Migración de menores no acompañados a los Estados Unidos

Migración de menores no acompañados a los Estados Unidos

David Guzmán Fonseca- La inmigración hacia los Estados Unidos no es un fenómeno reciente, especialmente si se considera que la población de los Estados Unidos ha sido históricamente y en su mayoría inmigrante. Sin embargo, en los últimos veinte años se ha observado un flujo sin precedentes de inmigrantes indocumentados desde países de América Latina, en especial de Centroamérica. No obstante, de acuerdo con datos del Pew Research Center, aunque la población inmigrante no autorizada en los Estados Unidos creció rápidamente en los últimos dos décadas, pasando de 3,5 millones de personas en 1990 a 12,2 millones en 2007, luego se observó una disminución, ubicándose en 11,2 millones de inmigrantes no autorizados en el año 2012. Igualmente, la migración neta hacia los Estados Unidos desde México (número de personas que salen de México hacia Estados Unidos, menos el número de personas que vuelve a México desde los Estados Unidos) es cero o incluso negativa, lo que significaría que más personas están volviendo a México de los que están saliendo. Estas tendencias hacia la baja en el total de población inmigrante indocumentada en los Estados Unidos, así como de la migración neta desde México, han sido analizadas por Jeffrey Passel y otros investigadores del Pew Hispanic Center. Algunas de las razones dadas para este fenómeno han sido la lenta recuperación económica de los Estados Unidos, el mayor ímpetu puesto en la protección de las fronteras, el incremento en las deportaciones, los peligros asociados con el cruce ilegal, la disminución de las tasas de fertilidad en México y el crecimiento de la economía mexicana.

A pesar del escenario que lo mencionado anteriormente puede dibujar, un grupo dentro de los inmigrantes centroamericanos ha tenido un comportamiento diferente. El número de los menores de edad indocumentados de los países centroamericanos ha crecido de forma importante en los últimos años. De acuerdo con datos de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos (U.S Border Patrol) la cantidad de menores no acompañados aprehendidos en la frontera sur pasó de 18.411 en 2010 a 68.541 en 2014, representando un incremento del 272.28%. Al comparar los datos del 2013 y del 2014, se encuentra que hay un incremento del 76.27% en el último año. Esto quiere decir que aunque en estos años las tendencias generales de la población inmigrante indocumentada estaban a la baja, los menores de edad aprehendidos en la frontera presentaban un incremento desproporcionado. ¿Qué tipo de factores puede estar explicando que en tan solo cuatro años se haya casi cuadruplicado el número de menores inmigrantes indocumentados?

Para responder a esta pregunta es necesario contemplar la existencia de dos factores que han generado que desafortunadamente miles de jóvenes y niños se aventuren a cruzar fronteras sin la protección de un adulto o incluso de un gobierno. Un primer factor está conectado con la percepción dentro de la comunidad indocumentada residente en los Estados Unidos de la posibilidad de que los niños migrantes adquieran un estatus legal y puedan quedarse. Esta percepción viene explicada así misma por dos realidades del sistema migratorio de los Estados Unidos. La primera tiene que ver con el hecho de que menores provenientes de países diferentes a Canadá o México tienen derecho a un juicio y no son deportados de forma expedita. De tener un juicio favorable pueden recibir asilo y así reunirse con miembros de sus familias en los Estados Unidos. La segunda tiene que ver con la decisión tomada bajo la presidencia de Barack Obama que permite la estadía de menores indocumentados dentro de los Estados Unidos, mientras que cumplan con ciertos requisitos (Acción Diferida para los Llegados en Infancia o DACA por sus siglas en inglés). Con respecto a ambas posibilidades, si bien es cierto que los casos de asilo y la Acción Diferida son posibilidades dentro del sistema migratorio estadounidense, muchos de los nuevos entrantes tienen pocas posibilidades de ser cubiertos bajo dichos grupos, en especial al considerar que el DACA no aplica para menores que acaban de ingresar a los Estados Unidos.

Un segundo factor y tal vez uno de los más significativos tiene que ver con los niveles de violencia y pobreza en Centroamérica. Al desagregar los datos de las Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos sobre menores aprehendidos en la frontera sur, encontramos que en el año 2009 los menores provenientes de México representaban cerca del 80% del total de menores de México y Centroamérica capturados, mientras que El Salvador, Guatemala y Honduras aportaban el 20% restante. Para el año 2014 el escenario es el contrario, puesto que los menores mexicanos son alrededor del 20% del total, mientras que los otros tres países representaban el 80% restante. En términos absolutos, en el 2009 fueron capturados 3.304 menores de estos tres países, mientras que en el 2014 el número fue de 51.705 menores, un incremento de cerca del 1.500 por ciento. Al ser El Salvador, Guatemala y Honduras los países que han generado la explosión en la migración ilegal de menores, es pertinente entender qué situación viven estas naciones. De acuerdo con datos de la Oficina de las Naciones para las Drogas y el Crimen, Honduras, El Salvador y Guatemala tienen la primera, cuarta y quinta tasas de homicidios más altas del mundo. Esta violencia viene generada por la conjunción de crímenes de pandillas, grupos narcotraficantes e incluso por facciones corruptas en los gobiernos locales. Más allá de esto se encuentra la inhabilidad de los gobiernos no sólo de controlar la violencia, sino de generar condiciones que permitan la inserción de una gran parte de la población que se encuentra estructuralmente excluida.

Recientemente el Secretario del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (Department of Homeland Security), Jeh Johnson, declaró que los flujos de menores desacompañados ha disminuido desde la segunda mitad del 2014 a sus niveles más bajos en dos años. Sin embargo, los niveles de violencia y exclusión en los países centroamericanos no han cambiado de forma radical en el mismo periodo. Es posible que la disminución de la cual el Secretario Johnson habla sea la consecuencia de las políticas más severas de aprehensión y protección de las patrullas fronterizas, que han generado un miedo momentáneo en la población inmigrante. Lamentablemente para aquellos que intentan huir de la violencia e inseguridad en Centroamérica, su ruta de escape también comienza a ponerle más cerrojos a sus puertas. En este caso, los menores y sus familias se encuentran presos en sus propios países, ante la incapacidad de sus gobiernos y la comunidad internacional de generar condiciones que les permitan vivir dignamente.

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