Proponen universidad gratuita en un país ahogado en deuda estudiantil

Proponen universidad gratuita en un país ahogado en deuda estudiantil

Zandra Beaumont- Sentarse en un salón de clases en una universidad en Estados Unidos se está convirtiendo cada vez más en un privilegio para pocos y un sueño inalcanzable para muchos. En este país, las instituciones de educación superior son las más costosas del mundo, alcanzando cifras astronómicas, a cambio de un diploma que promete -además de un trabajo bien remunerado- una deuda de por vida. La educación universitaria es la fuerza que contiene los cimientos para el desarrollo económico y sociocultural de un país; por lo cual las nuevas generaciones deberán estar preparadas para encarar nuevos retos en un campo laboral más competitivo, exigente y globalizado. En Estados Unidos, la fuerza laboral ha sido fundamental para estar a la vanguardia económica del mundo a través de una fuerza de trabajo óptimamente educada.

Sin embargo, la educación superior se enfrenta a desafíos y dificultades en la financiación y a la igualdad de condiciones de acceso a la misma. Por tal razón, el pasado 8 de enero, el presidente Barack Obama anunció un plan para ofrecer educación completamente gratuita, por dos años, a estudiantes con limitados recursos económicos.

De acuerdo a la propuesta, se pagaría -en su totalidad- la matrícula de dos años en universidades públicas comunitarias, también conocidas como escuelas técnicas o de grado medio, a estudiantes que además de no poseer los medios para pagar la inscripción, deben de cumplir otras condiciones como tener calificaciones sobresalientes y una asistencia a clases constante. Es una medida que si se promulga, beneficiaría a 9 millones de estudiantes en 10 años, que ahorrarían, en promedio, 3 mil 800 dólares anuales, según indicaron voceros de la Casa Blanca.

El costo de la iniciativa llegaría a los $60 mil millones de dólares en 10 años, los cuales, de acuerdo al Poder Ejecutivo, serían aportados en un 75% por el gobierno federal y el 25% restante de los gobiernos estatales que participen en el programa. El objetivo del mismo consiste en que este ciclo de dos años sirva para que los estudiantes adquieran destrezas que les den acceso rápido al mercado laboral, o que sea la base de los dos primeros años de una carrera profesional más larga en una universidad donde puedan optar por la licenciatura. Cabe destacar que 7,7 millones de estudiantes están matriculados en universidades comunitarias en las mil 132 que existen en todo el país, según datos de la Asociación Americana de Universidades Comunitarias.

La deuda de los estudiantes universitarios de los Estados Unidos superó este año un nivel récord de 1,3 millón de millones de dólares, según datos de la Reserva Federal de Nueva York. Igualmente, no sólo se ha incrementado el volumen de la deuda estudiantil, sino que también ha crecido el número de personas que solicitan créditos para estudiar en las universidades. Actualmente, un 71% de los estudiantes que se gradúan tienen alguna deuda vinculada a sus estudios, lo cual es una de las preocupaciones nacionales y ha llevado a peticiones expresas del presidente Obama para llegar a acuerdos en el Congreso para evitar que la deuda se expanda aún más.

El nivel de las instituciones académicas en Estados Unidos se encuentra a la cabeza de la clasificación mundial, pero esto se traduce a un alto precio que pagar por quienes desean colgar en la pared de sus hogares u oficinas el tan apreciado diploma.

De acuerdo al Comité Económico Conjunto del Congreso, el precio neto anual de las matrículas, sin incluir becas y ayudas, en las universidades privadas más prestigiosas, ronda los 50 mil dólares, lo que se ha incrementado en más del 114% entre los años 2000 y 2012. Mientras que en los centros de estudios superiores públicos, el precio es de entre 10 mil y 30 mil dólares al año, elevándose su costo en un 500%. No obstante, el nivel de endeudamiento de los estudiantes en el momento de graduarse ha aumentado en un 200% desde 1993. Actualmente, la deuda por préstamos estudiantiles representa la segunda mayor carga de deuda de los jóvenes estadounidenses, sólo por debajo de los créditos hipotecarios.

Del mismo modo, el primer mandatario norteamericano comparó esta ley con otra de los comienzos del siglo XX, a través de la cual el país se hizo pionero en universalizar la educación secundaria gratuita, lo que le permitió contar con excelente mano de obra para su despegue industrial. Así también, la equiparó con la llamada Ley GI, que luego de la Segunda Guerra Mundial, permitió que millones de militares pudieran asistir gratuitamente a la universidad, lo que causó un enorme progreso en la sociedad estadounidense, convirtiéndola en una súper potencia económica.

Esta ley de colegiatura gratuita, ha recibido elogios y alabanzas por quienes se han visto asfixiados por préstamos estudiantiles o por quienes han sido privados de acceder a una educación de nivel superior por no contar con los recursos económicos necesarios. Por otro lado, no ha dejado de ser blanco de críticas y escepticismo por parte de sus retractores, que ven en este programa una iniciativa populista que, por su alto costo, afectaría las arcas del fisco del país, como ya lo ha manifestado el Partido Republicano, que cuenta con la mayoría de las dos cámaras del Congreso; razones por las que se avizora un camino intrincado para su aprobación.

Asimismo, la experiencia global evidencia la existencia de una correlación entre el nivel de desarrollo de los países con la vitalidad de sus sistemas educativos y de investigación científica y tecnológica, por lo que un año adicional de escolaridad incrementa el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de un país entre 4% y 7%, según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Finalmente, además de impulsar la economía y ser un instrumento del progreso para una nación más justa, competitiva y productiva, la educación superior y el conocimiento son el órgano vital que fomentan la transformación de la sociedad, que trasciende las consideraciones meramente económicas; enriqueciendo así la cultura, el espíritu y los valores que caracteriza al ser humano que está en constante evolución, por lo cual su derecho a la misma es un bien intangible y un derecho universal innegable.

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