Barrios informales, ¿el futuro de las ciudades?

  Foto:  Natacha Pisarenko

Foto: Natacha Pisarenko

David Guzmán Fonseca- El ideal de ciudad que muchos tenemos parte de la idea de grandes edificios modernos y autopistas de múltiples carriles. Dentro de este ideal, los barrios informales o de miseria que surgen alrededor de las grandes ciudades del mundo no tienen razón de ser y deberían transformarse y ser reemplazados por edificaciones modernas.

Pero un estudio reciente hecho por la firma consultora danesa GEHL en siete vecindarios de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, abrió espacio a una nueva forma de pensar en cómo vemos las ciudades y, en especial, estos “barrios de miseria”. 

La consultoría contratada por la Secretaría de Inclusión social y Urbana de Buenos Aires analizó, entre otros, la comunidad de la Villa 31. La Villa 31 es un barrio marginal, que ha crecido de manera informal en las cercanías de uno de las zonas más acaudaladas de Buenos Aires, entre una de las principales autopistas de la ciudad y junto al centro de trasbordo de pasajeros más importante de esta. Esta villa —como se les conoce a los barrios miseria en Argentina— está habitada por más de 40,000 personas de bajos recursos que han construido hogares informales. 

Lo sorprendente del estudio es que se encontró que la Villa 31 tuvo mejores resultados que todos los demás vecindarios analizados, en indicadores como movilidad sostenible y dinamismo urbano. Se vio más gente caminando, montando en bicicleta y socializando, jugando deportes o simplemente departiendo en las calles que en cualquiera otro lugar estudiado, incluso más que en las ciudades más privilegiadas del mundo.

Una lección importante que ha surgido de este estudio es que la ubicación es importante, en particular cuando se trata de una población vulnerable. Los barrios informales han surgido como resultado de la ausencia de oferta de vivienda accesible y cercana a fuentes de trabajo. En la medida en que una buena parte de las viviendas de interés social se crean en la periferia de la ciudad y las ofertas de trabajo se encuentran en el centro de esta, se obliga a los más vulnerables a desplazarse durante largas horas, lo que genera gastos que representan una gran parte de los ingresos del hogar.

Igualmente, el concepto de densidad urbana y sus implicaciones sobre la calidad de vida se deben analizar a la luz de lo encontrado en la villa. A pesar de que Villa 31 es uno de los barrios más densos de Buenos Aires, la forma orgánica en la que se ha construido ha permitido que, a pesar de la alta densidad, la población conviva e interactúe, lo que promueve la cohesión social y el uso del espacio público. Las calles en vez de servir solo como lugar para los vehículos, se han convertido en espacios de convergencia y convivencia que han sido apropiados por la comunidad. 

Otro tema interesante es ver cómo las casas prestan múltiples funciones: como viviendas y como mecanismos de generación de ingresos. Esto último debido a que la casa se convierte en una herramienta para crear nuevas oportunidades de negocios, puesto que es un lugar donde se pueden iniciar estos, que pueden fracasar o ser exitosos, pero que al estar en la misma vivienda dan una flexibilidad que no genera otros costos, como el arrendamiento de un local. El que sirva a ambos propósitos provee mayor flexibilidad, algo que fundamental si se es un emprendedor. 

Pero tal vez una de las conclusiones extraíbles más importantes es que gran parte de los proyectos de vivienda de interés social del Estado han tenido peores resultados en términos de seguridad y salud que los obtenidos en la Villa 31. Esto quiere decir que los barrios informales construidos por la población han respondido de mejor manera a las necesidades de esta.

Claramente, no todo está bien en estos barrios en los que se vive en la miseria. Es necesario extender los servicios públicos y el acceso a oportunidades de trabajo. Y es necesario también extender la presencia de las instituciones del Gobierno en estas zonas. Pero hay lazos, conexiones y estructuras que ya se han construido, que funcionan y que no deben dejarse de lado. 

Así, las estrategias de diseño urbano deben estar enfocadas en responder a las necesidades reales de la comunidad, pero siempre teniendo en cuenta lo que se ha creado a través de la organización comunitaria. Más aún si es claro que las estrategias que han partido de las mentes de un grupo selecto de expertos y que no consideran el ingenio de la comunidad tienen peores resultados. No se debe olvidar que, a pesar de la escasez, este barrio ofrece algunas cualidades que algunas de las ciudades más privilegiadas desean.