Violencia en y contra el Amazonas: las masacres a grupos indígenas

  Foto:  Neil Palmer/CIAT, Creative Commons (CC BY-SA 2.0)

Foto: Neil Palmer/CIAT, Creative Commons (CC BY-SA 2.0)

David Guzmán Fonseca- A finales de septiembre de 2017 se dio a conocer que las autoridades policiacas de Brasil iniciaron una investigación frente una posible masacre en la región de la Amazonia (norte del país). Como resultado de dicha masacre, supuestamente murieron entre ocho y diez miembros de un grupo indígena aislado —conocido como los Flecheros— que habitan en el Valle del Javari (una de las reservas indígenas más extensas de Brasil, ubicada en el extremo oriental del estado de Amazonas cerca de la frontera con Perú).

De acuerdo con las autoridades, la masacre ocurrió en el mes de agosto, y solo se enteraron del hecho debido a que dos hombres en un bar hablaron de cómo habían cometido dichos asesinatos y arrojado los cuerpos al río. Según las versiones no oficiales, estos hombres pudieran ser parte de grupos ilegales que buscan extraer oro en regiones de la Amazonia en donde viven grupos indígenas que jamás han tenido contacto con la civilización y que están protegidos (así como sus territorios) por las autoridades brasileñas. 

En junio de 2017, las Naciones Unidas alertaron sobre el aumento en el número de asesinatos resultado de disputas por tierras en Brasil. De acuerdo con expertos citados por este organismo internacional, Brasil ha visto el mayor número de asesinatos de defensores ambientales y de tierras que cualquier otro país en los últimos quince años, el cual ha alcanzado un promedio aproximado de un asesinato por semana. Es particularmente preocupante el riesgo en el que se encuentran los pueblos indígenas. Por ejemplo, también está bajo investigación otra denuncia por el asesinato de indígenas de la tribu aislada Warikama Djapar, en mayo de 2017, que habría dejado entre dieciocho y veintiún víctimas.

La Amazonia se ha convertido en un botín para múltiples grupos que buscan aprovecharse de las riquezas naturales de la región, que comprende zonas de países como Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia, Guyana y Surinam. Y es que es una región con inmensos recursos minerales y energéticos, además de que posee una gran biodiversidad. Por esta razón, tanto grupos ilegales como los mismos Gobiernos de los países que la abarcan han buscado explotar sus recursos, muchas veces sin importar el costo ambiental y el daño que causan a los grupos indígenas que habitan en estas zonas. Para dar tan solo un ejemplo, según la ONG Greenpeace, Brasil ha perdido el 18% de selva amazónica en los últimos cuarenta años, lo que en proporción equivale al estado de California.

Adicionalmente, la Amazonia no solo se está viendo afectada por el problema de explotación de recursos mineros y biodiversos, sino que también se ha convertido en un centro importante para la producción, el procesamiento y el tráfico de narcóticos en Sudamérica. Debido a que allí convergen ocho países de la región, el transporte de drogas ilícitas se facilita y los problemas que vienen con el narcotráfico cruzan las fronteras con facilidad.

En particular, en la frontera amazónica compartida entre Colombia, Perú y Brasil la situación se ha vuelto mucho más compleja, ya que con el fortalecimiento de las instituciones militares y de control en Colombia —como resultado, en parte, de las inversiones del Plan Colombia y la lucha contra el narcotráfico—, las agrupaciones delincuenciales ligadas al narcotráfico se han trasladado a los otros dos países, y con ellas también han llegado la inseguridad y la violencia.

De esta forma se ve que el ataque a la población civil en el Amazonas brasileño, en particular a los grupos indígenas, forma parte de una crisis que afecta a gran parte de los países que comparten lo que muchos llaman “el pulmón del mundo”. Como ya se dijo, la búsqueda de riqueza no solo por parte de grupos ilegales que buscan explotar los recursos mineros y el narcotráfico, sino también de los Gobiernos de la región, ha generado una gran daño ambiental y amenaza con hacer desaparecer la selva amazónica y también a aquellos grupos indígenas que lograron sobrevivir a los primeros colonizadores.