Los conflictos de los que no hablamos: Siria, Yemen, Myanmar/Birmania y Filipinas

  Foto:  Freedom House (dominio público)

Foto: Freedom House (dominio público)

David Guzmán Fonseca- El año 2018 se ha caracterizado por múltiples sucesos y personajes que se han convertido en el centro de atención de los medios: Trump, Odebrecht, la crisis en Venezuela, el Brexit o Corea del Norte y sus pruebas nucleares representan el día a día en los medios de comunicación. Pero poco hablamos de la masacre en Siria, la guerra en Yemen, la limpieza étnica en Myanmar/Birmania o el conflicto latente en el sur de las Filipinas.

El conflicto en Siria, país mayoritariamente musulmán suní, no se ha detenido después de casi ocho años de lucha constante entre el Gobierno de la familia Al-Assad —del grupo minoritario Alawi, que ha controlado al poder durante varias décadas— y los grupos disidentes. El problema surgió en el marco de la Primavera Árabe, cuando el Gobierno reprimió fuertemente las manifestaciones en su contra. Este hecho llevó a que una parte del ejército decidiera formar un grupo disidente de lucha por el cambio de régimen, al que se sumaron los kurdos al norte del país.

Desde entonces, nuevos actores han entrado en la escena. El Estado Islámico, potencias como Rusia, Estados Unidos y otros países ricos de la península arábiga han encontrado en el conflicto una forma de imponer sus intereses económicos y geopolíticos, ante un país con grandes riquezas minerales. Lo que no ha cambiado es el impacto sobre la población civil. Según la ONU, más de 465,000 sirios han muerto, más de un millón han resultado heridos y más de 12 millones, la mitad de la población del país antes de la guerra, han sido desplazados de sus hogares.

En Yemen, el conflicto surgió en el marco de la Primavera Árabe, cuando manifestantes demandaron la salida del Gobierno autoritario de Ali Abdullah Saleh, quien entregó el poder a Abdrabbuh Mansour Hadi en el 2011. Hadi enfrentó muchos problemas una vez que tomó posesión, entre los cuales estuvo el fortalecimiento del Movimiento Houthi, que favorece a la minoría musulmana chií. Este grupo, en un movimiento inesperado, se alió con las fuerzas de seguridad leales a Saleh —a las que ya se había enfrentado en el pasado—, con la intención de tomar el control del país. El enfrentamiento llevó al exilio al presidente Hadi en marzo del 2015. Pero cuando todo parecía estar dictado, una coalición de ocho países suníes de la región, entre ellos Arabia Saudita, ante el temor de que Irán brindara apoyo militar a los grupos chiíes, decidió comenzar una campaña militar con el objetivo de reinstaurar a Hadi.

Aun así, ya han surgido fracturas entre las diferentes alianzas. Los Houthi y las fuerzas de Saleh se han separado, sobre todo después del asesinato de Saleh en diciembre del 2017. Por otro lado, la coalición de países árabes suníes está dividida entre el apoyo a Hadi o a los grupos separatistas surgidos en el país. Mientras tanto, de acuerdo con cifras de la ONU, 9,245 personas han muerto, 52,800 han resultado heridas y se estima que ocho millones de personas están en riesgo de inanición.

Otro conflicto sangriento ocurre en Myanmar/Birmania, al grado que la ONU lo cataloga como un acto de genocidio. El problema surgió después de 1948, cuando el país obtuvo la independencia del Reino Unido. Ahí comenzó la lucha entre múltiples grupos étnicos, en particular entre los birmanos, mayoritariamente budistas, y los grupos cristianos y musulmanes, que constituyen una minoría en el país. Los birmanos tomaron el poder y un gobierno militar manejó el país hasta el 2010, con una Junta Militar represiva que tomó el control desde 1988.

Actualmente existen conflictos simultáneos entre el Gobierno birmano y grupos minoritarios como los kachin, los shan, los lahu, los karen y los rohingya, que pertenecen a comunidades cristianas y musulmanas. Sin embargo, uno de los problemas que genera mayor preocupación es la tendencia en contra de este último: se trata de un grupo musulmán minoritario cuyos integrantes, a pesar de que viven desde hace siglos en el país, son considerados por el Gobierno como inmigrantes ilegales.

En agosto del 2017, insurgentes de un grupo rohingya mataron a cerca de una docena de militares del Gobierno. Como represalia, el Gobierno atacó pueblos en donde vivía población del mismo grupo, quemó casas incluso con personas adentro, asesinó a hombres y niños, y violó masivamente a mujeres. Del 1.1 millones de musulmanes que se creía que vivían en Myanmar/Birmania antes del pasado agosto, se estima que cerca de 680,000 han huido hacia Bangladesh. El ataque sistemático a la población por parte del Gobierno budista amenaza con acabar con la totalidad de la población musulmana en el país.

Finalmente, Filipinas es otro de los casos que, si bien no genera tanta preocupación en este momento, podría desembocar en una situación violenta. Por un lado, el presidente Rodrigo Duterte se ha caracterizado por ser un mandatario autoritario que poco respeta los derechos humanos; ha abogado por la pena de muerte de los involucrados en el negocio de las drogas y propuesto disparar en las vaginas a aquellas mujeres que considere terroristas, o bien, ofrecer 42 vírgenes a los turistas que visiten el país. Por otro lado, se ha dado el resurgimiento de grupos terroristas cercanos al Estado Islámico. En mayo del 2017, dos grupos leales al Estado Islámico atacaron la localidad de Marawi, en la provincia de Mindanao en el sur del país, y lucharon durante cinco meses. Al finalizar la confrontación, 961 terroristas, 165 soldados y policías, y 100 civiles habían muerto, además de que hubo miles de desplazados. Sin embargo, la amenaza no termina ahí. A finales de febrero del 2018, el director de la Policía de Filipinas, Ronald de la Rosa, anunció la posibilidad de que grupos similares y leales al Estado Islámico atacaran otras ciudades importantes en la misma provincia. 

Debemos recordar constantemente que si bien Maduro, Putin o Trump son grandes dolores de cabeza para muchos, en el mundo actualmente existen conflictos que día a día dejan cientos de muertos, heridos y desplazados. De los que hablamos acá representan tan solo una pequeña muestra, pero es nuestro deber no olvidar que este tipo de cosas suceden, y enterarse de ellas es el primer paso.