Reforma migratoria sin horizonte en medio de la confusión de los republicanos

 Foto: Architect of the Capitol

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David Guzmán Fonseca- Después del escándalo mediático que se le formó al Gobierno del presidente Donald Trump como consecuencia de su política de separación de familias indocumentadas detenidas en la frontera, mucho se debatió sobre la necesidad de llevar a cabo la siempre anticipada y deseada reforma migratoria. Tanto republicanos como demócratas, consternados ante las imágenes de niños en jaulas en centros de reclusión, o por las grabaciones de sus llantos en las que preguntaban por sus padres, creyeron que finalmente había llegado el momento de hacer algo respecto de los problemas del sistema migratorio estadounidense.

Como resultado, los republicanos impulsaron dos proyectos de ley por medio de los cuales buscan reformar dicho sistema. El de los republicanos conservadores, presentado en enero de 2018, intenta, entre otras cosas, no solo reducir la inmigración legal, sino eliminar la capacidad de que los recipientes del DACA puedan algún día solicitar la ciudadanía, puesto que se les otorga un permiso temporal renovable cada tres años. Por parte de los más moderados en el partido republicano, e incluso de algunos asistentes de la Casa Blanca, se intentó promover una reforma que legaliza a quienes entran en el DACA, e incluso crea un tipo de camino hacia la ciudadanía —si bien los proponentes aseguran que no por temas políticos—. Esta versión tiene un toque conservador porque elimina la inmigración legal de hermanos e hijos mayores de edad de ciudadanos estadounidenses; también pone más trabas a quienes buscan asilo y promete 25,000 millones de dólares para el muro.

Se hizo el acuerdo de votar en la Cámara alguno de los dos proyectos a finales de junio, pero luego de múltiples negociaciones, simplemente no se votó. El presidente Trump aseguró en Twitter que la responsabilidad era de los demócratas, ya que no habían querido votar, pero olvidó mencionar que los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras del Congreso. Se dice que el culpable al final fue Trump, quien nunca expresó los términos reales de una reforma migratoria, y en cierto canal de noticias se aseguró que fuera cual fuera la ley que llegara a su mesa, no la firmaría.

En medio de la crisis de los niños separados de sus familias, un juez estadounidense obligó al Gobierno a reunir a los menores de cinco años con sus padres antes del 10 de julio y al resto, antes del 26 de julio de 2018. Ante la crisis mediática, el presidente Trump también expidió una orden ejecutiva para dar fin a la política de separación de familias, que fue implementada por su secretario de Justicia.

Al final, el tema de los miles de niños y jóvenes separados de sus padres simplemente pasó, y la posibilidad de discutir y aprobar una reforma migratoria en el Congreso de los Estados Unidos se fue de vacaciones. Los congresistas estadounidenses se fueron a su receso del 4 de julio sin haber votado nada. Se espera que las vacaciones legislativas en estos temas se prolonguen por lo menos hasta después de las elecciones legislativas de noviembre de 2018.

Si bien el presidente Trump presionó a su bancada en el Congreso para que aprobara una reforma migratoria, a finales de junio le comunicó que era mejor esperar hasta las próximas elecciones legislativas para poder tomar algún tipo de decisión. Es decir, por ahora el futuro de una posible reforma no se ve en el horizonte cercano, puesto que, si bien algunos republicanos moderados pensaban que este era el momento, las facciones más conservadoras y el presidente de los Estados Unidos creen que en noviembre ganará su partido y así asegurarán la mayoría que ya tienen.

En términos del futuro de la reforma migratoria todo es confuso, tanto que ni el presidente mismo sabe qué es lo que quiere.