La reapertura de la Administración federal vs. el triunfo de los ‘dreamers’ que pudo ser

 Foto: Long Island Wins

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Francisco Machalskys- Todo apuntaba a que la discusión sobre los presupuestos para financiar la operatividad del Gobierno federal sería aprovechada inequívocamente por la bancada demócrata como piedra angular en la conquista de una solución definitiva para los casi 800,000 jóvenes llegados a Estados Unidos de forma ilegal siendo aún niños, y a los que en repetidas ocasiones se les ha dado esperanzas con la posibilidad de otorgarles la nacionalidad estadounidense.

Desde el pasado viernes 19 de enero, los llamados dreamers mantuvieron los dedos cruzados, luego de que el representante de la minoría liberal del senado, Chuck Schumer, dijera que el ala demócrata no respaldaría ningún paquete presupuestario de financiación federal a corto plazo si no se incluía una solución definitiva para estos ciudadanos indocumentados, respuesta que han hecho llamar Dream Act, poniendo en entredicho la solicitud de fondos para el levantamiento del famoso muro fronterizo con México.

Como parte de esa negativa, Schumer retiró el ofrecimiento de aprobar unos 1,600 millones de dólares para su construcción —oferta que objetó su partido— a cambio de protección para los dreamers. Como respuesta inmediata, el presidente Trump echó mano de su cuenta Twitter para acusar a los demócratas de “querer provocar un cierre de la Administrar para proteger a inmigrantes indocumentados”.

Roto el dique contenedor de las hostilidades, los siguientes tres días pendió de un hilo la estabilidad financiera de la Administración Trump, en un momento por más significativo, toda vez que se cumplía el primer año de su toma de posesión. Tan delicado fue el momento que el presidente se vio obligado a cancelar una salida a su emblemática propiedad Mar-a-Lago e incluso se temió que no asistiera al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

Sin duda parecía que los demócratas habían logrado arrinconar a Trump y su inquina por establecer políticas antinmigratorias extremas… Y así pensaron también los dreamers. Hasta que, durante una negociación de emergencia entre el pasado domingo y el lunes, Schumer levantó toda su barricada opositora, sumándose a respaldar una financiación inmediata a la Administración federal a cambio de la promesa hecha por el líder del partido republicano en el Senado, Mitch McConnell, de posponer la discusión sobre el futuro de los dreamers hasta el próximo 8 de febrero, fecha en la que expira esta financiación momentánea.

Aunque el despacho de Schumer se empeña en presentar esta decisión como “una victoria”, la opinión general apunta más bien hacia lo contrario. Empezando por el propio presidente, que no perdió oportunidad de teclear a través de su Twitter: “Los demócratas cedieron… Apostaron y perdieron”, a lo que agregó: “Trump gana nuevamente”. En consonancia a su máximo representante, varios congresistas republicanos dejaron entrever que la jugada de Schumer no les compromete a nada, como declaró Steve Scalise, puntualizando que “la Cámara de Representaes no fue parte de ese acuerdo”.

Asimismo, buena parte de los miembros del partido demócrata manifestó su descontento en contra del proceder de su líder en el congreso. Kamala Harris, senadora de California, calificó de “temerario” confiar que McConnell considere el tema. Otra representante californiana, Diane Feinstein, dijo molestarse “por haber sido forzada a votar un cierre para luego ceder tener días después”. A lo que apostilló: “Sin embargo, confío en Schumer; debe saber algo que yo no sé para votar así”.

Quienes no otorgan el beneficio de la duda a Schumer son los propios dreamers. Para Juan Manuel Guzmán, director de comunicaciones de United We Dream, el partido demócrata no quiso dar la batalla. Yendo aún más lejos, la activista Erika Andiola afirmó con todas sus letras sentirse traicionada por Schumer. “Si Obama tenía mayoría en el senado en 2010 y no logró establecer el Dream Act, ¿quién garantiza que McConnell cumpla ahora que son mayoría?”.

A pesar de la decepción, Andiola aseguró que los dreamers no tirarán la toalla. “Sabemos que dentro de la Casa Blanca hay voces que no quieren que esto pase, somos conscientes y seguiremos avanzando. Hemos creado un movimiento que está empujando duro y no lo vamos a soltar”, aseguró. Y junto a esas voces de las que habla esta líder, el respaldo de dieciocho estados, que si bien no van en desacato abierto a las políticas federales, reconocen ciertos derechos de la población indocumentada, como el de acceso a la educación, por ejemplo, al otorgar incluso becas y otras ayudas. Uno de esos estados es el nuestro, Oregón, junto a California, Colorado, Connecticut, Florida, Illinois, Kansas, Maryland, Minnesota, Nebraska, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Oklahoma, Rhode Island, Texas, Utah y Washington.