Obamacare: la ley de la discordia

Obamacare: la ley de la discordia

Zandra Beaumont- Obamacare ha sido la ley que más ha causado controversia, discrepancia y hostilidad en la atmósfera política estadounidense en los últimos años. Para unos, es una ley blasfema; para otros, la panacea que solucionará que millones de estadounidenses -a quienes se les ha negado atención médica sistemáticamente- finalmente puedan gozar de este derecho humano universal, y que todo Estado tiene la obligación de ofrecer a sus ciudadanos. Durante la campaña electoral de Barack Obama, uno de sus emblemas ilustres en su resonado “cambio” fue promulgar una reforma del sistema de salud, firmada el 23 de marzo de 2010, luego de ser aprobada por el Congreso que era dominado, en ese entonces, por la mayoría del Partido Demócrata. Sin embargo, esta ley no ha dejado de ser blanco de críticas por parte del ala conservadora y el Partido Republicano, que contemplan en esta nueva normativa una gran grieta de las libertades individuales y la fractura de los cimientos ideológicos y políticos en que fue fundada la sociedad estadounidense, la cual proclama que el gobierno debe intervenir -mínimamente- en las decisiones y derechos ciudadanos.

De tal modo, Obamacare, formalmente conocida como La Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, no fue definitivamente decretada hasta el 28 de junio de 2012, fecha en que la Corte Suprema de Justicia dictaminó la constitucionalidad de la misma, luego de ser llevada a juicio por sus oponentes. No obstante, aún así la polémica alrededor de esta ley no ha abandonado el acalorado escenario político del país.

En Estados Unidos, 50 millones de personas no poseen ningún tipo de seguro médico, lo que representa el 16% total de la población. El 49% de los estadounidenses recibe un seguro médico privado por medio de su empleador, el 5% tiene cobertura independiente, el 13% está protegido bajo Medicare (programa para adultos mayores y personas discapacitadas) y un 18% tiene Medicaid (atención para adultos con ingresos muy limitados), o algún otro tipo de seguro médico público, según cifras del censo nacional del 2010.

De igual manera, el 17% del Producto Interno Bruto (PIB) del país norteamericano se invierte en salud, lo que -contradictoriamente- se traduce en el país que más gasta en este sector: un 65% más que el promedio de gasto porcentual de los 12 países más ricos del mundo. Sin embargo, sus estándares sanitarios promedios en temas como expectativa de vida, mortalidad infantil y prevención de muertes evitables son inferiores a los de otras naciones industrializadas, conforme a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Por consiguiente, el objetivo primordial de Obamacare es otorgarle seguro médico de calidad y a bajo costo a la población más vulnerable. El sistema de salud estadounidense ha sido catalogado de elitista, excluyente y discriminatorio; puesto que está -mayoritariamente- en manos de compañías aseguradoras privadas muy poco controladas, y las cuales tenían la potestad de negar cobertura a personas con condiciones médicas preexistentes y a personas de avanzada edad. Asimismo, las pólizas para mujeres eran ofrecidas a un mayor costo que lo habitual.

La médula espinal del Obamacare consiste en que haya menos ciudadanos sin asistencia sanitaria y se reduzcan los gastos en materia de salud. Según los estatutos de esta ley, se espera que los estadounidenses tengan la libertad de obtener un seguro médico de acuerdo a sus posibilidades económicas mediante un mercado de seguros, lo que fomentará la baja de precios y por ende la competencia entre las compañías aseguradoras, las cuales estarán más controladas por el Estado, de acuerdo con el Departamento de Salud del país.

El cambio más trascendental de esta nueva legislación es que las empresas de la salud tienen la obligación de ofrecer pólizas a personas con condiciones preexistentes o con enfermedades crónicas, al tiempo que exige mantener la misma tarifa, independientemente, del sexo del potencial paciente. Asimismo, de acuerdo a datos oficiales de Obamacare, pasa a ser requisito obligatorio la contratación de un seguro médico y en caso de no hacerlo habrá penalidades de hasta un 2,5% del salario anual, cláusula que ha despertado gran parte de la controversia alrededor de esta normativa.

De igual forma, se pretende que con el dinero recaudado de las pólizas de seguros e impuestos públicos, se pueda subsidiar los costos para asegurar a adultos mayores, y a las personas con más limitaciones económicas; extendiéndose así los servicios, la calidad, asequibilidad y disponibilidad de seguros médicos a toda la población que se ha visto marginalizada por el sistema de salud.

Además, las empresas con más de 50 trabajadores deberán proporcionar a sus empleados un seguro; y las de 25 o más empleados con sueldos por debajo de los 40 mil dólares tendrán incentivos fiscales si les facilitan cobertura médica a sus trabajadores. Adicionalmente, las aseguradoras prestarán servicios de medicina preventiva gratuita a todos sus clientes, lo que no sucedía anteriormente en todos los casos. Todo lo anterior revela pasos pequeños pero seguros, que irán agigantándose hasta el 2022, año en que se verán implementados, en su totalidad, todos los beneficios, derechos y protecciones que ofrece esta compleja ley.

Por otra parte, desde que se abrió la convocatoria de inscripción para obtener pólizas en el 2014, 8 millones de personas se suscribieron al mercado de compra de seguros, mientras que este año, se calcula que 12 millones de personas se verán beneficiadas, de las cuales un 87% están recibiendo algún tipo de asistencia en costos. Asimismo, el Departamento de Salud de los Estados Unidos considera llegar a la cifra meta de más de 9 millones de inscritos en el 2015; sin embargo, proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso espera que se incluyan 13 millones de beneficiados al finalizar el año. Cabe destacar que la fecha de inscripción para optar a un seguro médico ya finalizó, pero casos especiales están siendo procesados por el mercado de seguros a través del portal web, hasta que se reabra el próximo período de inscripciones.

A pesar de las críticas y alabanzas lanzadas a esta polémica legislación, Barack Obama ha sido el único presidente de Estados Unidos que -efectivamente- ha impulsado una ley sanitaria. Pese a las adversidades y los tropiezos con que Obamacare se ha afrontado, el primer mandatario se ha mantenido firme y tenaz para ofrecer a sus ciudadanos la oportunidad -negada por mucho tiempo- de gozar de un sistema de salud más inclusivo. Al mismo tiempo, ha permanecido abierto a críticas y a sugerencias ante una ley perfectible. La sociedad estadounidense, como todas, merece que sus gobiernos creen las condiciones para vivir lo más saludable posible, lo que afecta profundamente tanto al individuo como el desarrollo colectivo de una nación.

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