El Volcán de Fuego, protagonista de la peor erupción registrada en Guatemala en los últimos 44 años

 Foto: LCPONS

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Francisco Machalskys- Para los habitantes de Centroamérica, la convivencia con los volcanes es parte cotidiana de la vida; de hecho, la mayoría de sus países saca el mayor provecho posible al llamado Cinturón de Fuego del Pacífico al ofrecer el inusual “turismo de volcanes”. Nadie espera —o prefiere no pensarlo, por aquello de ser positivo— que un volcán amanezca arrojando lava y amenazando con borrar de sus faldas los numerosos pueblos y ciudades construidos en derredor.

Pero la posibilidad es real… y a veces ocurre.

En esta ocasión le correspondió a Guatemala comprobar el incontrolable y devastador poder ígneo del Volcán de Fuego, una caldera que se eleva a 3,763 metros entre los departamentos de Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango. Refieren las crónicas que de este macizo se recuerdan violentas erupciones desde 1524; no en balde, se le considera el más impresionante de toda Centroamérica y el más activo en la cuna del quetzal.

Como suele ocurrir, la actividad de este coloso comenzó con una erupción continua de humo y cenizas. Al determinarse que no se detendría, empezaron las primeras labores de evacuación de las zonas circunvecinas, como la ciudad de Escuintla y el asentamiento campesino de El Rodeo, cuyos pobladores apenas sí pudieron transportar algunos objetos de valor, mientras personal de Protección Civil, militares y bomberos trataban de resguardar al mayor número de gente. Hasta el momento, la cifra de evacuados es de casi 3,500.

Como si la expulsión de gases se tratara de un mortal ensayo, 48 horas después el Volcán de Fuego estalló: la barranca de Las Lajas se tornó un dantesco río de ceniza incandescente y barro a 700 grados centígrados que arrastraba todo a su paso y sembraba muerte y dolor en su recorrido. Al momento de redactarse esta nota, los organismos de seguridad redondeaban en una centena el número de muertos y en 200 la cantidad de personas desaparecidas, pero en su mayoría identificadas, según afirmó el secretario de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) Sergio García.

“Esta es la erupción más grande desde 1974. Hemos tenido erupciones constantes, pero no de esta dimensión; en esta han descendido hasta ocho kilómetros de lava de gran magnitud”, declaró Gustavo Chigna, experto del Instituto Nacional de Sismología y Vulcanología, y agregó: “La erupción continúa, se mantiene y la actividad se puede mantener por algunas horas más, y entrando la noche será sumamente peligroso porque no hay forma de evacuar o mirar los caminos”. Casualidad o no, el Volcán de Fuego dio señales de actividad notable a inicios de este año.

Por su parte, la CONRED dio como cierta la cifra de 1,7 millones de afectados entre los tres departamentos que comparten vecindad con el Volcán de Fuego, de los cuales 200,000 corresponden a toda la población de la ciudad de Escuintla. El director del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, Fanuel García, informó que las personas muertas en Alotenango pudieron ser identificadas sin problemas “porque mantenían sus características físicas”, a diferencia de las halladas en Hunahpú, para lo que solicitó la colaboración de quienes denunciaran la desaparición de algún ser querido.

El siniestro, que recientemente fue decretado como categoría de emergencia, fue materia de discusión en el seno de la dirigencia política guatemalteca. En tal sentido, el Congreso decidió con 112 votos a favor el reconocer un estado de calamidad sobre los tres departamentos circundantes al Volcán de Fuego. Solo nueve diputados se mostraron en contra de solicitar ayuda económica para paliar las consecuencias de esta catástrofe.

Por su parte, el presidente de la República, Jimmy Morales, aseguró que un plan de reconstrucción y rehabilitación de carreteras entraría prontamente en ejecución, para lo cual se destinarían terrenos públicos de los tres departamentos afectados como asiento a casas para los damnificados. También habló de recuperar todos los servicios básicos y limpieza de las rutas tapiadas por el material volcánico.

El Aeropuerto de Ciudad de Guatemala, único de categoría internacional, canceló momentáneamente sus vuelos por espacio de 24 horas. Lo que no se ha cancelado, sin embargo, es el ánimo de colaboración por parte de países y organizaciones, que demuestran lo importante de brindar una mano amiga en situaciones de este calibre. Naciones hermanas como México, El Salvador u Honduras no han cesado de prestar apoyo desde prácticamente el inicio de la catástrofe, mientras que instancias como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización de Estados Americanos y el sistema de la ONU en Guatemala hacen lo propio por llevar un soplo de aliento al país afectado por la tragedia.

Si usted que lee estas líneas siente el deseo de aportar una ayuda, por más pequeña que la considere, puede canalizarla a través de organizaciones benéficas que vienen anunciando su disposición. El portal del canal noticioso NBC publicó que GoFundMe, la Cruz Roja Internacional, The God’s Child Project y B Strong son algunas de las fundaciones que prestarán su auxilio al pueblo guatemalteco. Queda de su parte contactar sus respectivas páginas web a fin de hacer efectiva su colaboración, o acudir a los grupos organizados de su comunidad y motorizar ayudas puntuales en respaldo a personas como usted.