de su democracia. Sin embargo, el sueño americano se está convirtiendo en una pesadilla: la clase media se evapora lentamente y la brecha entre ricos y pobres se hace cada vez más notoria.

El país norteamericano ha sufrido los embates de una economía que en el 2008 adoleció la peor de las crisis económicas después de la Gran Depresión de 1929. Aunque el escenario económico ha mostrado indicios de recuperación, ha dejado enormes consecuencias que se traducen en grandes desigualdades socioeconómicas; en la nueva economía estadounidense las enormes corporaciones deciden las reglas del juego, y a la clase media se le ve competir con gran desventaja.

Como consecuencia de la debacle de la Gran Depresión en 1933, el presidente Franklin Delano Roosevelt impulsó una política intervencionista para contrarrestar los efectos emanados de esta crisis financiera que había golpeado todos los estratos de la sociedad estadounidense. Este programa, conocido como New Deal (Nuevo Trato), aumentó el control gubernamental, propiciando el desarrollo industrial, la innovación tecnológica, la mano de obra y la educación; luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tomó un giro vertiginoso, convirtiéndose en la súper potencia por la cual es conocida hoy.

En consecuencia, los resultados de la economía capitalista más grande del mundo —para ese entonces— fueron abrumadores: de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), desde finales de la década de 1940 hasta principios de 1970, la economía creció a una tasa promedia anual de casi el 4%, mientras que la tasa anual de desempleo sólo superó el 6% dos veces en los 25 años comprendidos entre 1949 y 1973. Los incrementos reales de los salarios de los trabajadores por hora trabajada fue de más del 2% anual.

Sin embargo, con la llegada del presidente Ronald Reagan a la Casa Blanca, en 1981, se promulgaron políticas económicas de libre mercado, y de poca o ninguna intervención del gobierno con la intención de promover la competencia y las libertades ciudadanas así como darle fin al “Estado benefactor”. Lo que trajo consigo fue un colosal aumento del déficit fiscal que todavía hace estragos en la economía nacional.

A pesar de que durante las décadas de 1980 y 1990 revivió la bonanza económica del país, y se produjo un resurgimiento de la clase media, se culpa a la adopción de esta “desregulación” del mercado de llevar al sistema financiero norteamericano a un precipicio, cuyas consecuencias se hicieron más palpables en el 2007 a través de la crisis de las hipotecas de alto riesgo —también conocida como burbuja inmobiliaria— afectando a la banca crediticia y de inversión, así como el colapso de la bolsa de valores de Nueva York, y posteriormente de los principales mercados bursátiles del mundo.

De igual modo, otras políticas erradas por parte del Estado han traído duras consecuencias en el ámbito socioeconómico, donde las desigualdades, la exclusión social, la poca productividad industrial, la brecha monumental entre ricos y pobres, la deplorable situación de la educación pública, el crecimiento de la pobreza y otros desaciertos, han mermado la “gloriosa” clase media norteamericana.

Asimismo, luego de que se produjera la crisis financiera en el 2008, el gabinete ministerial del entonces presidente, George W. Bush, ejecuta un plan de rescate financiero, el cual inyectó un monto total de 700 mil millones de dólares a instituciones financieras, con el fin de levantar la economía del caos en que se encontraba. No obstante, para muchos este hecho se ve como poco alentador y hasta vergonzoso, al ver cómo esas organizaciones fueron premiadas por negligencia y —hasta podría decirse— codicia corporativa.

De acuerdo a la Oficina del Censo de los Estados Unidos, la tasa de pobreza en ese país se elevó a 15,7% en 2011, con 47,8 millones de estadounidenses que viven en la pobreza (1 de cada 6). La línea oficial de pobreza, determinada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, es de 22 mil 314 dólares para una familia de cuatro miembros. El número de familias que viven en la pobreza ha aumentado considerablemente desde 2006 y continúa en ascenso. Además hubo un repunte de la tasa de desempleo, que para el 2010 alcanzó el 10% —pero finalmente reveló rastros de mejoría del 5,5% en el 2014— según datos del Departamento Nacional de Trabajo.

Por otro lado, según un estudio del Pew Research Center, las familias consideradas ricas alcanzaron una media de ingresos de 639 mil dólares anuales, un 7% más que hace tres años, un margen que creció con respecto a las familias de clase media, que se mantuvieron sin cambio alguno desde 2010. Al mismo tiempo, el 1% más rico ha acumulado más ingresos que el resto. Desde 1979 hasta el 2007, el 1% de las familias más pudientes han visto sus ingresos crecer un 275%. Por su parte, las familias menos afortunadas registraron un incremento en sus ingresos de alrededor del 18%, de acuerdo a un estudio de la Oficina de Presupuesto del Congreso.

De igual modo, según datos ofrecidos por la Oficina Nacional de Censo, en el 2011, un total de 151 millones 14 mil personas recibieron alguna ayuda o subsidio de algún programa gubernamental, lo que se traduce en 49,2% de la población viviendo de la beneficencia estatal. También se exhibe que el número de personas que recibe ayuda alimentaria se ha elevado a un récord de casi 50 millones de estadounidenses en pocos años.

El presidente Barack Obama llega a ocupar la Oficina Oval en 2009, pregonando un “cambio” de las políticas económicas, lo cual no ha sido fácil de realizar, debido a la herencia de este laberinto socioeconómico en el que la nación sigue intentando buscar una salida.

Por último, se debe destacar que la clase media estadounidense —aunque gradualmente más en decadencia— todavía mantiene su espíritu firme, perseverante y esperanzador que forjó las bases de su sociedad, y el que la ha llevado a ser un país del Primer Mundo. Entre tanto, el presidente Obama y algunos gobernantes buscan delinear una agenda progresista enfocada en rescatar y beneficiar a la clase media. Tal como lo expresó el primer mandatario en su último discurso ante el Congreso de la nación: "Eso es lo que significa la economía de la clase media: la idea de que este país va mejor cuando todos tienen una oportunidad justa, todos ponen de su parte y todos siguen las mismas reglas”.

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