La crisis energética en Puerto Rico: un reflejo de la crisis en la isla

 Foto: Tesla

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David Guzmán Fonseca- En septiembre de 2017, el huracán María pasó por territorio puertorriqueño y dejó 64 muertos, según datos facilitados por el Gobierno (investigaciones independientes sugieren que podían llegar hasta 8,000), y desde entonces algunas partes de la isla aún no han conseguido superar los estragos del huracán. Uno de los dramas tiene que ver con la dificultad de acceder al servicio básico de electricidad.

Si bien para julio de 2018 el 99% de la capacidad de producción eléctrica había sido recuperada, aún hay cerca de 1,500 personas que no tienen acceso a electricidad, particularmente en zonas rurales. En abril de 2018, cerca de ocho meses después del embate de María, una gran parte de los puertorriqueños se quedó sin electricidad cuando un obrero afectó una torre de energía. Hasta el momento, el apagón en Puerto Rico es el segundo más largo del mundo y el más largo en la historia de Estados Unidos: los clientes han perdido 3,400 millones de horas de servicio de electricidad como consecuencia del huracán.

Pero lo que pasa en Puerto Rico, más allá de ilustrar los efectos de María, muestra la precariedad de la infraestructura energética de la isla, que en parte ha sido el resultado de la crisis socioeconómica que esta viene sufriendo desde hace ya varios años. En especial, fruto de la eliminación en 1996 de exenciones tributarias que el Gobierno estadounidense daba a industrias para motivar la industrialización en la zona —Estados Unidos, durante más de medio siglo, brindó a la isla un estatus tributario especial que motivó la industrialización y promovió el turismo—.

Así, la infraestructura eléctrica ha estado relacionada con el boom industrial y turístico de Puerto Rico, y ahora, en su época de declive, va por el mismo camino. La Autoridad de Energía Eléctrica (PREPA, por sus siglas en inglés) es una empresa pública que tiene el monopolio energético en la isla y, durante muchos años, vivió del auge económico que se concentró en el sur, en donde se construyeron las plantas más importantes que proveen de energía a las industrias de la zona; estas plantas se conectan a través de cables que cruzan el complicado terreno isleño para para abastecer de energía a las ciudades ubicadas en el norte.

Una vez se fue la industria, se fueron los recursos y, con esto, se descuidó la infraestructura eléctrica, que ha sufrido durante décadas por el mal manejo de dichos recursos, la ineficiencia y la falta de mantenimiento de las redes. No por nada, PREPA es una de las empresas públicas que está detrás de la declaración de bancarrota que el Gobierno de Puerto Rico decretó en 2017, después de acumular 9,000 millones de dólares en deudas de los 73,000 millones totales adeudados por empresa públicas.

No muchos creen que invertir en restaurar el sistema eléctrico actual sea la opción, puesto que significaría arreglar una infraestructura vieja y descuidada. Muestra de esto es que, a principios de julio de 2018, rastros del huracán Beryl llegaron al lado sur de la isla, dejando sin electricidad inicialmente a 43,000 personas en el peor momento de las lluvias. Beryl es el primer huracán de la temporada. 

Es por esto que tanto el Gobierno como los empresarios, entre ellos Elon Musk, han promovido el uso de energías renovables y pequeñas plantas de almacenamiento de energía en hogares y sitios públicos. Según Musk, en este momento tienen 11,000 proyectos de almacenamiento de energía en Puerto Rico, lo que sin duda es un gran avance. Pero de buenas intenciones no se puede vivir, y mucho menos en un país donde, de acuerdo con el Censo de los Estados Unidos, cerca del 44% de los pobladores viven por debajo de la línea de pobreza, por lo que muy pocos pueden costear baterías y plantas solares. Puerto Rico está en bancarrota, la economía está en crisis y la población vive en la pobreza: la decisión de hacia dónde debe ir el sistema eléctrico requiere que los Gobiernos puertorriqueño y estadounidense piensen no solo en cómo crear un sistema eléctrico sostenible en el tiempo, sino en un Puerto Rico sostenible en el tiempo.