Sobre el cierre del Gobierno y algunas de sus consecuencias

  Foto:  Maxi Benbassat

Foto: Maxi Benbassat

María González Chaves- Con la opinión pública en contra, con miembros de su propio partido también en contra, con la ciudadanía en contra —como se ha visto en las miles de marchas de mujeres a lo largo de todo el país— y con la oposición del Partido Demócrata, que ha mostrado su rechazo a la moratoria de fondos federales, Trump ha sufrido un duro revés —otro— al año de su toma de posesión en el cargo al vivir el cierre del Gobierno, o shutdown, por falta de acuerdo en el Congreso, algo que no ocurría desde 2013. En su caso es todavía más llamativo este cierre teniendo en cuenta que contaba con mayoría de representantes.

El cierre de la Administración continuará hasta que se llegue a un acuerdo presupuestario. Mientras, se intentará avanzar en las negociaciones sobre el Dream Act y otras propuestas legislativas, pero el personal que no sea “imprescindible” no podrá trabajar, es decir, un 38% de los empleados públicos. Eso sí, todo aquello relacionado con inmigración sigue su curso, y gran parte de las oficinas que tratan asuntos migratorios permanecerán abiertas y operativas. Además, los empleados que trabajen en seguridad, salud, defensa o seguridad social se mantendrán en sus puestos. 

A Mitch McConnell, representante republicano, no pareció gustarle la oferta del senador demócrata Chuck Schumer —que tras una reunión en días previos con el presidente mostró algo de esperanza de llegar a un acuerdo— de tratar de sacar adelante un proyecto de ley que permitiera obtener veinticuatro horas más para evitar así el cierre del Gobierno y asegurar la protección de algunos inmigrantes en riesgo de deportación. No le gustó y no salió adelante, por lo que finalmente pasó lo que parecía inevitable, el cierre del Gobierno.

Hace dos semanas, el polémico Trump decidía impedir que se llegara a un acuerdo bipartidista sobre inmigración y trataba de conseguir financiación para “su” muro, a cambio de devolverles la protección a los dreamers, punto básico para los demócratas de cara a la financiación del Gobierno. Lo ocurrido ahora es un cúmulo de tensiones que estallan cuando se cumple un año de la toma de posesión del actual presidente.

Todo lo que tuvo lugar en el Congreso, unido a la actitud de Trump, no ha dejado indiferente a la ciudadanía: ayer, un año después también de la primera marcha de las mujeres, estas salieron a las calles de las principales ciudades del país para protestar por las políticas machistas, discriminatorias y conservadoras del esperpéntico presidente. Desde aquella primera marcha, el feminismo, la lucha contra la violencia machista y contra el acoso están tomando más y más fuerza no solo en este país: las mujeres de todo el mundo quieren y deben ser escuchadas, aunque Trump no parece dispuesto a hacerlo. Portland también salió a la calle, y con las participantes reunidas en Pioneer Square, se dio espacio para que aquellas que han sido víctimas de cualquier tipo de ataque sexual pudieran compartir sus historias. El mansplaining tiene los días contados. Las miras están puestas ahora en las elecciones legislativas de 2018.