El fantasma de la polarización recorre las calles de Portland

 Foto: J. Meloni, Portland, OR

Foto: J. Meloni, Portland, OR

Francisco Machalskys- En una reedición de la pesadilla vivida a finales del 2016, cuando turbas de simpatizantes y detractores de Donald Trump chocaron en las calles de Portland después de que se publicaron los resultados de las elecciones presidenciales, este fin de semana se enfrentaron grupos de derecha e izquierda en una jornada de protesta que, para muchos, poco tuvo de sorpresivo.

El incidente comenzó cuando dos agrupaciones de extrema derecha, autodenominadas “Clamor Patriótico” y “Chicos Orgullosos” –Patriot Prayer y Proud Boys en inglés, respectivamente–, se reunieron para protagonizar un acto proselitista en un parque ubicado a orillas del río Willamette. En su proclama, pedían la intensificación de medidas para expulsar a los inmigrantes ilegales, así como la pronta y efectiva construcción del muro fronterizo.

Inmediato como el eco, militantes del llamado grupo Antifascistas de Rose City –Rose City Antifa, en inglés– se plantaron frente a su contraparte derechista con ánimos de batalla. Los antifascistas causaron impresión porque se presentaron con el rostro encapuchado. Sus rivales, en cambio, portaban sombreros con la inscripción “Hagamos a Estados Unidos grande otra vez”  –Make America Great Again–, que fueron emblemáticos durante la campaña presidencial de Donald Trump en referencia a la instauración de la supremacía blanca.

Con la clara intención de evitar choques violentos como los acaecidos en el pasado (muy) reciente, un fuerte cordón policial se interpuso entre ambos bandos, que fueron conminados a permanecer en aceras diferentes, desde donde se profirieron consignas encontradas –los de derecha pedían echar a los extranjeros, los de izquierda exigían respeto a las minorías– y, cómo no, insultos. En ciertos momentos de exaltación, las autoridades se vieron obligadas a lanzar gas lacrimógeno, y aseguran haber incautado armas de fuego a algunos miembros de “Clamor Patriótico” que, como se sabe, provienen del estado de Washington.

Pese al talante conciliador de sus peticiones a favor de las minorías, los militantes antifascistas no son conocidos por tener un comportamiento cívico y pacifista. Por el contrario, se les ha reportado como responsables de fomentar actos vandálicos, como el apedreamiento de vitrinas y la destrucción de automóviles, bajo la excusa de repeler ataques de su contraparte derechista.

Tal como se afirma al inicio de esta nota, poco de extraño tiene la ocurrencia del evento, pese al carácter liberal y tolerante que en los últimos años se ha granjeado la ciudad de Portland –que incluso se ganó las amenazas de la administración Trump por negarse abiertamente a colaborar con la persecución de residentes indocumentados–. Esto, si se tiene en cuenta que el último incidente constituye un eslabón en la notable cadena de choques entre grupos derechistas e izquierdistas desde la llegada de Donald Trump a la presidencia, en los que el grupo “Clamor Patriótico” se ha dejado escuchar, incluso en un acto protagonizado hace apenas dos meses, también con respuesta beligerante de grupos antifascistas.

Sin ánimo de abrir viejas heridas y errores superados del pasado, pocos parecen recordar ciertos fundamentos segregacionistas que formaron parte de la historia de Oregón, como la reserva del noroeste del estado a admitir inmigrantes y minorías en tiempos remotos, y la inclusión, en la constitución local de 1857, de una cláusula que prohibía el asentamiento de comunidades afroamericanas, pese a que Oregón se proclamara un estado no esclavista dentro de la Unión. Un poco más cerca a nuestros días, en los años 80 del pasado siglo XX, Oregón vio prosperar grupos de skinheads –supremacistas blancos de cabeza rapada– y sólo apenas el año pasado fueron apuñaladas dos personas por parte de seguidores de la llamada “corriente islamofóbica”.

De los errores, dicen, también se aprende. Los avances siempre son más notables que los retrocesos, aunque tomen décadas, y aún centenas, en registrarse. Ciertamente este tipo de sucesos ponen al descubierto falsos esquemas de convivencia que aún se resisten al cambio, pese a que día a día dan paso, gracias a la evolución descrita por el conglomerado social de todo el orbe en pleno. Por supuesto, no ayuda el hecho de que el propio aparato gubernamental se empeña en impulsar esquemas que pretenden seleccionar ciudadanos de primera y de segunda, en franca contradicción con un marco de coexistencia democrática. De ahí la importancia de la opinión pública, del ciudadano común y de a pie, amante de la paz y del respeto individual, para hacer frente, de manera firme pero cívicamente, a las posturas tirantes y a menudo violentas de este tipo de agrupaciones, pero que poco representan el deseo de tranquilidad y cordura de la mayoría.

LocalTilde Communications, LLC