Por escasísimo margen quedó refrendada la mayor reducción fiscal en 30 años

Por escasísimo margen quedó refrendada la mayor reducción fiscal en 30 años

Maxi Benbassat

Francisco Machalskys- os analistas políticos coinciden en calificar este reciente triunfo legislativo como la real y primera gran victoria gubernamental de Donald Trump, cuya alianza con el Partido Republicano ha estado más bien signada por el desencuentro, a causa de su particular estilo al opinar y al intentar la ejecución de medidas.

A diferencia del parcial fracaso que supuso la derogación de la reforma sanitaria aprobada durante la era Obama, el partido del elefante logró por primera vez en lo que va de la actual gestión aglutinarse con fuerza en torno a una propuesta de Trump sin chistar. Y es que la reducción fiscal es, junto al control migratorio extremo, el tema favorito de la bancada republicana.

Así, con un cerrado margen de votos –51 a favor, 49 en contra– finalmente el Senado aprobó el mayor recorte de impuesto de la historia estadounidense desde el alcanzado en 1986 bajo el mandato de Ronald Reagan. Y lograrlo no fue fácil, pese a contar con mayoría en las cámaras: de hecho, el vicepresidente Mike Pence hubo de aplazar un viaje a Medio Oriente a fin de asegurar el voto de desempate debido a la ausencia de John McCaine por su lucha en contra de un tumor cerebral.

La propuesta, ya convertida en ley, solo aguarda por la firma del presidente Trump, quien se apuró en denominarla “un regalo de Navidad para los estadounidenses, ejemplo perfecto de una promesa hecha y cumplida”, pese a que su escrutinio se vio empañado en varias ocasiones por los gritos de opositores presentes en los espacios de la Cámara de Representantes, que arrojó un resultado de 227 tantos a favor y 203 en contra, este último con el añadido de varias manos alzadas de republicanos disidentes.

A través de un “dynamic scoring”, la mayoría conservadora apuesta a la agilización de la economía estadounidense, hasta crecer en tres puntos porcentuales, precisamente por la vía de descontar hasta mil 500 millones de dólares en ingresos fiscales por espacio de una década. “La economía no podrá autofinanciarse, pero de todos modos vale la pena”, comentó al respecto Glenn Hubbard, jefe de Economía durante el mandato de George Bush, hijo. Llena de dudas, sin embargo, que anteriores rebajas de impuestos impulsadas por Reagan y Bush padre fueron precedidas por consecuentes aumentos producto del déficit fiscal derivado. Memorable fue la sentencia de Bush padre en 1988, que en campaña dijo “lean mis labios: no habrá alza de impuestos”, para luego pisotear su propia promesa.

El ala demócrata, por su parte, lo tiene muy claro: efectista como es, esta reducción de impuestos sólo beneficiaría directamente a las grandes empresas. La senadora Nancy Pelosi la califica de “robo a gran escala a la clase media”, tomando en cuenta los cálculos hechos por el laboratorio de ideas independiente Tax Policy Center, que prevé recortes de beneficios sociales a las grandes mayorías por el orden de los 61 mil millones de dólares, en consecuencia.

Por su parte, el presidente Trump ha dejado saber a través de Twitter su descontento con lo que ha hecho llamar “el trabajo de horas extras por parte de los medios de comunicación falsos para complacer a sus amigos, los demócratas derrotados”, refiriéndose a las críticas que sobre esta ley han referido medios como CNN, ABC, NBC, The New York Times y The Washington Post, entre otros, aunque sin hacer alusión directa.

Lo que el presidente Trump “olvida” –o pretende hacer olvidar– son las letritas pequeñas de la ley que califica como bálsamo para el crecimiento económico. Por ejemplo, la no derogación del impuesto al patrimonio o del impuesto mínimo alternativo para personas naturales, en contra del aumento a las cantidades exentas de impuestos, que sería fija para las empresas mas no para los hogares hasta 2025, sin dejar de lado –y es importante hacer la lupa en esta parte– la eliminación del carácter obligatorio a estar suscrito a un seguro de salud, y la apertura sin cortapisas a la perforación petrolera en las reservas del Ártico, por mencionar las que están más a la vista.

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