A 50 años de Selma, la lucha por los derechos civiles ahora toca a los Latinos

A 50 años de Selma, la lucha por los derechos civiles ahora toca a los Latinos

David Guzmán Fonseca- El pasado 7 de marzo de 2015 el presidente estadounidense Barack Obama conmemoró en la ciudad de Selma en el estado de Alabama los 50 años del “Domingo Sangriento” (Bloody Sunday en inglés) y de las marchas por los derechos civiles de los afroamericanos. La fecha tiene este nombre debido a que en ese día, marchantes afroamericanos fueron atacados y encarcelados por policías blancos, sin haber sido condenadas sus acciones por las entidades gubernamentales locales. Los marchantes buscaban recorrer varios condados de Alabama y llegar a la capital estatal para pedir por la igualdad ante la ley y el fin de la segregación racial. Durante esta época, era común la existencia de leyes que permitían tratos preferenciales para los blancos, que iban desde servicios básicos como sillas en restaurantes y transporte público, hasta la segregación de escuelas o la aplicación desigual de los requisitos para el registro de votantes. En otras palabras, era legal y común encontrar sillas en restaurantes o buses en los que sólo se podían sentar los blancos. Así mismo los requisitos para votar que se le aplicaban a los afroamericanos eran más complicados que los que se le imponían a los votantes blancos, por ejemplo exigiéndoseles ciertos niveles de alfabetización. A raíz de estas limitaciones fue que hace 50 años el movimiento por los derechos civiles buscaba la aprobación de una ley que acabara con la discriminación en el sistema electoral estadounidense. La Ley del Derecho al Voto (Voting Rights Act of 1965) prohibió la imposición de restricciones al voto de grupos minoritarios y creó medidas para que la participación electoral de estos grupos aumentara. A pesar de esto, en su discurso en conmemoración de los sucesos de Selma, el presidente Obama llamó la atención sobre cómo a pesar de dicha ley y el movimiento de derechos civiles estadounidense, la participación electoral en los Estados Unidos era bastante baja. Algo que el presidente olvidó mencionar en su discurso es que muchos estados de los Estados Unidos han impuesto una serie de medidas que nuevamente pueden poner limitaciones al ejercicio del derecho al voto.

En la actualidad, 34 estados de la Unión requieren que los ciudadanos tengan algún tipo de identificación no vencida (en algunos casos con foto) que permita determinar si la persona tiene el derecho a votar e incluso determinar su estatus legal. Aunque las nuevas leyes electorales impulsadas en los últimos años no generan tantas restricciones como las impuestas anteriormente, se alega que van a generar un mayor impacto sobre grupos minoritarios. Esto debido a que generan una serie de costos asociados para una población que cuenta con menores niveles de ingreso económico.

De acuerdo con un estudio de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de los Estados Unidos (Government Accountability Office – GAO), se encuentra que las leyes electorales que exigen identificaciones para votar en Kansas y Tennessee disminuyeron la participación electoral en un 3% en Kansas y un 2,7% en Tennessee. Los impactos son aún mayores cuando se compara los efectos entre blancos y afroamericanos. Igualmente, en la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos con respecto a la demanda contra la Ley de Identificación del Votante del estado de Texas, la magistrada de la Corte Ruth Bader Ginsburg argumentó que la aplicación de dicha ley tendría como resultado que más de 600.000 votantes texanos registrados (cerca del 4,5% de todos los votantes registrados) se abstuvieran de votar ante la inexistencia de identificaciones apropiadas. Aunque muchos asumen que obtener este tipo de identificaciones es algo que cualquiera puede hacer con facilidad, la realidad puede ser otra para muchos. La magistrada Ginsburg hace notar que tan solo en el estado de Texas, cerca de 400.000 personas tendrían que viajar cerca de 3 horas para llegar a un sitio donde puedan obtener sus identificaciones. Además, para muchas personas de bajos recursos, pagar 10 o 20 dólares por obtener una identificación que le permita votar se convierte en un costo difícil de pagar. Gran parte de estas personas de bajos recursos pertenecen a grupos minoritarios como afroamericanos e hispanos.

A pesar de que han pasado muchos años desde que el movimiento civil afroamericano logró el acceso igualitario al voto, parece que la lucha aún no termina. Es claro que la época en que la Ley permitía que se segregara racialmente a las personas en restaurantes, colegios o buses ya ha terminado, pero parece que la cultura de discriminación racial aún recorre por la mente de muchos legisladores. Las leyes implementadas en muchos estados en los últimos años han generado (ya sea racional o irracionalmente) que el acceso al voto se convierta en un privilegio al que grupos minoritarios, históricamente pobres y excluidos, no tienen derecho. Lamentablemente, este tipo de legislación ya no sólo afecta a los afroamericanos, sino que también cada vez toca más al hispano. Tal vez es tiempo de que la lucha por los derechos civiles también se adhiera al votante latino.

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