¿Qué le pasa a la democracia cuando pierde su legitimidad? Tres casos latinoamericanos

¿Qué le pasa a la democracia cuando pierde su legitimidad? Tres casos latinoamericanos

David Guzmán Fonseca- Lastimosamente en los últimos años las protestas e inestabilidad social han sido un común denominador en los países en desarrollo, en particular en Latinoamérica. No es necesario ir muy lejos para ver que nuestra región pasa por un momento en el que los movimientos sociales se toman las calles e intentan generar cambios por sí mismos. Las protestas masivas del pasado 17 de Febrero en Argentina exigiendo justicia por la muerte del fiscal Nisman, las manifestaciones en México reclamando la vuelta de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa o las protestas vividas durante el Mundial de Brasil en el 2014, son ejemplos de un fenómeno que no parece cesar en la región. Sin embargo, lo que todas estas manifestaciones masivas tienen en común parece ser que la población está constantemente exigiendo al Estado su presencia o aún mejor, una presencia más eficiente. Una de las formas en que podemos ver el descontento generalizado con respecto al estado de la política y la falta de representatividad se puede encontrar en los resultados de la encuesta Latinobarómetro. Ésta busca medir la opinión pública en cuanto al estado de la democracia, la economía y la sociedad en los países de América Latina. Como parte de este esfuerzo la Corporación Latinobarómetro realiza desde 1995 alrededor de 20.000 entrevistas en 18 países de la región. De acuerdo con estimaciones del Latinobarómetro de 1995 a 2013 se han presentado varias fluctuaciones en cuanto al apoyo a la democracia en América Latina, que parecen seguir de forma cíclica los cambios en las formas de gobierno. Para ver cómo existe una relación entre la inestabilidad social y la falta de confianza en los gobiernos de América Latina, vamos a analizar de forma un poco más detenida los casos de Venezuela, México y Colombia.

La inestabilidad y descontento social en Venezuela durante la década de los noventa, producto de la insatisfacción generada por las medidas económicas neoliberales impuestas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez continuaron por varios años, ante la mirada atónita de los partidos políticos tradicionales que se encontraban con menos apoyo. Muestra de esto son los resultados del Latinobarómetro en 1998, que mostraban que el 84% de los encuestados tenía poca o ninguna confianza en los partidos políticos. Esto tendría como consecuencia que un político sin partido y sin experiencia política como Hugo Chávez llegara al poder en 1998 (su experiencia en la política se limitaba al intento de golpe de Estado en 1992). Después de esto, la Revolución Bolivariana sobrevivió gracias a la bonanza del petrolero en la década pasada que apaciguó las demandas sociales. Esto se muestra parcialmente en cómo la confianza en los partidos políticos aumentó durante los años del gobierno de Chávez, pasando de una desconfianza total del 57% en 1998 a una del 21% en 2011. Sin embargo, con el chavismo también llegó la exclusión de otros sectores y con esto la falta de legitimidad de la democracia y de los partidos políticos que en ella participan. Esta polarización política se muestra en cómo la desconfianza en los partidos políticos pasó a un 31% en 2013.

El caso de México es igualmente interesante, puesto que éste ha sido uno en el que un solo partido político (el PRI) ha dominado el gobierno durante casi un siglo. De acuerdo con el Latinobarómetro, los partidos políticos cuentan con un nivel de desconfianza que ha rondado alrededor del 80% entre 1995 y 2013, sin importar la llegada al poder de otros partidos políticos de la mano de Vicente Fox y Felipe Calderón. Igualmente, aquellos que creen que la democracia es el mejor camino han permanecido alrededor del 50%, mientras que aquellos que consideran que da lo mismo tener o no tener un régimen democrático han aumentado de un 18% en 2006 a un 37% en el 2013. Todo esto muestra que los ciudadanos mexicanos no sólo tienen un alto nivel de desconfianza en aquellos que supuestamente los deben representar, sino que también han crecido aquellos que simplemente creen que a personas del común no los beneficia un régimen democrático. Es probable que esta falta de confianza en la democracia y sus partidos, no sólo sea una consecuencia del legado histórico de México, sino que venga en aumento como resultado de la corrupción y los crecientes niveles de violencia relacionada con el narcotráfico. Además de esto, en la medida en que las instituciones del Estado y las actividades ilegales se han entrelazado, es sólo de esperarse que la falta de confianza en el gobierno y por ende en la democracia siga disminuyendo. Así es que los ciudadanos al sentir que el Estado no les responde o que incluso es el Estado quien les está causando daño, toman la movilización ciudadana como el mecanismo para ser escuchados.

Finalmente, Colombia a finales de los años noventa es una ilustración de lo que sucede actualmente en México, es decir con altos niveles de corrupción, violencia y narcotráfico. Por ejemplo, después de los fracasados intentos de negociación con la guerrilla de las Farc en el Caguán en el 2000, el apoyo por la democracia disminuyó, mientras que el apoyo a la posibilidad de un gobierno autoritario aumentaron de un 13% en 1997 a un 23% en el 2000. Por el otro lado, la falta de confianza en los partidos políticos se ha mantenido en cerca del 80% de los encuestados durante el periodo entre 1996 y 2013. Es así que se observa cómo en Colombia los partidos políticos tienden a ser, como en el caso venezolano y mexicano, muy poco confiados. La diferencia es que en el caso colombiano apareció Álvaro Uribe como respuesta a la creciente desconfianza en los partidos y a la violencia en el país. Contrario al caso venezolano, aunque el ex presidente Uribe intentó generar un cambio profundo en el país, éste no llegó a la profundidad de la Revolución Bolivariana, la cual se acercó a la población de la mano del Partido Socialista Unido de Venezuela. De cualquier forma, tanto el caso colombiano como el venezolano representan la aparición de un líder político que aprovecha los espacios generados por la la falta de representación y confianza en los partidos políticos tradicionales.

De cualquier forma, en los tres casos que hemos visto observamos que la falta de confianza y legitimidad de los partidos políticos tiene un efecto sobre el apoyo a la democracia, y por ende genera un efecto sobre los mecanismos que las personas consideran necesarios para hacerse escuchar. En el caso venezolano la falta de legitimidad llevó a protestas masivas en las calles y a la posterior elección de Hugo Chávez y su Revolución, la cual ha tenido efectos sobre el alcance de la democracia en Venezuela, así como en el bienestar de sus ciudadanos. En Colombia, la falta de legitimidad de los partidos llevó a la elección de un presidente de derecha, que aunque no llegó a los extremos del chavismo, consiguió cambios profundos en la mentalidad de la gente, los cuales en muchos casos se fueron de la mano con abusos a los derechos humanos. Finalmente el caso mexicano es muestra de un país que vive los efectos de un sistema político no representativo y que al mismo tiempo está siendo atacado por la violencia y la corrupción. En la mayor parte de los casos la falta de legitimidad y confianza de los gobiernos ha llevado a las protestas y sublevaciones por parte de la ciudadanía. Sin embargo, este tipo de movilizaciones también genera un espacio para que actores políticos no tan democráticos lleguen a la escena política y terminen en algunos casos sacrificando los fundamentos básicos de la democracia. Toca ver si en el caso mexicano, tal como en el colombiano y venezolano, aparece un actor por fuera de los partidos políticos tradicionales que encamine las demandas de aquellos no escuchados. No queda sino rezar y esperar que el ser escuchados no lleve como contraprestación poner en jaque la democracia.

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