Elecciones en Colombia. De la guerra a la polarización

  Fotos:  (Petro) Arturo de la Barrera por Creative Commons (CC BY-SA 2.0); (Duque) Centro Democrático por Creative Commons (CC BY-SA 2.0)

Fotos: (Petro) Arturo de la Barrera por Creative Commons (CC BY-SA 2.0); (Duque) Centro Democrático por Creative Commons (CC BY-SA 2.0)

David Guzmán Fonseca- Las elecciones presidenciales de mayo del 2018 en Colombia pasarán a la historia como unas de las primeras, en más de cincuenta años, sin el fantasma del conflicto. Pero si consideramos las elecciones legislativas de marzo de 2018 como indicador de las votaciones de mayo, es posible pensar que regirá la polarización.

En las elecciones de marzo, el partido del expresidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático, obtuvo la mayoría de escaños en el Senado, pero otras fuerzas y movimientos alternativos —como el del exalcalde de Bogotá y candidato presidencial Gustavo Petro, así como el del también exalcalde de Bogotá Antanas Mockus— se apropiaron de otras curules que pertenecían a miembros de la coalición del impopular Gobierno de Juan Manuel Santos. 

El legado que deja el presidente Santos, después de casi ocho años en el poder, si bien le ha generado reconocimiento internacional, también ha polarizado al país. A pesar de la notable reducción de la pobreza —cerca de 3.4 millones de colombianos han salido de la pobreza desde 2010— y de que el país logró firmar un tratado de paz para acabar con el conflicto de más de cincuenta años, el Gobierno tiene bajos niveles de favorabilidad —el 30%, según las últimas encuestas—. La situación empeora ante los continuos escándalos de corrupción, entre ellos, los sobornos de la firma brasileña Odebrecht, que alcanzan los 11 millones de dólares y salpicaron la campaña de reelección de Santos.

Sin duda, el Acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)
—que ahora transitan hacia la política preservando las mismas siglas con las que se dieron a conocer, pero con un significado diferente (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común)— mantiene dividido al país. Por un lado, los partidos de derecha, particularmente el Centro Democrático, se han opuesto al Acuerdo y, en particular, a que en este se le otorguen curules en el Congreso a los exguerrilleros. En este sentido, consideran que los miembros de la agrupación no pagan por sus crímenes y mucho menos reparan a las víctimas.

Desafortunadamente, las FARC no están ayudando. Por un lado, el 9 de abril uno de los negociadores del grupo, que además ocupó un escaño en el Congreso, el exguerrillero conocido como Jesús Santrich, fue capturado por las autoridades colombianas por petición del Gobierno de EE. UU., supuestamente porque seguía participando en el tráfico de cocaína hacia ese país. Por otro lado, la Fiscalía General de la Nación ha cuestionado, en múltiples ocasiones, que las FARC hayan entregado todos sus bienes para la reparación de las víctimas.

La gran mayoría de los colombianos parece estar de acuerdo con esta posición: la imagen de las FARC no es positiva. En las recientes votaciones legislativas tan solo obtuvieron el 0.34% de los votos en el Senado y un 0.22% en la Cámara.

De modo que Colombia se encuentra dividida entre quienes defienden el Acuerdo y quienes se oponen a él. Según una encuesta de abril del 2018, los candidatos de mayor elección son Iván Duque, con el 42.2%, y Gustavo Petro, con el 33.4%; el resto de candidatos se encuentra por debajo del 7% de intención de voto.

Duque es defensor del legado del expresidente Uribe; uno de sus puntos más fuertes es su oposición a lo negociado con las FARC. Así fue como logró ganar la postulación en una consulta de la derecha con más de cuatro millones de votos. No obstante, se le critica su cercanía con Uribe, debido a las acusaciones en contra de este por violaciones a los derechos humanos, entre ellas, la desaparición de jóvenes que el Gobierno hacía pasar como rebeldes guerrilleros, lo que se conoce como los “falsos positivos”.

Petro, el candidato que ganó la consulta de la izquierda con 2.8 millones de votos, se lanza bajo la propuesta de apoyo al proceso de paz y de búsqueda de una mayor redistribución. Sin embargo, al exalcalde se le cuestiona su pasado como miembro de la extinta agrupación guerrillera M-19. Asimismo, la derecha lo caracteriza como un populista admirador del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez; incluso llama a su tendencia “petrochavismo”, e instiga con esto el temor en los colombianos de seguir la suerte del país vecino.

Por su parte, el centro no se consolida por ningún lado. Los candidatos más moderados, como el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo y el negociador del Acuerdo de Paz Humberto de la Calle, se han desinflando en las encuestas y cada vez se alejan más de los punteros. Así las cosas, el país, por primera vez en muchos años, votará en paz, pero bajo la sombra de una polarización que amenaza con reabrir las heridas que aún no han podido cicatrizar.