Se derrumba Unasur, brazo político internacional del Gobierno izquierdista venezolano

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Brida Marcano- Como si de una crónica de una muerte anunciada se tratase, al paulatino despiece económico, político y social de Venezuela, la otrora show-window de América Latina, se le suma el derrumbe en ciernes de uno de sus aparatos internacionales de influencia ideológica: se trata de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), instancia multilateral creada en 2007 por el líder izquierdista venezolano Hugo Chávez para impulsar la consolidación de un bloque cooperativo de países latinoamericano (al estilo de la Comunidad Económica Europea, pero con un sesgo marcadamente antiestadounidense), que recientemente vio renunciar a la mitad de sus asociados.

A través de una carta, representantes diplomáticos de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Colombia y Perú manifestaron su voluntad de abandonar Unasur por tiempo indefinido, poniendo como causa de su retiro el estado de acefalía que presenta la organización. “La grave situación que vive Unasur nos lleva a plantearnos la necesidad de iniciar una seria reflexión acerca de sus objetivos, estructura y métodos de trabajo, incluido su mecanismo de toma de decisiones”, expresa un fragmento de dicha misiva, entregada al canciller boliviano, Fernando Huanacuni. Como se sabe, la presidencia pro tempore de esta organización recae en la actualidad en manos de Evo Morales, presidente de Bolivia.

Asimismo, los países querellantes agregaron que esta crisis decisoria en el seno de Unasur se ve profundizada por la falta de secretario general desde enero 2017, fecha en la que terminaó el periodo de Ernesto Samper Pizano, expresidente colombiano, cuyo secretariado ganó buenos elogios. Ante tal vacío de poder, que al decir del viceministro de exteriores peruano Hugo Zela “ha creado una alarmante situación de indisciplina”, más de la mitad de sus miembros proponían el nombre del argentino José Octavio Bordón, que fue rechazado abiertamente por Venezuela debido a ser ficha directa del presidente Mauricio Macri, dejando claro quién controla en realidad esta organización, en teoría, regional e integracionista.

Jugando la carta del burocratismo, quizás con la idea de hacer tiempo para propiciar un enfriamiento de los ánimos, Huanacuni argumentó que el anuncio hecho por los seis países no se tomaría como una renuncia; primero, porque la misiva no fue remitida a la sede de Unasur y segundo, el texto haría mención a “una separación temporal hasta que fuera elegida la figura de secretario general”, lo que sirvió a Huanacuni para convocar una reunión extraordinaria de la ahora disminuida instancia en pos de un llamamiento a proceso comicial.

De gran artífice prointegracionista a simple veedora electoral

Curiosamente, dos detalles al margen de este hecho representan una herida mortal en el muy maltrecho orgullo de la llamada revolución venezolana: el viraje a la derecha de los Gobiernos de Chile, Argentina, Brasil y Paraguay, cuyas contrapartes de izquierda recibieron financiamiento directo de la administración de Hugo Chávez (que se tradujo en victoria electoral en su momento), y que la dimisión de Unasur por parte de estos seis miembros haya ocurrido precisamente un 19 de abril, fecha en que Venezuela conmemora su primer grito de rebeldía contra la corona española, evento acaecido en 1810.

Nacida inicialmente en 2004 bajo el nombre de Comunidad de Naciones del Sur (CNS) como parte de una cumbre presidencial en Cuzco, Perú, no sería hasta 2007 cuando, en una cumbre energética celebrada en Venezuela, el entonces presidente Hugo Chávez propuso su cambio de denominación a Unasur (y “apropiándose” de sus funciones, además) con el influyente apoyo de Néstor Kirchner (Argentina) y Michelle Bachelet (Chile), ambos gobernantes de izquierda.

Así, Unasur pasó a convertirse en el estrado desde el que Chávez proyectó la idea de consolidar América Latina como un bloque cooperativo en lo económico y político (inspirado en la idea del socialismo marxista) en franca oposición a la vecindad con Estados Unidos de Norteamérica, nación a la que siempre tildó de “enemigo imperialista”. Valiéndose de sus innegables dotes oratorias y de los que parecían inagotables recursos económicos que signaban la prosperidad de la nación venezolana —recordemos que durante su mandato el petróleo superó la barrera de los 100 dólares por barril—, el llamado líder de la revolución bolivariana se granjeó la fidelidad de muchos países vecinos, tanto en Unasur como en otras instancias, como Petrocaribe, por ejemplo.

Pese a los aires megalomaníacos de su inspirador, Unasur concibió interesantes proyectos integracionistas. Ideas como el Banco del Sur y la adopción de una moneda común, el sucre, dieron sus primeros pininos, mas murieron prácticamente al nacer por la incongruente mixtura entre la cruda realidad financiera y las propuestas de producción sin fines de lucro. Se habló también de una carretera interoceánica que conectara Brasil con el Pacífico, así como una soñada red ferroviaria que permitiera hacer un solo viaje desde México hasta la Patagonia, en Argentina. De lo mencionado, solo pervive a la fecha la instauración de un pasaporte común, que ni siquiera es un logro de Unasur, sino de la asociación Mercado Común del Sur (Mercosur), que el Gobierno venezolano intentó dominar en su momento, lo que causó graves roces rayanos en su cuasi expulsión.

En lo político, Unasur logró anotarse destacados logros en sus años de mayor actividad, brindando cierta sensación de unidad regional ante hechos delicados, como el intento de Golpe de Estado en Ecuador o la ruptura de relaciones entre Venezuela y Colombia, ambos acaecidos en 2010. Su desgaste, sin embargo, lo marcó el prolongado deterioro de las relaciones entre los partidos políticos en Venezuela, que viene en paulatina agudización desde 2013, así como la crisis diplomática entre Venezuela y Guyana a causa de la llamada “zona en reclamación”.

Desde entonces, Unasur quedó reducida al simple arbitraje electoral entre sus países miembros, dejando para el recuerdo sus pasados días de influencia, evaporados junto a la dilapidada cuantía económica de Venezuela, venida a menos por la corrupción desmedida y un exceso de dadivosidad para con sus asociados estratégicos, que ante su sorprendente bancarrota son cada vez menos, y con mayor nivel de exigencia, especialmente en materia migratoria, donde cada vez ponen más peros a la cantidad ingente de venezolanos que buscan huir del país.

Con todo, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, culpó de la crisis de Unasur a Estados Unidos, asegurando que ejerce presión para desintegrarla. “Si algún Gobierno de derecha trata de meterle una puñalada para desangrarla, los movimientos sociales y los revolucionarios de América del Sur la defenderemos”, concluyó, acotando que signa sus esperanzas en el liderazgo de Evo Morales como presidente pro tempore de Unasur para su rescate.