Trump se quita la careta ante los ‘dreamers’

 Foto: Gage Skidmore

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Francisco Machalskys- El presidente Trump bien sabe que el problema de los ciudadanos indocumentados despierta sentimientos encontrados en este país. Y como tal lo ha manejado, algunas veces a modo de globo de ensayo —para medir el alcance real de sus pretensiones antinmigratorias—, otras, como carnada para negociar propuestas políticas difíciles de tragar, como su proyecto de muro infranqueable a lo largo de frontera con México.

Para corroborarlo, basta echar un ojo a los principales titulares que sobre el tema han generado sus declaraciones: en septiembre de 2017 dijo a los dreamers que no temieran acciones en su contra, para luego, en enero de 2018, declarar que el programa de protección que sustentaba a estos jóvenes inmigrantes sin estatus formalizado, el DACA, estaba probablemente muerto, a juzgar por el poco interés de los demócratas por defenderlo —esto último lanzado como prolegómeno a la campaña que defendió para canjear una posible naturalización de los dreamers a cambio de que se aprobara el presupuesto para la construcción del muro fronterizo.

Mordido el anzuelo —utilizado además dos veces, tanto para conseguir la aprobatoria del muro como para agilizar la concreción del año fiscal—, al parecer el tema de los dreamers ya dejó de ser útil para el presidente Trump, y sin disimulo alguno ha mostrado su faz más agresiva y contundente al respecto. Así, y con la celebración del inicio de la primavera como telón de fondo, que coincide con el fin de la Semana Santa cristiana, tuiteó sin vuelta de hoja: “No habría negociación alguna para materializar la legalización de los dreamers”, pese a haberlo prometido desde su ascenso al poder el año pasado.

No menos desconcertantes resultan las razones que el presidente dio —también vía Twitter— para tamaña derogatoria: ha argumentado que la situación limítrofe en México “se está volviendo cada vez más peligrosa”, situación complementada, según él, por las “ridículas leyes demócratas de ‘captura y liberación’ que impiden a nuestros agentes de inmigración actuar en consecuencia”.

Como si fuera poco, y en consonancia a su estilo grandilocuente y efectista, ha completado el presidente Trump: “En México se agolpan caravanas de migrantes provenientes de América Central rumbo a nuestro país. Deberían encontrar obstáculo al norte de su paso, donde nuestros agentes hacen su mejor esfuerzo por impedirlo, aunque las leyes limítrofes no ayuden lo suficiente”, tuiteó, agregando un llamado al congreso a “actuar ahora” antes de que el país “sea robado”, en clara alusión a un endurecimiento de las leyes migratorias.

Lo que sí es cierto es el reporte de grupos humanos, compuestos por hombres, mujeres y niños, provenientes mayoritariamente de Honduras, que desde las últimas semanas se vienen concentrando en la frontera mexicana con la esperanza de acceder al lado estadounidense. El movimiento migratorio ha sido reflejado por diversos medios de comunicación, en especial por Fox News. Trump ha llamado a “optar por la salida nuclear”, en referencia a un endurecimiento legislativo por parte del congreso. Y ha llegado, incluso, más lejos, afirmando como parte de sus declaraciones que estas “caravanas” estarían enfilando rumbo a Estados Unidos “para aprovecharse del programa DACA”. Esta afirmación, sin embargo, es más una falacia que otra cosa, si se toma en cuenta que las personas que en su momento fueron elegibles por DACA debían residir en el país desde el 15 de junio de 2007 y haber llegado antes de los 16 años, al tiempo de que debían cursar estudios o haber concluido la preparatoria.

Asimismo, el presidente Trump ha esgrimido nuevamente la baraja del revanchismo económico para emprenderla nuevamente contra México, nación a la que responsabiliza de tener el “poder absoluto” para frenar el paso migratorio hacia Estados Unidos. Y como represalia, ha amenazado con acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) aduciendo: “México está haciendo fortuna… Tiene leyes fronterizas muy fuertes, mientras las nuestras son patéticas”.

Así, una vez más, la palabra del presidente Trump siembra zozobra en las miríadas de ciudadanos indocumentados, que ya no hallan en qué creer ni qué hacer para por fin formar parte de la nación donde han vivido por espacio de décadas en forma honorable, trabajando para ganarse el sustento, pero con el infortunio de no haber logrado formalizar su estadía. Recientemente, diversos medios han reflejado la historia de Rosa Sabido, una mexicana de cincuenta y tres años con tres décadas en el país y que forma parte de un grupo de cuarenta migrantes refugiados en la Iglesia Metodista de Mancos, Colorado, cuya feligresía les brinda la máxima protección hasta donde la ley se lo permita.

En tal sentido, opositores y fieles no han perdido oportunidad para señalar lo que en su opinión luce como una medida que está traspasando límites. Destacan las palabras de John Kasich, gobernador de Ohio y republicano de militancia, quien, ante la decisión de Trump en torno a los dreamers, afirmó: “Un verdadero líder preserva y concede esperanza, no arrebata el sueño de niños inocentes que llaman a [Estados Unidos de] América su hogar”.