Portland Japanese Garden: salud, cultura e historia

  Foto:  Cortesía de Portland Japanese Garden

Foto: Cortesía de Portland Japanese Garden

Cristina Jácome- En Portland existe un lugar en donde no solo se pueden admirar jardines hermosos, sino que también permite adentrarse en la historia y en la cultura tradicional japonesas. En este laboratorio natural lleno de árboles, flores y arte se crea un ambiente que toca los cinco sentidos, lo que deja a los visitantes renovados y listos para volver a la vida cotidiana.

Al caminar por los bosques y jardines del Jardín Japonés de Portland, uno se queda sin aliento por la perfección de los diferentes espacios. La elección de cada roca, las figuras en la arena y los diseños meticulosos de las plantas se conjugan para que cada elemento se encuentre en el lugar ideal. La armonía especial que se busca en los jardines se logra con la dedicación que le ponen los jardineros y sus maestros, pues la jardinería japonesa es bastante desafiante, nos cuentan los directores del jardín. Su cultivo se ha enseñado en Japón mediante la observación y la práctica transmitidos de generación en generación. Además, la jardinería lleva en sí misma elementos de la filosofía japonesa, como el balance, la armonía y la simplicidad.

El tener buenos maestros es una de las ventajas de trabajar en el jardín, ya que la técnica de la jardinería japonesa se aprende bajo el tutelaje del curador, Sadafumi Uchiyama, quien proviene de la tercera generación de jardineros del sur de Japón. Su familia ha practicado este arte durante más de una centuria. Otra ventaja que tienen los empleados del establecimiento es que aprenden la ceremonia del té y de ikebana (el arte japonés del arreglo floral) para complementar su aprendizaje. Además, ganan un salario mayor que el mínimo y reciben un buen servicio de beneficios.

La organización (sin fines de lucro) promueve el bienestar cultural de sus empleados y, sin lugar a dudas, de cada uno de los visitantes, y es que entre los mayores beneficios que el ser humano puede tener para la salud es un “baño de bosque”. Esto significa estar en la presencia de los árboles, sin tener que caminar, trotar o cumplir un objetivo. Desde el 2004 y hasta el 2012, los oficiales japoneses gastaron cerca de cuatro millones de dólares para estudiar los efectos psicológicos y fisiológicos del baño de bosque. Los resultados concluyen que los árboles emanan ciertos aceites esenciales, llamados phytoncide, que producen para protegerse a sí mismos de gérmenes e insectos. Parece ser que cuando el ser humano los inhala, dichos aceites phytoncide, de acuerdo con los científicos, estimulan el sistema inmune. Además, se dice que estar entre árboles baja la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la hormona del estrés.

Ya sea debido a que facilita el contacto con la naturaleza o al amalgamiento de culturas que allí se observa, el jardín japonés se ha convertido en un lugar muy especial para la comunidad de Portland. En un principio, sin embargo, no todo fue armonía. Kinya Hira, su primera directora, se encontró con una fuerte oposición en 1964, cuando vino de Japón para ayudar con la creación del jardín. Ciertos grupos de odio se reunían en el terreno donde comenzaba la construcción y entonaban cantos con tonos racistas; incluso los vándalos llegaron a destruirlo cuando ya estaba listo. En uno de los enfrentamientos, un hombre gritó: “Usted mató a mi padre”, y fue ahí cuando Kinya Hira entendió que esa ira provenía de la guerra. En ese entonces, habían pasado menos de veinte años desde la Segunda Guerra Mundial, y la gente estaba muy dolida por la pérdida de sus seres queridos.

Como resultado de la guerra, los dos países perdieron vidas, pero con el tiempo las heridas comenzaron a curarse. Los habitantes de Portland comprendieron que el jardín japonés llevaba consigo un sentimiento de aceptación y renovación. Para la primera directora, el jardín se volvió un símbolo de paz y de reconciliación “que demuestra que la ciudad de Portland tiene el corazón para perdonar y para aceptar las nuevas culturas”.

Ahora el Jardín Japonés de Portland es un lugar muy visitado. El año pasado se construyeron dos nuevas instalaciones donde se dictan clases, demostraciones, charlas y se montan exhibiciones. También se construyó un restaurante en medio del bosque, donde los visitantes pueden tomar el té japonés tradicional, junto con deliciosos bocadillos. Abril y mayo son meses muy especiales en el jardín por el colorido de sus flores y por la celebración del Día del Niño.

Desde 1963, el Jardín Japonés de Portland guarda una gran historia y brinda a sus visitantes sentimientos de paz, salud y fraternidad entre las culturas.

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