El venidero (y que promete ser polémico) viaje del papa Francisco a Chile

  Foto:  Benhur Arcayan (Malacañang Photo Bureau), Wikimedia Commons

Foto: Benhur Arcayan (Malacañang Photo Bureau), Wikimedia Commons

Francisco Machalskys- Desde San Calixto I, que fue puesto preso por iniciar una trifulca en una iglesia, hasta Sixto V, que ordenó la decapitación de cuatro pendencieros arquitectos de la época, la Iglesia católica ostenta al menos una veintena de máximos representantes polémicos, por decir lo menos. Y en época moderna, nadie pone en duda, en especial los fieles conservadores, el controversial estilo del papa Francisco, argentino de origen e izquierdista de pensamiento, que ha logrado hacer enarcar más de una ceja con sus opiniones parcialmente a favor de la homosexualidad y el aborto, así como en repudio de sacerdotes implicados en abuso sexual infantil, entre otras declaraciones.

Así, con todo y su artillería liberal, o quizás como consecuencia de ella, según la opinión de muchos, el venidero viaje por latinoamericana del papa Francisco hace que se vislumbren elementos beligerantes que requerirán de muchos vericuetos verborreicos por parte de su santidad para salir ileso a su paso por Chile el próximo 17 de enero, luego de visitar Perú el día 15.

Accidentada agenda papal

Aunque las localidades de los hoteles en Santiago, Temuco e Iquique —el trío de ciudades que visitará Jorge Bergoglio— ya se encuentran copadas, llama la atención la ausencia de carteles o murales dando la bienvenida al sumo pontífice.

Y es que la naturaleza liberal de las opiniones emitidas por el papa Francisco, particularmente en materia política, divide peligrosamente a su feligresía. En el tema nacionalista, por ejemplo, grandes fracciones de católicos aseguraron que no asistirán a ninguna de las misas que encabece el máximo jerarca apostólico luego de que se manifestara abiertamente a favor de que se conceda una salida al mar para la vecina nación boliviana, divergencia que ha generado incluso enfrentamientos armados en el pasado. Como si fuera poco, manifestantes probolivianos ya anunciaron acciones de protesta en la ceremonia que tendrá lugar en Iquique, ciudad fronteriza con la nación del altiplano.

Otro sector que echa chispas, a pesar de cierta “simpatía” manifestada por su santidad, es el sexodiverso, que ve con verdadera molestia un posible aplazamiento de la votación de la Ley de Identidad de Género —moción aún sin confirmar—, cuyo retraso habría sido propuesto por factores de ultraderecha, al poner la visita papal como excusa con claras intenciones de diluir su atención e impacto.

Lo que no ha podido desviar el ala ultraderechista, sin embargo, es la amenaza de protesta anunciada por el Movimiento de Liberación Homosexual (Movilh) y otros grupos de choque, como la Comunidad de Laicos, en contra de las numerosas denuncias sobre abusos sexuales infantiles presuntamente cometidos por sacerdotes católicos. En tal sentido, exigirán públicamente la expulsión del obispo de la ciudad de Osorno, Juan Barros, a quien se acusa de proteger al sacerdote Fernando Karadima, sobre quien pesan acusaciones de propiciar actos lascivos en contra de menores.

Pero la guinda de los malestares ante la presencia del papa Francisco en Chile, sin embargo, la colocaría la comunidad indígena mapuche, que a lo largo de 2017 protagonizó diversas situaciones beligerantes de corte separatista —en principio por el reclamo de su zona ancestral— con saldo de violentas manifestaciones, y el asesinato y detención de varios de sus líderes, tanto en Chile como en Argentina.

La primera de las manifestaciones antipapal tuvo lugar en días recientes, cuando cincuenta comuneros protestaron frente a la Corporación Nacional Indígena (Conadi), señalando que “nadie les solicitó permiso” para hacer la multitudinaria Misa por el Progreso de los Pueblos en Temuco, en un área de siete mil hectáreas que el pueblo mapuche tilda de “usurpada”.

Al respecto, Aucán Huilcamán, representante del Consejo de Todas las Tierras, adelantó que para la ceremonia asistirán mapuches tanto chilenos como argentinos, y le “cantarán” al papa Francisco las verdades de toda la ocupación ilegal de sus tierras desde la llegada del imperio español. “Y seguro va a pedirnos perdón, pero no queremos que repita el perdón de Juan Pablo II ni el de Michelle Bachelet, sino que se repare a las víctimas de esta ocupación”, espetó.

 ¿Francisco no es profeta en su tierra?

De esta minigira encabezada por su santidad solo quedarían por fuera Uruguay, Argentina y Venezuela. Y precisamente esa negativa a visitar su tierra ha levantado más de un comentario de sospecha.

Desde su nombramiento como máximo representante de la Iglesia en 2013, la ausencia de visita a su país de origen ha dado pie a conjeturas tipo “teoría de la conspiración”. Juan Pablo II, por ejemplo, no tardó en acercarse a su Polonia natal, lo mismo que Benedicto XVI a Alemania.

Para varios analistas políticos, la respuesta parece centrarse en la fuerte división social que supuso el ascenso de Néstor Kirchner seguido de su viuda, Cristina Fernández. Francisco, abiertamente simpatizante de izquierda, no querría ver su imagen vinculada a un grupo de gobierno, muy cuestionado, por cierto, en la actualidad por presuntos escándalos de corrupción. Por otra parte, se comenta que su relación con el actual presidente, Mauricio Macri, no es la más sana ni estrecha.

Lo que es innegable, en todo caso, es el sempiterno sentido de orgullo que caracteriza al pueblo argentino. Quizás su pueblo natal calle, pero en silencio se pregunte qué pasa con SU papa que no viene a verlos. No en balde, en el municipio José C. Paz, del Gran Buenos Aires, hay vallas del bueno de Jorge Bergoglio, hoy papa, saludando alegremente en medio de una misa en pleno Vaticano con el mensaje “Recen por él”.