Crisis política interna profundiza crisis humanitaria en la Franja de Gaza

 Foto: OneArmedMan (I took this picture) [Public domain], via Wikimedia Commons

Foto: OneArmedMan (I took this picture) [Public domain], via Wikimedia Commons

Francisco Machalskys- “Estamos muertos, pero aún con aliento” fue el comentario de un hombre de 57 años, obligado a alimentar a sus tres nietos con restos de verduras con las que se suele alimentar a los animales, sobre la tirante situación económica y humanitaria que se vive en la llamada Franja de Gaza, pequeña extensión colindante con Egipto e Israel, y considerada por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) como Estado bajo el nombre de Palestina.

Pese a tal declaratoria, la vida en Gaza dista de semejar a algo que pueda denominarse “Estado” o “país”. Inmersa en un conflicto geográfico-religioso con Israel desde mediados del siglo XX, este territorio viene padeciendo los estragos crecientes de una depresión económica que amenaza con empujarla a una explosiva crisis humanitaria.

Distintos medios se han hecho eco de las largas filas en los bancos para escasamente retirar algo de efectivo, drásticas reducciones, así como el inusitado aumento de presos en las cárceles por deudas impagadas en las tiendas de comestible, en las que se agolpa más y más gente a la espera de sobras o de más créditos que difícilmente cancelarán.

Y mientras miles de personas luchan en Gaza por conseguir alimento y vivir un día más, otro tanto no pueden decir quienes padecen enfermedades. Según reportes de la ONU, el suministro de medicinas se ha visto enormemente reducido, al tiempo que cada vez más clínicas cierran sus puertas y los hospitales enfrentan cortes de electricidad de hasta doce horas, mientras que la dotación de agua potable es cada vez más escasa, lo que podría llevar a que se produjera un brote de cólera en cualquier momento.

Hamás versus ANP: irresoluto asedio a la Franja de Gaza

Según algunos analistas internacionales, los mayores responsables de la crisis humanitaria que actualmente vive la Franja de Gaza constituye el involucionado choque entre la agrupación nacionalista, para muchos, terrorista, Movimiento de Resistencia Islámica Hamás y la Autoridad Nacional Palestina

La agrupación Hamás, formada en 1987 por el jeque Ahmed Yasín llamando a la instauración de la yihad —ley islámica a ultranza, sin cabida a otras formas de religión o cultura— se hizo violentamente con el poder en la Franja de Gaza en 2007, control que “compartió”, o más bien que disputó, con la Autoridad Nacional Palestina (ANP), asentada en Cisjordania y regida mayormente por el partido nacionalista Al Fatah, creado por el emblemático luchador Yasser Arafat, ganador del Premio Nobel de la Paz 1994 por sus esfuerzos a favor de la paz en Medio Oriente.

Así, tras una década de escarceos políticos y desencuentros ideológicos, Hamás acordó traspasar el poder a la ANP, en acto acordado en primera instancia para el pasado 1 de diciembre, y luego pospuesto para los diez días subsiguientes. El 11 de diciembre llegó, pero sin “humo blanco” en cuanto a la concreción del acuerdo; en vez, el portavoz de ANP, Yusef Mahmud, calificó el incumplimiento como “un nuevo obstáculo en el proceso”.

Obstáculo, por cierto, que ha traspasado la arena política para incidir negativamente en el ámbito económico. Hamás dejó de pagar el suministro de gasolina a las estaciones de servicio y a Israel por el servicio eléctrico, lo que trajo consigo la falta de pago a miles de trabajadores. Lo mismo hizo con la recolección de impuestos, cuyo no cobro se traduce en un déficit de 20 millones de dólares mensuales. Y tal saboteo económico, que lleva directamente a la depauperación sostenida de la población palestina, se circunscribe a la negativa de la ANP de pagar los salarios caídos de trabajadores pertenecientes a Hamás como parte del acuerdo.

Ante tal panorama, observadores israelíes vaticinan la posibilidad de un choque bélico entre ambas facciones, que sin duda amenaza aún más la frágil estabilidad de la región, en la que mucho tiene que ver las pretensiones de la nación sionista en ocupar territorios históricamente pertenecientes a la colindante nación palestina, acción que viene perpetrando desde mediados del siglo XX con apoyo de naciones varias.

La indiferencia podría dejar Franja de Gaza inhabitable

Conscientes de la explosiva situación en la zona, países como Qatar y Emiratos Árabes Unidos (EAU) han venido donando dinero en un intento de aliviar la crisis humanitaria en ciernes. Qatar entregó nueve millones de dólares y EAU hizo lo propio con dos millones de dólares, destinados a proveer los centros de salud.

Egipto, por su parte, acelera los contactos entre Hamás y El Fatah, a fin de catalizar una salida rápida a la pospuesta crisis política que ambos esgrimen. Israel, por su parte, permitió la entrada a sus predios de tres mil comerciantes palestinos a fin de abastecer los expendios gazatíes, y ha autorizado a sus pescadores adentrarse hasta 9 millas náuticas en su mar territorial —lo establecido son 6 millas náuticas—, poniendo en entredicho sus últimas acciones de bloqueo económico y militar.

En tal sentido, el Consejo de Seguridad de la ONU, como parte de una reunión a puerta cerrada celebrada recientemente, señaló como punto influyente en la agudización de esta crisis al recorte de fondos que Estados Unidos otorga a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés) calculado en 60 millones de dólares, acción que según declaraciones de la propia Casa Blanca obedecía a las protestas palestinas por la decisión de considerar Jerusalén como capital israelí tomada por el presidente Trump.

Llama la atención, sin embargo, la puntual advertencia que lanzó el propio secretario general de la ONU, António Guterres, al afirmar que solo a través de la declaratoria definitiva del Estado palestino, en sana convivencia con su vecino israelí, puede garantizarse la ansiada paz, no solo de la región de Gaza, sino de todo el Medio Oriente. “Si no se dan pasos para recuperar los servicios principales y la infraestructura, Gaza se volverá inhabitable hasta 2020”, concluyó de forma lapidaria.