¿Fue el descarrilamiento del tren Seattle-Portland la crónica de un accidente anunciado?

¿Fue el descarrilamiento del tren Seattle-Portland la crónica de un accidente anunciado?

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Francisco Machalskys- Sobre el tren número 501 de la conocida firma de transporte Amtrak recayó el honor de marcar el viaje inaugural correspondiente a la ruta Seattle- Portland. A las 6:00 a. m. de este pasado lunes, 77 pasajeros, entre los que se contaban siete empleados de la empresa, se embarcaron plenos de alegres expectativas en lo que se esperaba fuera un viaje rutinario, de los tantos que prestarían los cuatro nuevos ferrocarriles dispuestos para ello, según anunciaba la página web de Amtrak.

Cuando el tren tomó la curva del puente que pasa por encima de la autopista I-5, a los alrededores de DuPont, a unos 80 kilómetros de Seattle, “un chirrido se dejó oír y sentimos como si descendiéramos de una colina, para luego ver cómo nos golpeábamos contra los asientos y se rompían los vidrios de las ventanas”, comentó a la cadena CBS Chris Karnes, uno de los pasajeros, para explicar cómo el tren se descarriló para dar contra la I-5, que en ese momento se encontraba en hora pico.

En su inesperado desvío, uno de los 12 vagones del tren impactó contra cinco vehículos particulares, aunque sin dejar víctimas mortales, según informó el sheriff del condado de Pierce. Sin embargo, no pudieron decir lo mismo los pasajeros de la ruta, tras contabilizarse al menos tres decesos, si bien medios como The New York Times dan como cierta la cifra de seis personas fallecidas.

Lo sorprendente —y es el punto que llama a una reflexión analítica— es que la curva donde ocurrió el descarrilamiento cuenta con un límite controlado de 48 kilómetros por hora, unas 30 millas por hora, pero acorde con Barbara LaBroe, vocera del Departamento de Transporte del estado de Washington, el tren registró una inexplicable velocidad de 130 kilómetros por hora —60 millas por hora—.

¿Qué pasó con los controles?

La primera voz de alarma fue dada por Don Anderson, alcalde de Lakewood, quien hacía dos semanas señaló la posibilidad de que el tren chocara con un vehículo o arrollara a algún peatón, para lo cual solicitó la construcción de un elevado para evitar su paso por el medio de la calle.

Por su parte, la Oficina de Seguridad Vial (NTSB, por sus siglas en inglés) adelanta investigaciones en torno al caso, aunque estas pueden tomarse meses antes de arrojar resultados significativos. En todo caso, esta instancia reconoce que las fallas mecánicas o técnicas son, por lo general, más comunes que los errores humanos.

Richard Anderson, presidente ejecutivo de Amtrak, quien ha manifestado hondo pesar por las víctimas, se aventuró a decir que el sistema de control y velocidad del tren,
conocido como PTC, estaba instalado, pero no se activó en el tramo donde ocurrió el siniestro. “En todo caso, de haber sido efectiva la instalación del PTC en ese tren, este suceso no habría tenido lugar”, puntualizó Christopher Hart, directivo de NTSB. Yendo más allá, Richard Beall, investigador de desastres y eventos ferroviarios, vislumbró que ese y otros percances se evitan con la sencilla medida de contar con dos operadores en sitio; “un par de ojos extra resulta más efectivo que aditamentos técnicos, que pueden fallar, como se puede ver”, subrayó.

Consecuentemente, el Departamento de Transporte de Washington manifestó su estupefacción ante el caso, toda vez que las vías de la ruta serían inspeccionadas en enero de este año, para ser puestas en marcha definitivamente el pasado mes de febrero.

¿Es culpa de Talgo?

En sus primeras declaraciones, voceros de Amtrak declararon que los 12 vagones del tren siniestrado habían sido fabricados por Talgo, una subsidiaria de la empresa estatal de ferrocarriles de España (RENFE).

Talgo ha prestado sus servicios como proveedora de mobiliario para Amtrak durante más de 20 años, en especial para la línea que prestará la ruta Seattle-Portland.

En tal sentido, expertos y analistas de Talgo se personaron en el lugar de la tragedia, solo para corroborar y dejar claro que, si bien los vagones pertenecen a su hechura, la locomotora no fue confeccionada por la firma ibérica.

Consecuencias inmediatas

La primera reacción fue la de la propia empresa Amtrak, que decidió rebajar las tarifas correspondientes a la ruta Seattle-Portland de manera temporal, en lo que han hecho llamar “apoyo a las personas que necesiten cubrir este trayecto”.

Otro personero que no tardó en manifestar su parecer fue el propio presidente Trump, quien, a través de su cuenta Twitter, ha dicho que sucesos como ese demuestran la necesidad de aprobar su plan de infraestructuras, lo cual respaldó con este comentario: “¡Siete mil millones de dólares gastados en Medio Oriente, mientras nuestras carreteras y otras estructuras se derrumban! ¡Pero no por mucho tiempo!”. Vaya un descubrimiento a destiempo, señor presidente...

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